Ivonne Soto se levanta todos los días a las seis de la mañana para llegar a tiempo a abrir la pescadería de su familia en la Vega. Marcela Ahumada se preocupa en cada jornada de cuidar de la seguridad de los trabajadores de Puerto Central. Mientras, Tania Santana se encarga todas las semanas de manejar una grúa horquilla por los terrenos de la Concesionaria STI. Ellas, en trabajos catalogados como masculinos, cada jornada deben sacar la cara y hacerse valer ante la mirada de sus compañeros.
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En los últimos diez años, la incorporación de las mujeres al mercado laboral chileno ha sido sustantiva. Según la Encuesta Nacional de Empleo, un 47,6 por ciento de las mujeres se encuentra trabajando, mientras los hombres ocupan el 72,1 por ciento. La mayoría de ellas se ubica en el área de enseñanza, servicios sociales y salud. Por otra parte, los sectores con menos presencia femenina son pesca, transporte y construcción. Pese a la diferencia, en 2010 la inserción era de un 41,9 por ciento, lo que demuestra un aumento en el empleo.

Ivonne, Marcela y Tania son excepciones dentro de las estadísticas y cada día se van abriendo paso en un mercado estrecho, pero en el que van dejando huella como ejemplo para las demás mujeres.

Entre cuchillos y pescados

La historia de Ivonne Soto (24) comienza cerca de 60 años atrás cuando su abuelo, Rolando Molina, llegó a trabajar al Terminal Pesquero. Cada mañana, Rolando iba hasta la Estación Mapocho para recibir la carga y, con pescados al hombro, repartir entre los clientes. Hoy, Ivonne trabaja en la pescadería “Rolando”, fileteando y ayudando a su madre. “Empecé con mi hermano colaborándole con el marisco y un día me dio la curiosidad de aprender. Después se convirtió en mi trabajo y estoy feliz acá”. Es la única mujer entre cinco hermanos y la que heredará el negocio familiar. Su madre, Ana Molina, asegura que su hija está entrenada para quedarse con él.

“En las pescaderías soy la única mujer y me exijo más por eso. A la gente le llama la atención y se paran a mirar. Me dicen: Usted tan bonita ¿y limpia pescado? ¿No le molesta el olor? Y no, no me molesta porque como es algo distinto a mí me gusta”. A veces las caseras son las que prefieren el trabajo de los otros maestros que acompañan a Ivonne. Ella deja pasar el desprecio y sigue adelante pues su principal motivación es seguir con el trabajo que su familia le legó.

La mujer del puerto

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Cuando algo falla en la seguridad, Marcela Ahumada (42) alza la voz y detiene las obras. Hasta que las condiciones sean óptimas el trabajo no se reanuda. Ahumada es la jefa de Prevención de Riesgos de Puerto Central, San Antonio, desde 2011 y comenzó su trabajo al mismo tiempo que la Concesionaria. Gracias a su labor y la de su equipo nadie ha sufrido un accidente. “Desde chica fui muy preocupada por el cuidado de las personas y la prevención se convirtió en vocación”, declara Marcela.

Para el trabajo preventivo Ahumada cuenta con un equipo compuesto por tres hombres. Su trabajo es 24/7 y la mayor parte del tiempo está en terreno. “Me he acostumbrado a salir corriendo en la noche, a llegar tarde, a andar siempre alerta. En el puerto todo genera peligro y debo estar atenta para prevenir y actuar ante lo que sea”, explica.
Marcela admite no sentirse especial pero destaca un incremento de liderazgo entre las mujeres, que las lleva a desempeñarse en trabajos atípicos. “Las mujeres que son perseverantes y responsables, pueden llegar a ser lo que quieran”.

Cargas y containers

Los primeros años fueron agotadores para Tania Santana (30). Ser la primera mujer en manejar una grúa horquilla para la Concesionaria STI en el puerto de San Antonio la expuso a ser ignorada por sus compañeros y muchas veces a no poder trabajar por la falta de apoyo. Cinco años después la situación es totalmente diferente y Santana pasó de ser excluida a admirada. La gente se sorprende al ver a una mujer en la grúa. “Es un trabajo distinto, me hace feliz. La horquilla es mi pasión”, cuenta.

Cinco años después la situación es totalmente diferente y Santana pasó de ser excluida a admirada. La gente se sorprende al ver a una mujer en la grúa.

Tania empezó trabajando como manicurista y luego siguió como vendedora en diversas áreas hasta que se encontró con una oportunidad: Pevesan S.A., empresa de carga aérea, tenía cupos de trabajos para hombres y mujeres. Un amigo la motivó a inscribirse. Estuvo seis meses en práctica y ella, que no sabía conducir ni un auto, pasó a ser la primera mujer de STI en manejar una grúa. “Hasta que llegué acá no había encontrado lo que quería. Pienso seguir en esto hasta que muera”, confiesa Tania.

Santana reconoce que, como mujer, se exige más en su trabajo y que lo más difícil son los largos turnos que no le dejan tiempo. Ante eso solo le queda la perseverancia. “Mi puesto es poco común y eso puede cambiar. Hoy las mujeres tenemos todas las herramientas para salir adelante y hacernos cargo del trabajo que deseamos”.
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La inserción de las mujeres en el mercado laboral ha generado un cambio en la dinámica de las familias chilenas. Según la encuesta Encla 2011, desarrollada por el Instituto Nacional de Estadísticas, esto se ve reflejado en el aumento de hogares con dos proveedores de ingreso y con jefatura femenina. Por otro lado, el Informe del Desarrollo Humano en Chile deja en claro que las mujeres que cuentan con un trabajo presentan un promedio de 4,9 horas en el hogar y los hombres solo un 1,9, por lo que siguen siendo ellas las principales proveedoras del cuidado de los niños y la casa.
La dinámica laboral también cambió. Si una de cada cuatro empresas de cinco o más trabajadores posee una plantilla preponderantemente femenina, éstas se ven obligadas a crear un ambiente de espacio y desarrollo para todas las mujeres.

Un cambio significativo fue la creación de una ley que establece que una empresa con más de 20 mujeres en su plantel, debe obligatoriamente tener una sala cuna para que las madres puedan alimentar y dejar a sus hijos durante la jornada.
Ivonne, Marcela y Tania son parte de un porcentaje que hoy está cambiando el rol femenino tradicional dentro del mercado laboral. Son mujeres que trabajan codo a codo con los hombres en el lugar que ellas escogieron. Son mujeres que se atreven.