Soy Beatriz Quido. Hace tiempo que ando con ganas de definirme, debe ser por culpa del Censo 2012. No me censaron. Así que quiero avisar que además de los 200 mil hombres, también falto yo. Y no debería dolerme pero es que siempre me pasa lo mismo: no me toman en cuenta.

Supongo que ése es mi don: ser invisible. Y lo soy porque no destaco en nada, nada de nada. No soy gorda, tampoco flaca. Ni alta ni baja. Ni linda ni fea. Soy la que calza 37. La del promedio 5.5. La amiga de la mina, la hermana de la matea, la vecina de la famosa. La que estudió periodismo, igual que muchos, demasiados. Cinco años para ser especialista en nada. La que fue a Lollapalooza con un amigo, pero justo el amigo se encontró con otros amigos y al final terminé cantando las canciones de Cachureos sola.

Pero la invisibilidad no es mi único don. También tengo la extraordinaria capacidad para llegar tarde a todo. Por ejemplo, soy la que se  fue a vivir al barrio Lastarria justo el día que Josefa Errázuriz ganó la alcaldía de Providencia y se abrieron las grandes alamedas para los hipster chic. La que fue a comer a La Jardín cuando ya todo el mundo encontraba que “en realidad no era tan bueno”. La que vendió la bicicleta cuando todos se pusieron cleteros, la que se puso a tejer cuando todas pasaron al ‘bordado cool’, la que pagó en mil cuotas las vacaciones en Cancún cuando ya todos estaban viajando a Mancora. La que hizo la dieta de La Zona cuando todos estaban raquíticos gracias al doctor Dukan, la que empezó a ver Mad Men en el ‘momento’ de Games of Throne. Soy la que pasa la tarjeta Bip! por el torniquete en horario punta y justo cinco segundos después una voz por el parlante anuncia que a partir de ahora estamos en horario valle. La que recién ahora se dio cuenta de que el queso crema con soya y sésamo ya fue (¿Porque ya fue, verdad?).

También puedo proyectar lo que seré:

Seré la que se vestirá de tachas de pies a cabeza el próximo año; la que logre entrar a H&M cuando French Connection inaugure su tienda en Chile; la que lea Cincuenta sombras de Grey cuando ya se haya estrenado la película.

la que se vestirá de tachas de pies a cabeza el próximo año; la que logre entrar a H&M cuando French Connection inaugure su tienda en Chile; la que lea Cincuenta sombras de Grey cuando ya se haya estrenado la película, la que practicará Bikram Yoga cuando todas estén haciendo yoga aéreo, yoga acuático, yogabox, yogazumba, yogapilates runningdance o algo así.

No nací cool, ni trendsetter. Así que me dedico a mirar ‘la onda de los otros’. No porque sea peladora, mucho menos cahuinera. Lo hago porque a mi alma promedio le invade una profunda curiosidad etnográfica. Tengo vocación de espectadora, de estar sentada en primera fila mientras el resto despliega sus coreografías sociales. Tal vez porque ya asumí que nunca seré la chica de la foto. Mi destino es estar atrás, en las sombras, ser la que saca la foto.

Y eso no es muy bueno, pero tampoco es tan malo.