Su 
nombre
 es
 cien por 
ciento
 turco
 y
 gür 
quiere
 decir 
‘gran’,
 mientras 
que
 kan
 significa ‘rey’. Y en Turquía, el país donde se intersectan las culturas occidental y oriental, el antiguo monarca era el sultán. En Chile, país que recorre por segunda vez en su viaje después de haber llegado hasta Tierra del Fuego, se ganó rápidamente el apelativo gracias —por supuesto— al éxito de las teleseries turcas.

En promedio anda con 40 kilos entre equipaje, comida y el propio peso de su bicicleta. También lleva consigo todas las tecnologías útiles incluyendo drone, computador y celular para alimentar el blog de su aventura, que hoy lo dirige a Alaska. Actualmente se encuentra recorriendo la costa norte chilena y lo contactamos en inglés cuando se encontraba a la altura de Bahía Inglesa, en ruta hacia la soledad del desierto de Atacama.

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—¿Cómo se ha llevado con los chilenos?

—He sido cálidamente recibido en casi todas las ciudades grandes, con refugio, agua y comida. Muchos tratan de hablar conmigo a pesar de la barrera del idioma. He observado que los chilenos son particularmente hospitalarios y acogedores con los ciclistas. Gente mala también hay, como en todo el mundo, pero es más la buena y Chile no ha sido la excepción.

—¿Nota interés por el medioambiente?

—Las carreteras y ciclovías en sus ciudades son bastante buenas. Muchos ciclistas siempre hemos disfrutado pedalear en Chile. La variedad de estaciones y climas también es otra razón positiva. De los cinco países sudamericanos que he visitado hasta ahora (además Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), Chile es el mejor en términos de limpieza. Ha sido el único país donde decidí establecerme de manera temporánea. Si me quedo más, no podría evitar casarme y formar una familia.

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—¿Es el calentamiento global una preocupación que haga suya?

—Este viaje no está relacionado directamente con el medioambiente, pero en mis redes sociales y página web trato de recordarle a las personas que la bicicleta es un medio de transporte efectivo y amigable con la naturaleza, sin emisiones de carbono. Quien piense formar una familia debería preocuparse de ser mejor con todas las criaturas que habitan la tierra, porque el egoísmo de vivir solo el presente va a precipitar el fin del mundo. Podemos atrasar el proceso usando energías verdes, reciclando y aumentando el uso de la bicicleta, o podemos consumir nuestro recursos rápidamente y asumir que nos estamos preparando para una gran migración. Puede que no sea tan pronto, pero tarde o temprano llegará. Es inevitable.

—Habiendo sido testigo de tanta diversidad geográfica y humana en los seis años que llevas de viaje, ¿le asusta el futuro hacia el cual está pedaleando?

—Podemos retardar el proceso, pero no detenerlo. La gran migración está relacionada con una dinámica a nivel planetario. Quizás no ocurra en este siglo, pero sí en el futuro cercano. El cambio que ha tenido el mundo en los últimos 50 años es increíble, yo mismo puedo verlo entre el día que salí de Turquía hace seis años y ahora. Estamos destruyendo nuestro planeta y nuestras vidas. No estoy seguro si yo sufriré la peor parte, pero espero que esta experiencia ayude a crear una mejor vida y un mejor futuro para las próximas generaciones. Siempre digo que nací muy tarde para explorar el mundo, pero muy temprano para explorar el universo.