Ya les he contado que soy una gran amiga, casi incondicional, de los tacos (algunos dicen que nací con el “antes muerta que sencilla” en la boca), pero confieso que hace dos años Chanel y Karl Lagerfeld le cambiaron la vida a mis pies.

Ahí estaba yo, preparada para ver y disfrutar de la pasarela de Alta Costura primavera-verano 2014, cuando casi sin creerlo vi bajar desde la magnífica escalera que habían instalado en el Grand Palais, a todas las modelos estilosísimas y radiantes ¡con zapatillas! … Los ojos de los invitados estaban pegados en los pies de las modelos. Una verdadera revolución, bien podríamos decir. La impresión de ver bajar a Cara Delevingne, con el tierno Hudson Kroenig de la mano en su versión “paje”, bellísima y vestida de novia para crear el desfile con un par de zapatillas de Massaro. Sí, esas cuyo precio se empina por sobre los dos millones de pesos, hechas de manera artesanal y decoradas con pedrería, encajes, piel de pitón y el icónico tweed. Imaginarán que después del desfile el comentario era uno: ¿Alta costura con zapatillas?

Desde ese día, este deportivo calzado irrumpió para quedarse en el street style y asomarse con glamour a la alta costura. La democratización de la moda, lo llamaron uno. Otros, simplemente una bendición de comodidad y unos cuantos anunciaron el triunfo final del normcore, la tendencia que apunta a vestir lo más normal posible, sin asomo de aspiración fashion y bordeando el concepto de anti-moda.

Atrás parecieran haber quedado esas historias que nos sorprendían en los 80 al viajar a Nueva York y ver a las regias ejecutivas de camino a sus oficinas en Manhattan luciendo zapatillas, que se cambiaban justo antes de entrar a sus trabajos. Hoy la moda urbana les ha dado un nuevo lugar y ya se las quedan y entran a sus oficinas con propiedad y estilo. Así también se lleva ahora en este viejo continente, donde son muchas las que hoy deciden bajarse de los tacos rendidas ante la nueva comodidad. Y yo me incluyo entre las que han sido conquistadas, aunque me ha tomado algo de tiempo acostumbrarme al look de una falta tubo, camisa blanca y un par de deportivas.

Poco a poco, las Converse que me regalaron mis hijas —un ícono por excelencia de generación en generación— y mis Adidas de siempre, han pasado a tener un lugar más relevante en mis repisas de zapatos. Las varias semanas de la moda que llevo ya en el cuerpo me han permitido ver una innumerable cantidad de posibilidades: zapatillas con trajes de terciopelo, faldas y vestidos en todas sus variantes, con pantalones pitillos o de corte clásico… La actitud es la única que pone el límite. ¡Todo se puede combinar!

De alguna manera este calzado da un toque súper especial que puede ir desde la sofisticación absoluta al más puro estilo deportivo. Justo esta mañana me encontré en el tren con una joven que llevaba un vestido negro ceñido que le quedaba divino, una chaqueta entallada y unas zapatillas que realmente le daban un look armonioso y fresco, con un toque de informalidad casi rebelde que contrastaba perfectamente con ese elegante y sexy vestido a la medida.

No hay duda, la zapatilla se ha ganado su espacio dentro de los “básicos” del armario, ya no solo para correr o ir al gimnasio, sino para sumarse a cualquiera de las tendencias de la moda… rockera, deportiva, chic, boho, formal con “detalle”, informal, cómo se quiera. Combinarlas se ha convertido en una tarea fácil y ahí están para el placer de nuestros pies. ¿Se animan también a bajarse de los tacos?

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