¡El Zanahoria!, gritaba el protagonista en uno de los comerciales clásicos de vino de la publicidad chilena. Era  su reencuentro con un compañero de colegio al que no veía en décadas. Ahora tenía el pelo totalmente cano, pero en sus ojos todavía era ese colegial marcado por el color rojizo de su pelo.

Cabeza de incendio’, ‘Fosforito’, ‘Colorín buena suerte’… Los sobrenombres escolares (bullying incluido) hacia los que exhibían tonos caoba en la cabeza son infinitos. Pero la hora de la revancha para ellos llegó. Las cosas son distintas en este nuevo siglo. Hoy tienen un grupo de adoradoras de pelirrojos. Y hasta cuentan con un máximo representante. Sex symbol aterriza en junio en Santiago: el príncipe Harry de Inglaterra.

El anuncio de su gira puso a organizarse a sus fanáticas, quienes cruzan dedos para que el joven travieso de la Corona tenga, al menos, una actividad pública para gritarle su admiración cual estrella pop. No es secreto que hace años el atlético hijo de Diana superó a su hermano William en suspiros.

La misma pasión en modo ‘maduro’ genera en cine el nominado al Oscar Michael Fassbender (Shame, 12 años de esclavitud). Mientras que en televisión Damian Lewis (Homeland) y Kevin McKidd (Grey’s Anatomy) tienen sus incondicionales.

En internet los microblogs de Tumblr coleccionan a estos galanes de melena de fuego y coquetas pecas.

Pero el golpe más formal a la reivindicación llegó de la mano del artista Thomas Knights. Los asistentes —especialmente mujeres— a su exhibición Red Hot en Londres salían con la temperatura más alta luego de ver sus sensuales fotografías a chicos que fácilmente podrían ser los nietos ilustres del ‘Zanahoria’ en el spot del vino. El artista, también colorín, señaló que siempre le llamó la atención cómo en la cultura occidental las pelirrojas eran vistas como objetos de deseo, “pero a los hombres se les veía despectivamente y hasta asexuados en películas, TV y literatura”. El quiso dar un golpe para redirigir la mirada. Y no le fue nada de mal.

Un cambio de switch que también alcanza las coordenadas locales. Así, en las noches capitalinas veo al ejecutivo de comunicaciones Raúl Titerman desplegando sus artes de soltero codiciado con humor, look impecable y sonrisa ganadora. Un ganador. El sabe que no hay que ser un príncipe europeo para ser un ‘red hot’.

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