Hoy me animé a escribir sobre este tema. Sí, digo me animé porque entiendo que es muy delicado, o por lo menos lo es para mí. Es como hablar de política, economía, religión, futbol, qué se yo… Nunca me intimidó hablar de nada, lo que realmente me pasa muchas veces es el temor de pecar de contradictoria por los sentimientos encontrados que me pueden generar ciertos temas. Hoy quizá en algunas reflexiones suene contradictoria, pero me animo a eso y espero que así sea, porque es lo que realmente siento.

La semana pasada fue el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. No es nada nuevo, data de 1981. En el afán de poner días para conmemorar todo, también lo hicieron con esto. Está el día del niño, el día de la mujer, el día del padre, de la madre, de la Soberanía y el de la violencia contra la mujer. Sí, como si se tratara de una línea recta en donde se cuelgan carteles de conmemoración, o de tapias de ataúdes para recordar a alguien. Siempre me pasó eso con los días conmemorativos.

Como todo gran tema, genera mucha polémica, algo que me encanta, creo que es propio de mi naturaleza por pertenecer al mundo del “cuarto poder”. Polémicas que a veces no hacen más que fortalecer mi teoría sobre los ataúdes; pero algunas otras que me abren un poco la moralidad y me dejan ver más allá de mis propios prejuicios.

Hay muchos tipos de violencias y no todas terminan en muertes. Según índices del Sernam, en Chile muere una mujer cada 9 días por violencia física. Ni hablar de los intentos fallidos. Pero este día se conmemora la muerte y también el resto de todas las violencias que existen, que según psicólogos, sociólogos y especialistas pueden ir desde la cabeza hasta las relaciones intrafamiliares.

Como de todo eso se habla cada 25 de noviembre estoy atenta para ver si es que puedo sacar algo en limpio de todo lo que escucho y leo. Inmediatamente, me doy cuenta, casi como asumiendo una derrota, que lo que me pasa es que me molesta personalmente la manía de los Estados y de los organismos que lideran relaciones entre los Estados, de ponerle títulos emblemáticos a cada cosa importante.

Ustedes me dirán, si no se habla al menos una vez al año este tema no estaría en el tapete, y coincido asintiendo con la cabeza y cayendo en mi primera contradicción. Pero, me pasa que no soy muy amiga de las campañas concientizadoras que aprovechan los días de los ataúdes para hablar de todo y no decir nada. Como yo en estos párrafos.

Freno un poco la moto, y me detengo a pensar que en realidad es más de lo mismo: grandes operaciones mediáticas con temas polémicos en donde nos ponemos la camiseta de la moralidad.

Me doy cuenta en mis reflexiones “antitodo” que lo que me molesta entonces es que todo sea funcional a un gran aparato en donde no se toman decisiones pero sí se construyen conceptos sociales, y desde donde nacen gran parte de las decisiones.

No me amigo con eso, pero cada 8 de marzo sé que me van a decir feliz día, y que mi papá me va a escribir un mensaje diciéndome que soy una de las mujeres más lindas del mundo. Lo espero cada año.

Me quedo pensando también, que hace poco fue el día del hombre y no lo vi en ningún medio, debe ser que no funciona, que no colabora con el gran show. Me acuerdo, con una mueca de sonrisa en la boca mientras lo escribo, de la indignación de un amigo que me dijo que era su día y que ni siquiera su mamá lo había saludado.

Entonces reflexiono sobre el cartel de la violencia de género contra la mujer, y me doy cuenta que no me molestan tanto los carteles, ni las operaciones, sino que nos amiguemos como mujeres a seguir siendo las protagonistas de conceptos y sociedades machistas, tanto como nosotras.

Comentarios

comentarios