La imagen de una niñita a la que su perro le tira la parte inferior de su bikini para revelar su bronceado es uno de los referentes en la historia publicitaria estadounidense, también el trabajo más famoso de la dibujante Joyce Ballantyne (1918-2006). Y aunque la inspiración para ese afiche del bloqueador Coppertone fue su hija Cheri Brand (replicada hasta por Jodie Foster en 1965 en un spot de la compañía), la ilustradora fue poco entusiasta por esa entrega. “Es sólo un trabajo de arte más”, dijo en una ocasión sobre esa postal veraniega por la que le pagaron US$ 2.500. Y los fanáticos de sus pinceles concordaron en esa declaración, ya que sabían de su don: una genialidad para traducir el erotismo de manera elegante.

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En un área donde primaba un club de plumas masculinas, su firma en los años ’50 era una de las más demandadas para imprimir dibujos de pin-ups. Esas sensuales modelos en su versión en tinta que despertaban las fantasías masculinas le fluían naturalmente a esta profesional casada y que se usaba a sí misma como guía frente al espejo. 

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Colaboradora de las revistas Esquire y Penthouse, Ballantyne recibió un homenaje de la primera publicación con una sexy portada en ‘carne y hueso’ al estilo Coppertone con Carmen Electra. También copiaron la pose Kylie Minogue y Jim Carrey para GQ y Rolling Stone, respectivamente.

Esta ‘traductora’ de las fantasías masculinas no estuvo ajena de la controversia. Parte de su fama en el género de las pin-ups se inició cuando la revista Sports Afield la contrató para su portada de abril de 1949. Dedicada a las actividades al aire libre, generalmente tenía en su tapa el dibujo de un perro de caza, un ave o a un hombre practicando pesca. Pero cuando salió a la venta  llevaba a una sirena semidesnuda que provocó un gran escándalo. La ‘imaginación’ de la artista desató la polémica y se acusó al medio de tratar de corromper la moral de los jóvenes lectores.

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Pocos años después le encargaron a Joyce Ballantyne un calendario con ilustraciones de coquetas y destapadas chicas. Se agotó de inmediato y tuvieron que imprimir más ediciones. Los soldados coleccionaban esas fantasías femeninas en la Guerra de Corea, siguiendo la tradición de sus antecesores en la pelea en contra de los nazis.

Otras mujeres geniales en este tipo de ilustraciones fueron Pearl Frush y Zoë Mozert. Todas coincidían en que se inspiraban en la belleza de las curvas de la mujer. Sus seguidores del otro género compartían aquello y elevaban sus dibujos a sueños.