Santis se emociona. Lleva hablando casi una hora del significado que tiene la Navidad para él y sus grandes amigos. Se siente un bendecido. Cree que ésta es la época del año donde uno tiene que parar. Parar y reunirse con la familia; mirarse a la cara, abrazarse juntos, agradecer que se ha vivido otro ciclo más. Por lo mismo, le estremece pensar qué pasará el día en que alguno de ellos ya no esté más.


Se conocían de las ligas de fútbol “La chepa Eguiguren”, en Quilín, y la del Stadio Italiano. Pero Manuel Pellegrini, Arturo Salah y César Antonio Santis comenzaron a ser amigos a fines de los setenta, cuando coincidieron en la Universidad de Chile. Por entonces, el actual director técnico del Manchester City venía de hacer su debut como juvenil en Audax Italiano, y el hoy presidente de Colo Colo, provenía a su vez de la Universidad Católica. En tanto, Santis, que ya había dado importantes pasos en la televisión y radio, también tenía el mérito de vestir la camiseta azul de modo profesional.


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Cuenta que en esa época, los campeonatos duraban más que los de ahora. Que se terminaban incluso a principios de enero, por lo cual los futbolistas difícilmente tenían el tiempo para cualquier preparativo de las fiestas. Así partió esta historia. Corría 1976 y los jugadores, apenas terminaban el entrenamiento del día 24, salían a almorzar a modo de celebración anticipada.


Después de eso, aprovechando el vuelo, iban todos juntos a comprar sus regalos. Se decían unos a los otros que tenían que ser solo dos por cabeza, que el tiempo apremiaba, sin embargo, esa regla nunca llegó a cumplirse del todo.


“Era una real chacota. Por una parte, a más de alguno siempre le faltaba no sé qué cosa, y por la otra, pasaba que todos entrábamos al mismo lugar, entonces empezaba la discusión por el color o la típica de si va a gustar el regalo o no… Además se trataba de puros personajes conocidos, imagínate ver aparecer a estos señores en zapatillas, short o buzo… Lo hacíamos todo mal, pero lo pasábamos tan bien que se fue transformando en una tradición”, detalla Santis.


En los inicios, la rutina contemplaba a otros integrantes del equipo. Santis recuerda al portero Hugo Carballo y al también argentino Juan Carlos “Nene” Sarnari. Pero el que llegó para quedarse, y mientras los otros se fueron volviendo a sus países de origen; ése fue Raimundo Achondo, quien hoy es parte importante del ritual; el mismo que desde entonces no ha conocido de treguas, ni cuando Arturo fue a dirigir al Monterrey en México, ni tampoco mientras Manuel ha estado viviendo en Argentina, España e Inglaterra, como DT.


“Una vez (Pellegrini) llegó en la mañana del 24. Viajó el 23 en la noche y se fue de vuelta el mismo 25… Hoy la cosa también está un poco complicada para él, porque juega el 26 y el 28 de diciembre, también el 1 de enero; o sea, tiene tres partidos en una semana. Almorzamos hace poco y dijo que lo iba a ver… Este es capaz de aparecerse”.


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Con el correr de los años, el asunto de los regalos fue cambiando. Los antes jóvenes y recién casados comenzaron a tener cada vez menos tiempo como para acompañar a los otros a comprarles presentes a su señora e hijos. Hoy, sólo en pocas ocasiones se ha dado la excepción y ha sido porque “Mumo” Achondo no está seguro de qué regalarle a su mujer. Recuerda Santis que la última vez, éste les dijo que quería comprarle un caballo. Un día cualquiera, probablemente lo hubiese logrado, pero no precisamente un 24 de diciembre por la tarde.


Varias anécdotas han tenido que ver con la originalidad de Achondo para hacer regalos. Como cuando compró un bonsai que no cabía en el auto y, sobre la hora, hubo que ir a buscar una camioneta para poder llevarlo. O la vez que algunos del grupo terminaron cargando un acuario en plena calle, porque al “Mumo” se le había metido la idea en la cabeza.


También hubo algunas navidades donde las señoras simultáneamente recibieron el mismo vestido en diferentes colores. Por suerte, para ellos, éstas nunca lo notaron. Es que había que mantener en secreto que el mérito en la elección de los regalos era más bien colectivo que personal. Fue así que, durante mucho tiempo, las mujeres creían que sus regalos eran únicos y pensados exclusivamente por cada uno de sus maridos o pareja.


Microhistorias que hablan por sí solas de una amistad invaluable. Santis lo define como “la sangre hace parientes, la lealtad hace familia”, para explicar su relación con Salah, Pellegrini y Achondo. “Con los amigos uno tiene asegurada la lealtad, y con los que uno ha hecho en el deporte, la cosa es como indestructible. Un equipo trabaja para obtener un resultado común y cuando se pierde también es fantástico, porque ahí es cuando se ve la fortaleza del grupo. La vida deportiva te enseña a saber que el éxito es algo absolutamente transitorio y que las derrotas están a la vuelta de la esquina”, señala.


Mediante un grupo de Whatsapp los amigos se comunican todos los días, comentan chistes e incluso comparten “memes” en torno a los hechos más noticiosos del fútbol. Un día se dijeron que iban a trabajar hasta los 50 años para comenzar a vivir los “penúltimos años de la vida”, pero ésta fue otra cosa que rotundamente no pasó.


“Arturo es el presidente de Colo Colo, Manuel la cabeza del Manchester City y yo, por lo menos, me vine a vivir al campo, pero estoy al frente de este buque que es mi restorán ‘La Famiglia’. Creo que moriremos en esto, somos bien machaca y ésta es una linda historia, que sorprende, porque ni nosotros nos dimos cuenta cómo pasó el tiempo”, expresa Santis.


“Hemos construido una vida juntos, reafirmando valores y formas de actuar. Cuando hay alguno que pudiera estar más expuesto que el resto, ahí estamos nosotros para apoyarlo y conversar. Como los logros que ha tenido Manuel; llega a ser emocionante ver que hoy vive en una órbita mundial y que sigue siendo exactamente el mismo tipo de siempre… Es ver los valores con los que funcionamos hace ya más de 30 años. La vida ha cambiado, pero la esencia se mantiene igual. Antes estaba la chacota de los regalos, hoy no hacemos esa parte del juego, pero el cuento sigue”.


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El almuerzo navideño que tienen Santis, Pellegrini, Salah y Achondo hoy, es un momento solo para hombres, que puede partir a las dos y terminar a las seis de la tarde; y donde las temáticas principales tienen que ver con el fútbol y la familia. No se habla de política. El grupo se fue agrandando en la medida que los hijos de cada uno fueron creciendo. La formación actual la componen Raimundo junto a su hijo mayor del mismo nombre; Manuel y sus tres hijos hombres; César y su primogénito Claudio; y Arturo Salah más su clan masculino.


Santis es quien normalmente organiza. Se acuerda el lugar (tiene que ser un restorán italiano, donde puedan tener privacidad y además se les permita estar un 24 de diciembre en la tarde) y luego se envía la invitación. Como cada uno paga lo suyo, se dice cuántos “críos” va a llevar cada cual y finalmente se hace la reservación. Entre ellos, no se hacen regalos. Esa consideración la establecieron de siempre. La única vez que a alguno se le ocurrió romperla, el resto se encargó que los presentes volvieran por donde mismo aparecieron.


No saben cómo fue creciendo todo. Lo que sí establece Santis a modo de vocero del grupo, es que lo principal es que los une una tremenda amistad y que el origen de sentarse a la mesa tiene que ver con el espíritu de la Navidad, ése de brindar por la vida, la familia y ellos mismos. Lo de salir a comprar regalos fue la excusa para dar una partida.


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Como dice Santis: “Quienes hemos vivido navidades muy lindas toda la vida, tenemos un sentimiento por éstas y queremos transmitirlo, lo cual se logra compartiendo con los hijos. Durante el almuerzo tratamos de integrar a los niños, nos interesa saber qué piensan y sienten… Acá se cruzó el tema del deporte con el espíritu navideño y eso es muy lindo. Es lo que realmente hoy nos une y la prolongación que estamos haciendo, va a llevar a que estos jóvenes sientan lo mismo que sentimos nosotros por la Navidad, y a que puedan hacer que su espíritu no se derrumbe, en un mundo donde muchas cosas se han ido derrumbando”.