Verónica Villaroel: De diva a maestra

Considerada una de las sopranos más importantes del mundo, Verónica Villarroel está enfocada a compartir la experiencia acumulada en más de tres décadas sobre el escenario. Eso la motivó a crear una academia de canto que la enfrentó a la realidad de quienes carecen de recursos para iniciar una carrera artística. Así nació la fundación que lleva su nombre y que espera movilizar recursos desde el sector privado para formar la nueva camada de artistas.

DISCIPLINA Y EMOCIÓN. “Lo más difícil de mi carrera fue mantener la disciplina. De alguna manera me dividí entre la rebelde y la cantante. Cuando salí de Chile había muy pocos vuelos, no existían las tarjetas de crédito y las comunicaciones eran complejas. No podías estar en permanente contacto. Vivía del hotel al ensayo y sufrí mucho. La parte emocional me costó. No estaba preparada para triunfar ni menos convertirme en una estrella mundial. De hecho, cuando miro para atrás, no puedo creer lo que hice. Cómo llegue a cantar La Traviatta en Covent Garden. ¡Qué osadía la mía!”.

ENSEÑAR. “En esto te termina joven. A los 35 ya eres una anciana y el sistema te saca del circuito pese a que vocalmente estás mejor que nunca. Quieren lo fresco, lo inmediato, pero se olvidan del equilibrio. Claramente Puccini no escribió para niñitas de 15 años. En fin. Por suerte, alcancé a vivir la colita de los tiempos de oro de la ópera y pude cantar con Montserrat Caballé, Alfredo Kraus, Lucciano Pavarotti y Plácido Domingo, entre muchos artistas de primer nivel. Tengo mucho que compartir y quiero que ese sea mi legado cuando muera. Estoy disfrutando la etapa del maestro”.

FUNDACIÓN. “A todos les gusta el proyecto, pero hay poco movimiento. Falta esa generosidad plena. Hay que combatir el hecho de que cada vez hay menos dinero para la cultura. Siento que estoy abriendo una consciencia para escuchar y ayudar al prójimo a través del arte. Quiero marcar una diferencia”.
FUERZA FEMENINA. “Falta más solidaridad entre mujeres. Aquí lidera mucho la envidia y en el arte aún más. Hay que apoyarse y desarrollar la empatía. Para eso es indispensable dejar atrás el ego insano y quedarse con el positivo que es en definitiva el que realmente te permite brillar. Juntas podemos avanzar mucho más y eso aún no termina de ser comprendido”.

CAROL HULLIN, La heroína de La Legua

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Nació en La Legua y a los siete años ya trabajaba como vendedora ambulante, pero Carol Hullin supo torcerle la mano al destino. Su transformación comenzó con un viaje a Australia. Ahí, estudió Bachillerato en Ciencias de la Salud en la Universidad de Melbourne y gracias a su buen desempeño el plantel la convocó a desarrollar su propio proyecto de investigación. Así pasó del cuidado de los enfermos al área tecnológica. El trabajo que hizo al crear la ficha médica electrónica en ese país la catapultó a la dirección de la División de Informática Médica del Banco Mundial en Washington. Hoy, inspira a sus alumnos de la Universidad San Sebastián mientras se prepara —dice ella—para ser candidata presidencial el 2030.

INFANCIA. “Crecí entre campamentos y poblaciones. Mis primeros cinco años fueron muy precarios en gran medida por la alimentación deficiente y la falta de estimulación. Mis neuronas no estaban bien desarrolladas. De niña mis vacaciones eran vender maní en Cartagena. En La Legua te enseñan a ser pillo como una forma de sobrevivencia, pero yo me atreví a reconocer que necesitaba ayuda y a salir de ahí”.

REINVENCIÓN. “A los 22 años, cuando terminé de estudiar técnico paramédico, me cogotearon. Fue en ese momento en que decidí irme de Chile. Mi familia insistió en que me fuera a Australia. Los comienzos fueron duros, pero en ese país sí se respeta la dignidad humana. Siento que recién a los 35 años desperté. Ahí entendí que primero tenía que amarme a mí misma antes que a los demás. Eso les transmito a mis dos hijas. Aunque suene cliché, el amor lo puede solucionar todo y hay estudios muy serios que lo comprueban”.

ESPÍRITU. “Rezo mucho y hago yoga. Siempre estoy buscando conexión conmigo. Más que creer en Dios, lo vivo. Quiero inspirar a otros y para eso tengo que hacer las cosas bien. Si creo que algo va mal, la solución es capacitarme más. Cuando estaba en el Banco Mundial me di cuenta de que había países que estaban legislando algunas de mis recomendaciones. Algo que me parecía inconcebible. Entonces, mi respuesta fue estudiar un Magister en Derecho”.

LA MONEDA. “Volví a Chile para ser presidenta el 2030. Estoy recién en una etapa de capacitación porque quiero entrar a política bien preparada. No lo hago porque me guste sino porque quiero generar un cambio. Visito colegios, comunidades y hago mucho trabajo social en todo el país. Mis votantes tienen hoy entre 8 y 12 años. Son la generación del mañana y se merecen un país mejor. Hoy, no hay principios. Aquí todo se comercializa. Hay que cambiar la Constitución, pero no sobre la base de la ideología sino de la moral y la ética. No puede ser que el derecho a la salud quede resumido en dos líneas que te obligan a elegir entre lo público y privado. Eso ocurre porque el principio es económico y no social. ¡Eso no puede ser!”