Se acaba el año, y una vez más, como todos los años, se vienen 3 tareas clásicas de esta época: el amigo secreto, la lista de propósitos para los próximos doce meses y el recuento de lo que pasó en el año que termina.

Como para amigos secretos –y enemigos conocidos– ya tengo suficiente, y dado que mi currículum/prontuario exhibe una envidiable capacidad para incumplir propósitos, no queda más que hacer un recuento de lo que pasó en este 2014. No uno exhaustivo, claro, no se asusten. Ahí vamos. El orden es absolutamente aleatorio.

Los 43 de México: terrible caso hasta hoy no aclarado, donde 43 estudiantes mexicanos desaparecieron. Al parecer fueron entregados por la policía a un grupo narco, que los habría asesinado. En la búsqueda han aparecido fosas llenas de cuerpos por todo el estado de Guerrero. El detalle es que no eran ellos. A la fecha, sólo un cuerpo ha sido identificado y las protestas en México siguen.

Los muertos: hablo de los conocidos, porque cada uno tendrá los propios, a los que llorar, celebrar o sobre los cuales zapatear. Este año se nos fueron el músico Payo Grondona, los actores Philip Seymour Hoffman y Robin Williams, la Duquesa de Alba y Roberto Gómez Bolaños, Chespirito (y con él el Chapulín Colorado, El Chavo del 8, el Chómpiras, Chaparrón Bonaparte y varios más). Seguro se me quedan varios fuera. Nada personal. ¡Oh!, con eso me acordé que también murió Gustavo Cerati.

El Mundial: un buen desempeño de la selección Chilena en primera fase, ganándole a Australia, mandando al campeón vigente de vuelta a su casa y perdiendo con Holanda. Una segunda rueda con Brasil –la pesadilla– y una definición a penales que nos dejó fuera con el local. Ah, y un travesaño en el minuto 119 que evitaba la definición a penales, claro. Como si pudiéramos olvidarnos de ese detalle. Seguimos siendo campeones del casi, ojalá en la Copa América 2015 rompamos con eso.

Caso Penta: partió como un fraude al FUT y fue creciendo como bola de nieve hasta involucrar a no pocos políticos. Platas negras, boletas falsas y un gerente con más horas de conversaciones grabadas que la BBC –y dispuesto a hacerlas públicas– tiene a todos expectantes sobre el próximo capítulo. No se lo pierda, en su medio favorito. Yo voy a esperar que salga todo y me voy a comprar la Premium Platinum Collector Box de Hugo Bravo. Si me pilla corto de plata, el Greatest Hits no más.

La CIA reconoce que ha torturado: Hacerse el sorprendido no da, ¿no?

El Metro: no ha sido un buen año para el Metro. Una falla tras otra, cientos de miles de pasajeros afectados, un presidente renunciado y el tema que no parece solucionarse. Para hacerlo peor, cuando funciona va lleno de parejas que creen que es motel, viejas que se lanzan a pillar asientos y pasajeros que aunque se bajen en 20 estaciones más van atornillados frente a la puerta. Por suerte las micros del Transantiago funcionan tan bien, o no sé lo que haríamos.

Los realities de cocina: MasterChef y TopChef, variaciones sobre la misma receta: un grupo de cocineros que compiten por agradar con sus platos a un despiadado jurado. No siempre lo logran, esa es la gracia. El morbo de verlos fracasar. El llanto, las peleas. Son realities, al fin y al cabo. Ya se posiciona como personaje clave el jurado francés de MasterChef, Yann Yvin, y su frase “Esto es una miegda”.

El fallo de La Haya: el reputado tribunal internacional falló finalmente la discrepancia sobre límites entre Chile y Perú. El fallo, como era de esperar, le dio un pedazo a cada uno. Como cuando uno peleaba de chico por algo: repartir el botín y después “dense la mano y vuelvan a ser amigos”. La Haya es como un gran papá/mamá/profesor. Ahora viene Bolivia, otra vez.

Las renuncias: este año asumió el nuevo (bueh, algo así) gobierno. A los 10 días de asumido, y contando los días previos a que esto sucediera, tenían 4 subsecretarios, 4 gobernadores y 2 seremis renunciados. Un récord espectacular, sin duda. Luego la cosa se ha estancado, aunque suenan fuerte los rumores de un próximo cambio de gabinete. Yo lo haría con formato reality.

Las reformas: discusiones, comisiones, conversaciones y otros ones varios de por medio, las reformas aún no llegan. Ya vendrán, suponemos varios. Y si no, bueno. Tampoco daría para sorprenderse.

Los diputados se aumentaron el sueldo: sí, otra vez. No, no es broma.

En lo personal, y déjenme tomarme la licencia de contarles algo que no les va a interesar, mi año partió muy mal y terminó muy bien. “De menos a más”, como dicen los comentaristas deportivos sobre los equipos que repuntan. Ese es el concepto: repunté. Espero que para ustedes haya sido un buen año, que el próximo venga lleno de cosas buenas etcétera. No voy a seguir lateándolos con frases hechas que ya se saben de memoria. Y mi consejo para el año que viene y para siempre, algo así como un pilarsordismo final: no se tomen tan en serio. No vale la pena.

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