Hay un dicho que dice que sólo uno sabe lo que pasa en la familia de puertas adentro. La expresión no podría ser más adecuada para lo que ocurrió el domingo de Resurrección en la catedral de Palma de Mallorca. Como todos los años, la Familia Real posó en la explanada tras asistir a la Misa de Pascua. Este año estaban todos los que son hoy en día: los reyes actuales, los eméritos, la princesa de Asturias y la infanta Sofía.

Como siempre, todos sonrieron. Si retrocedemos unos minutos antes, vemos a la reina Sofía apresando a la heredera por el cuello y plantándole un beso en la frente y a Letizia, toda presta, limpiándole los posibles restos del pintalabios. ¿Gesto de madre que quiere que su hija salga bien en las fotos o el desplante de una nuera a su suegra? Seguimos retrocediendo y vemos la puerta de la catedral abrirse para dar paso a los miembros reales, que salen bromeando y sonriendo. Pero es sólo de puertas adentro cuando vemos a Leonor rechazando bruscamente, y por dos veces seguidas, el brazo de la abuela sobre su hombro, mientras su madre se encara a la suegra. Y todo porque Letizia no quiso que las niñas posaran con la abuela dentro de la catedral.

Tras la difusión de vídeo, los tuiteros, los tertulianos televisivos y el pueblo llano a través de WhatsApp se lanzaron a otorgar la etiqueta de la pobre abuela Sofía y la mala nuera Letizia. La asignación de los papeles no fue al azar. A Sofía sólo le falta la cruz del mártir. Ella es vista como la sufridora esposa de un marido con amigas especiales. La madre que ha visto a su hija menor declarando ante el juez en delitos de corrupción y que ha sido testigo del destierro que su benjamín le ha procurado a la hermana. Letizia, por su parte, se vio abocada al papel de antagonista desde que se presentó a los medios como una prometida de clase media y le soltó al entonces heredero al trono aquello de ‘déjame terminar’. Por cierto que Felipe la entrecortó precisamente cuando estaba alabando a la que iba a ser su suegra. Su vestuario, su delgadez, sus ansias por mostrarse perfecta, su falta de interés por las amistades de su marido y las actividades vacacionales de su familia política le han ocasionado críticas dentro y fuera de la casta noble.

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TRADICIÓN Y PROTOCOLO

“En una institución como es la monarquía, en la que las tradiciones y el protocolo forman parte de sus cimientos, la aparición de Letizia se vio como una amenaza”, ha escrito estos días la periodista Consuelo Font al respecto. “Doña Letizia no tiene a la opinión pública a su favor y lo fácil es ir a por ella”, ha reconocido por su parte Luis Medina, un conocido joven aristócrata y de los pocos que ha salido en defensa de la reina actual. La negativa de Letizia a la foto en el interior parte, a priori, de la preocupación de una madre porque su hija —expuesta a la atención mediática desde su nacimiento— no sufra las mismas críticas que ella. Y por ello marca estrictamente cuando y donde sus hijas aparecen en público. Con su actitud del vídeo, sin embargo, no sólo ha fomentado su reputación de madre “superprotectora y un tanto obsesiva”, como ha descrito Font, sino que ha dañado la imagen de su hija por querer protegerla. “Está desolada”, ha dicho una de sus mejores amigas, en una intervención calculada, ya que jamás nadie de su núcleo duro había hecho declaraciones.

Y ahora se ve obligada a hacer el paripé (fingir hipócritamente) de abrir la puerta del auto del que sale la suegra —como ocurrió una semana después— a sabiendas de que el público lo tildará de hipócrita opereta. Por su parte, el papel de Sofía en el vídeo también es revisable. A pesar de una primera negativa de Letizia, continuó insistiendo en tomarse una foto con las nietas y por ello volvió a apresar el hombro de Leonor, que ya se deshizo de su abuela la primera vez. Pocos han cuestionado que la emérita, de 79 años, desobedeciese a su nuera, y lo que es peor, que contribuyese a poner en una situación límite a su nieta de doce años. “Guste o no, doña Letizia es nuestra reina”, defiende Luis Medina.

“El papel de Doña Sofía es estar en segundo lugar. Si doña Letizia no quiere que en ese momento se fotografíe a las niñas, lo tiene que aceptar. Ella es la titular y por lo tanto marca los tiempos”. Ahora bien, dicha desobediencia puede que sea más natural que el fruto de una mala relación entre las dos mujeres. “Doña Letizia a veces intenta distinguir entre lo que es trabajo y lo que es vida privada; sin embargo, para Doña Sofía esa línea no existe, ya que en su vida privada sigue haciendo prácticamente lo mismo que en la oficial”, ha justificado Almudena Martínez-Fornes, la cronista real del diario monárquico ABC. Hay que tener en cuenta que Sofía nació siendo hija de rey y morirá siendo reina emérita. Mientras que Letizia, que procede del pueblo y en su juventud llegó a declarase republicana, ejerce su papel más como el de una diplomática de alto rango que el de una elegida de Dios. De todos modos, la relación entre ambas ha cambiado a lo largo de los años. La veterana experta Paloma Barrientos ha recordado cómo Sofía solía salir en defensa de su nuera ante “algunos ataques injustificados de familiares y amigos del entonces príncipe en reuniones privadas”.

Letizia, por su parte, la tenía entonces por su maestra. Las circunstancias, sin embargo, modificaron la buena sintonía. La falta de química entre la actual reina y su familia política es mutua. Si a ello unimos costumbres diferentes, es lógico que Letizia mire más hacia los suyos. Para ella es lógico pedirle a su madre que cuide de sus hijas cuando se ausenta de palacio, ya que Paloma Rocasolano ha criado a tres hijas y ha ejercido de enfermera. Sofía, en cambio, siempre contó con un séquito de niñeras e institutrices para el cuidado de sus vástagos. Además, la familia Ortiz-Rocasolano cerró filas a raíz de la persecución mediática a la que se vieron sometidos durante los primeros años del matrimonio real y sobre todo a raíz de la muerte de la hermana pequeña en 2007. Mientras que justo a partir de entonces, la relación entre los Borbones se fue definitivamente al traste con las aventuras de Juan Carlos en Botsuana y el escándalo de corrupción protagonizado por el marido de la infanta Cristina. Este hecho tiene que ver también con el distanciamiento entre las dos reinas. Porque mientras que Felipe y Letizia rompieron todos los lazos con la infanta a modo de cortafuegos, Sofía ha mostrado deliberadamente el apoyo a su hija, cosa que no gusta a la reina actual, ya que considera que su cuñada ha ocasionado un daño muy grave a la corona.

Consuelo Font apunta incluso a este tema en lo ocurrido en la catedral. “Parece que influyó que Letizia estaba caliente por conocer la asistencia de Cristina al funeral en memoria de Don Juan (el padre de Juan Carlos) días después”. Pero claro, las imágenes solo la muestran a Letizia limpiando el beso de la abuela en la frente de la nieta. Y ahí es cuando la gente se tira a su cuello.