En la ciudad de Krefeld el ambiente es extraño. Termina marzo y un grupo de alemanes y chilenos se ubica a las afueras de la casa donde vive el médico Hartmut Hopp para una funa. Aunque muchos de los presentes no entienden el significado de la palabra —que luego explica Dieter Maier, organizador de la protesta— sí hay hartos los que recuerdan con horror al alemán.


El chileno común tendrá la imagen de un hombre rubio de mediana edad, con bata blanca, atendiendo a la prensa en Villa Baviera o Colonia Dignidad, secta fundada a las afueras de Parral en 1961 por el ex oficial nazi Paul Schäfer. Hopp, su hombre fuerte y líder del enclave tras la muerte de Schäfer, escapó de la justicia chilena que lo condenó en enero pasado a cinco años de cárcel por su complicidad en los abusos a menores cometidos por el jerarca.


El porqué Hopp se refugió en la tranquila Krefeld —“campo de cuervos”, en alemán— no extraña mucho en la localidad de algo más de 200 mil habitantes. No es el primer directivo de la ex Colonia Dignidad que se esconde ahí. Antes lo hizo el ya muerto Albert Schreiber. Ambos, cercanos a la organización religiosa Freie Volksmission Krefeld, liderada por Ewald Frank, “misionero y predicador” que tiene prohibición de entrada a Chile.

Hasta donde sabemos, Hartmut vive con su mujer en un departamento en Krefeld.

Hopp, que durante la funa no asoma ni su nariz, tiene a su Némesis en Alemania: la abogada Petra Schlagenhauf (57), traductora experta en español y profesora de la Universidad de Magdeburg/Stendal. Curiosamente, ella aprendió castellano en un intercambio escolar con el Colegio Suizo de Santiago en 1972. Hoy es la querellante, en representación del Ecchr (European Center for Constitutional and Human Rights), de Hopp en Krefeld.

Schlagenhauf busca que la justicia germana juzgue al ex jerarca, pues ese país no permite la extradición de sus ciudadanos. “Represento a cuatro alemanes y un chileno; los alemanes son víctimas de lesiones corporales graves por el abuso de sicofármacos por parte de Hopp y el chileno es familiar de una desaparecida. Mis defendidos me contactaron en 2011, cuando Hopp apareció en Alemania después de su fuga de Chile”, explica Petra.


—¿Qué la impactó más de los casos?

—La desaparición y muerte de presos políticos en Colonia Dignidad y la colaboración con el aparato represivo de la dictadura militar entre 1973 y finales de los ’70; la represión interna contra muchos colonos dentro de Dignidad, mediante tratamiento de electroshock, abuso de sicofármacos, encierre y otros castigos crueles; el tema de los abusos de menores de Schäfer y la colaboración de los jerarcas, entre otros Hopp. Todo es muy chocante, sobre todo en vista que las atrocidades se extendieron por un lapso muy largo e incluyeron la destrucción física de personas (los “desaparecidos”) o la destrucción de vidas en cuanto a la salud y la siquis (colonos, menores abusados). En la justicia alemana, hay, hasta la fecha, total impunidad, a pesar de la información y testimonios que han existido hace décadas… Sabemos hoy con claridad que Colonia Dignidad fue un sistema altamente represivo tanto internamente como en su rol de colaboradora con la DINA en la política de tortura y exterminio de opositores al régimen militar.

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—¿Cómo te enteraste de estos colonos alemanes en Chile?

—En los años ’70 ya sabía de Colonia Dignidad y de su función en el sistema represivo. En cuanto al abuso sexual de menores en forma sistemática y prolongada (desde los inicios de la secta de Schäfer ya en Alemania) me fui enterando de a poco. A finales de los ’90, por los juicios en Chile y después por los testimonios en Alemania, sobre todo a partir de 2011. El nombre de Hopp lo vengo conociendo desde los ’80.

—¿Cuál es la percepción en Alemania de esta “secta” que se instaló en Chile?

—Ha ido variando y, por supuesto, en cuanto a quien se le pregunte. Actualmente, a raíz de la fuga de Hopp y la investigación contra él en Krefeld y sobre todo por la sentencia firme en su contra y de otros por colaboración en el abuso de menores por Schäfer, circula mucha información en los medios alemanes. En el pasado, cuando llegaron las primeras alarmas (la primera por Wolfgang Kneese, quien se fugó de Dignidad en los ’70), hubo círculos políticamente muy influyentes, especialmente en torno al Partido Social-cristiano (CSU), de Baviera, que públicamente prestaron apoyo a Dignidad. La describían como ‘un lugar idílico y un proyecto de colonos alemanes que eran muy cristianos’. También el gobierno, el Ministerio de Relaciones Exteriores y, en general, toda la institucionalidad tardó mucho en tomarle a este fenómeno la dimensión tétrica que tiene hasta finales de los ’80… Hoy eso ha cambiado. No existe quien defienda más a la secta y los medios publican mucho sobre la Colonia, los crímenes allí cometidos y lo escandaloso que es que hasta la fecha no hay justicia para las víctimas.
Y las víctimas, tal como en Chile, tienen un leitmotiv grabado: “si no hay justicia, hay funa”.

La última, de fines de marzo, frente al domicilio de Hopp declaraba a viva voz que hoy “viven aproximadamente 160 personas en la ex Colonia Dignidad. A ella pertenecen un hotel, un restorán, la producción de alimentos, actividad forestal y una cantera de áridos. La Sociedad para la Cooperación Internacional (GIZ, por su sigla en alemán) dependiente del Ministerio para Cooperación Económica, apoya técnica y administrativamente estas empresas”, cuenta Dieter Maier, el organizador de la funa, con mezcla de asombro y enojo.

Lea el reportaje completo en la edición del 26 de abril.