Crecen los primeros tulipanes en Grecia y Dinamarca pero la primavera tiñe las calles helenas con colores inciertos. Se habla de decisiones políticas que marcarán historia, y el pueblo griego reclama por las calles el nulo avance. Poco se sabe del futuro económico de una de las zonas más inestables del globo, que nuevamente deja su futuro en manos del Fondo Monetario Internacional. No importa que la monarquía haya sido abolida hace más de 40 años en ese territorio, en medio de manifestaciones y desaprobaciones al gobierno de Tsipras, una figura con aires mitológicos hace valer sus derechos dinásticos y se toma la escena desde Atenas.

Su imagen recuerda lo que alguna vez fue la era dorada de Grecia. Conocida coloquialmente como la Gisele Bündchen de la realeza europea, Tatiana Blatnik (35) es el gran triunfo de los griegos y daneses en los principales portales de moda y belleza. Sin embargo, con melena rubia y piernas kilométricas, la mujer de Nicolás de Grecia —el segundo hijo de los reyes Constantino y Ana María— hechiza la atmósfera de indecisión con labores solidarias y de unificación. Como joven princesa vive su propia cruzada por levantar la esperanza de quienes han sido golpeados por una de las mayores crisis europeas, brindando ayuda a pequeños y medianos empresarios y conviviendo de cerca con el cáncer de niños desamparados.

Nacida en Venezuela, Tatiana se trasladó junto a su familia a Suiza luego de la muerte de su padre, el biólogo eslavo Ladislav Vladimir Blatnik. Con menos de diez años se desenvolvió libremente entre las familias más poderosas del mundo, aunque siempre bajo la dirección de las institutrices del prestigioso instituto Aiglon. Ahí desarrolló su devoción por las actividades de alta montaña, como el esquí y el senderismo. Una crianza que también debe a la ilustre línea de ascendencia a la que pertenece por parte de su madre alemana y que llega a la condesa Marie Einsiedeln, baronesa de Wendt.

Aunque un tanto rebelde, su personalidad se diferenció del resto de sus pares durante su adolescencia. En lugar de acercarse al mundo de la economía o las ciencias, Tatiana emprendió vuelo hacia las humanidades. Estudió sociología en la Universidad de Georgetown y en esos tiempos conoció a un joven príncipe llamado Nicolás. Flechado después de verla de fiesta en el club Greengo de la localidad de Gstaad en Suiza, el hombre envió rosas rojas todas las semanas a quien sería su futura mujer 14 años más tarde.

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A sus orígenes latinos volvió cuando se casó con Nicolás de Grecia, como musa del diseñador venezolano Angel Sánchez. Con un metro ochenta, Tatiana transformó su llegada al altar en una pasarela internacional. Le guiñó el ojo a lo que habían sido varios años trabajando en el mundo de la moda, como publicista de la diseñadora belga Diane von Fürstenberg y como invitada top de las principales fiestas de la órbita del haute couture.

Tras su llegada a la familia real, su ausencia se notó en el front row. Empedernida en hacer valer los derechos dinásticos a su modo, se adentró en el mundo de la beneficencia. Sin voto, pero con opinión quedó a la cabeza de fundaciones y organizaciones mentales, como Desmos, Boureme y la protectora de artesanos griegos, Tria ETC, en ayuda del desarrollo post crisis. Es líder de Vital Voice, que protege los derechos de la mujer, así como también de fundaciones latinoamericanas que buscan erradicar la pobreza de las zonas más vulnerables del continente. Esa misión es la que relata en su nuevo sitio web, donde firma con su apellido paterno y donde da cuenta de su vida como princesa activa. “Mi gran misión es transformar mis pasiones en acciones”, cuenta en la introducción de la plataforma.

Muy contraria a la vida que llevan Pablo de Grecia, hermano mayor de Nicolás, junto a su mujer, la multimillonaria Marie Chantal Miller, en Inglaterra, Tatiana busca dejar a un costado una vida de lujos de la que siempre ha sido dueña. Desde el barrio de Chelsea en Londres el matrimonio se trasladó al corazón griego de Atenas para comenzar su vida activa en las zonas que más ayuda se ha requerido tras la crisis. Por su parte, Nicolás colabora con Symplefsi, una ONG que da asistencia sanitaria a las islas más remotas del Egeo y también dedica su tiempo a la fotografía, mientras que Tatiana se esmera en transmitir por Instagram una vida sencilla que de vez en cuando cuela una que otro aparición por la alta costura. No puede negar su posición en el mundo fashion, pero sin pretenderlo, es la princesa solidaria en la que el pueblo griego deposita su confianza. Lo escribió en su último post: “Yo sólo espero que mi ayuda pueda, de alguna u otra forma, lograr un cambio positivo en la sociedad actual”.