Primero fue Facebook, luego WhatsApp y ahora, mientras intento aprender a manejar con habilidad Twitter e Instagram, mis hijas dicen que vivo… ¡en el pasado!

Hace unas semanas conversaba con las mini vikingas sobre algo que había compartido en sus muros de Facebook. “¡Mamá, no lo abrimos desde hace meses!”, respondieron a coro mientras yo no podía disimular mi cara de sorpresa. “Lo sentimos, pero Facebook es de oldies”, remataron ante mi evidente incredulidad.

“Ok —les dije— ¿cuáles son entonces las redes sociales ‘modernas’?”, les contesté, y ahí me dieron con un palmo de narices hablándome de Tumblr, Pinterest, Flickr y Snapchat, entre otras, de las que yo vagamente había oído hablar, seguramente porque no soy parte de la generación Millennial, sino de una muy anterior.

Lo admito, soy una usuaria activa de Facebook, tanto, que cuando viajamos en tren cada uno camino a sus respectivos trabajos, colegios, etcétera, debemos hacer un compromiso “formal” de mantener los smartphones en los bolsillos o bolsos. Si no, no nos miraríamos ni las caras, hipnotizados por el brillo de nuestras pantallas.

Fue precisamente a través de las redes sociales que me enteré del atentado terrorista en París. No lo podía creer. Quise llorar, mientras notaba cómo se elevaban mis niveles de angustia y adrenalina a la par con las notificaciones que se sucedían frenéticas en mi timeline de Twitter, Facebook e Instagram. La cantidad de información era casi tan agobiante como adictiva.

Los vikingos son muy activos en temas de tecnología y, por la misma razón, usuarios muy aplicados de las nuevas formas de comunicación. Cuando conoces a alguien lo primero que haces es buscarlo en Google y luego en LinkedIn o, si te encuentras con un conocido que hace tiempo no veías es frecuente decirle: “He visto en Facebook (o Instagram, por ejemplo) que has pasado unas muy buenas vacaciones”. Y no se ve mal, solo da pie a una buena conversación.

Hace poco me enteré a través de una amiga danesa, de una nueva red que nació hace un par de años en Texas: tsu.co. ¿Su gracia? Le paga a sus usuarios, lo que ha logrado preocupar y molestar a Facebook. La idea suena interesante y tal vez sea hora de investigar la nueva alternativa antes de que me vuelvan a calificar de “oldie”.

Comentarios

comentarios