Dice el refrán que conversando se entiende la gente. Es cierto y no es malo, aunque no necesariamente ello implica que el acuerdo sea lo mejor para todos, vale decir, consenso no garantiza el bien común. Muchas veces en esta democracia de mercado que tenemos, donde la opinión de una mayoría cuenta en tanto “nicho” con potencial comercial más que expresión de sabiduría, los acuerdos buscan satisfacer al más conflictivo, al poder fáctico, al más rentable, en desmedro de quienes carecen de voz o amplificador suficiente para hacerse oír.

He seguido atentamente el tira y afloja entre algunos vecinos y empresarios de Providencia por la ordenanza municipal que establecía un límite a la venta de alcohol en cinco barrios de esa comuna. A simple vista parece de total justicia que la gente quiera dormir en paz en su casa idealmente la mayor parte de la semana y en especial los días de descanso, pero este derecho se opone al de quienes optan por salir de juerga y el de los emprendedores que aprovechan tal instancia para hacerse el pino vendiéndoles lo que necesiten para enfiestarse. ¿Cuál es más importante?

En un intento por responder esta pregunta los vecinos aseguraron que existía una relación directa entre consumo de alcohol en la madrugada y delincuencia, dato que fue rebatido incluso por la autoridad policial, según la cuál la mayor parte de los ilícitos en Providencia se producen durante el día (versión que, dicho sea de paso, le viene como anillo al dedo para explicar el impresentable abandono en que se encuentra la ciudad durante la madrugada, algo que lamentablemente hemos podido constatar en que ni los operadores de las cámaras de seguridad son capaces de denunciar un crimen que está quedando grabado en video). Algunos empresarios, incluso, llegaron a plantear que en determinados sectores se ha configurado una relación virtuosa entre demanda y oferta por entretención, por lo que quienes prefieran utilizar sus casas para descansar por la noche bien harían en mudarse. No sorprende en un país donde muchos creen que actividad comercial es sacrosanta y está por sobre cualquier cosa.

Según el municipio la ordenanza se basó en consultas ciudadanas que, lógicamente fueron desacreditadas y deslegitimadas por sus detractores. Es cierto que pudo hacerse mejor, pero algo me dice que la presión de don dinero habría sido igual.

Después de tanta polémica los vecinos y locatarios del barrio Bellavista llegaron a un acuerdo: de domingo a miércoles el carrete será hasta las 2 AM, tal como establece la ordenanza, mientras que jueves, viernes, sábado y víspera de festivos será hasta las 4. Aunque aún falta la opinión del Consejo Municipal, es de suponer que esta salida sea reafirmada y tomada como ejemplo para los otros sectores en la polémica.

Algunos dirán que se trata de una solución “salomónica”, sin duda ignorando que aquella expresión deriva de un episodio en que el bíblico rey sabio ordenó cortar por la mitad a una guagua para dejar contentas a dos mujeres que la reclamaban como suya… Todo era un ardid para que la verdadera madre se revelara: ella no permitiría que su hijo muriera y estaría dispuesta a darse a la otra mujer para salvarla.

¿Qué valor intentaría preservar un sabio en este caso? Me pregunto convencido de que no todas las partes tienen razón: el derecho a hacer un negocio, el de carretear y el dormir tranquilo en la propia cama sin que borrachines ruidosos y desconocidos lo impidan, perdónenme, pero no valen lo mismo.

Si el lector ya sospecha que yo apoyo la ordenanza original, está en lo cierto. Pero mis razones son otras: me parece imperioso propiciar un cambio cultural en que el consumo de alcohol en exceso, la borrachera impresentable, sea vista como una degradación de la dignidad humana además pone en peligro la propia vida y la de otros. Entendámonos, no soy precisamente un abstemio, muy por el contrario, pero estoy convencido de que mientras más tarde comience alguien a tomar, más temprano podrá aprender a matizar su anhelo de diversión con un abanico amplio y variopinto de posibilidades y variedades gourmet, no solo de bebidas espirituosas.

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