Las pasiones andan desatadas con las últimas tragedias del país. El terremoto en el norte, primero, y el incendio en Valparaíso, ahora, han despertado la solidaridad y buenos sentimientos de muchos, pero también han sacado a flote un lado más oscuro.

Ya poco se puede decir sin que alguien se sienta con derecho a insultar. No digo discutir, ni disentir, porque eso es obvio, esperable y sano. Pero –asumo que en parte debido a la sensibilidad por las tragedias, aunque también por razones ajenas– los insultos van y vienen.

Leí, a propósito del terremoto en Antofagasta, alguien que enviaba fuerza a los afectados por el sismo. Acto seguido, recibió un par de insultos de personas que opinaban que no cabía decir “sismo” sino “terremoto”. Que creían que hablar de sismo era minimizar los hechos. Yo, que habitualmente me pego en cosas inútiles, fui a la RAE a ver la definición de sismo, que dice: “Terremoto o sacudida de la tierra producida por causas internas”. No es que confíe ciegamente en la RAE (desde que aceptan toballa y murciégalo, algo no me cuadra), pero me parece que sismo es perfectamente aplicable.

Con el incendio en Valparaíso la cosa ha sido peor. Rafael Gumucio tuvo la mala idea de tuitear sobre los “hipsters” yendo a rescatar perros y gatos mientras había gente sufriendo y perdiéndolo todo, y recibió una andanada de insultos y amenazas absolutamente desproporcionadas. Uno podrá o no estar de acuerdo con su comentario, pero desearle a él y a sus hijas que murieran calcinados me parece que pasa un poco de lo razonable. Finalmente, Gumucio decidió cerrar su cuenta en Twitter, cansado de los insultos. No es la primera persona que lo hace, ni será la última, está claro. Es uno más en el panteón de los caídos digitales.

Wp-gumucio-450Repito: uno puede estar o no de acuerdo con lo que dijo Gumucio –o con lo que diga cualquier otro– pero reaccionar de esa manera es raro. Pasa bastante, y en esto concuerdo con Gumucio, con los llamados “animalistas”. Que no son todos, es cierto, pero son una masa importante. Personalmente, creo que preocuparse de los animales cuando hay personas en esa situación es tener las prioridades poco claras. En el fondo del asunto, concuerdo con el tuit de Gumucio. Ahora, calificar de hipsters o ironizar con las personas que tienen algún tipo de sintonía especial con los animales –que debo reconocer yo no tengo–, puede caer mal. Pero no sé si para amenazar a alguien.

Lo mismo pasa con una u otra empresa que anuncia algún tipo de medida o ayuda a los afectados. Recibirán algunas felicitaciones, claro, pero habrá siempre una horda de personajes alegando que la empresa está tratando de beneficiarse, de sacar ventajas o diciendo que, para el tamaño de esa empresa, lo que están donando es una miseria.

Hay algo de destemplado en las reacciones en redes sociales, y especialmente entre grupos extremos. Así como los animalistas, están los veganos extremos, esos que te condenan al infierno por hacer un asado. O los ciclistas que se toman las veredas, amparados en su derecho a movilizarse de esa manera. Los peatones que defienden su derecho a usar las veredas y que exigen que los ciclistas circulen por la calle. Los ecologistas para los que cualquier intervención en el medio ambiente es inaceptable. Y así…

¿Está mal ser vegetariano, animalista, ciclista, peatón o ecologista? En absoluto, siempre y cuando podamos respetar el derecho de los demás a comer carne, a no entender que se privilegie a los animales por sobre las personas, a circular en el medio de transporte que les parezca o a creer que es necesaria cierta intervención en el medio ambiente por beneficios para las personas.

Como releo y veo que me estoy poniendo en extremo latero, cierro acá: no creo que la culpa de esta violencia, como opinan algunos, sean las redes sociales. Al final, no es tan diferente de la violencia que uno ve en la calle, donde los automovilistas se tiran encima los autos, se tocan la bocina y se insultan, lo mismo que peatones y ciclistas. De verdad, no creo que las redes sociales tengan la culpa de esto. De lo que sí tienen “la culpa” es de darnos espacio y cierta capacidad de difusión. Lo que nosotros hagamos con eso, ya es responsabilidad nuestra.

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