Aunque no le gusta la sola idea de que le puedan decir Primera Dama, ella es, ¡qué duda cabe! la que gobierna en la casa. Desde la cabecera preside la mesa, organiza los encuentros familiares y lo celebra todo. Nadie se escapa a los cumpleaños en casa de los Aylwin y hasta los nietos se celebran allí. Le dicen Ita y corre con ellos al dentista o a buscarlos al colegio.

Quienes la conocen dicen que es una excelente dueña de casa, sin ser doméstica. Y que no se inmuta si llega de improviso un ministro y el menú es charquicán. Desde hace quince años sus días inician muy temprano con yoga o se deja horas para jardinear o para caminar. O para salir con su hermana Mercedes, casada con Hugo Trivelli, su vecina desde hace treinta años. Nadie se asombra al verla salir, canasto en mano, a la feria. Es, dece, de las cosas que espera seguir haciendo.

Ordenadamente había hecho un borrador para esta entrevista, con los temas que quería tocar y los que no. “Es que soy mucho mejor para escribir que para hablar”, explicó.
Lo que no quería, en realidad, era romper el cerco de su intimidad. Está empeñada en mantener privada su vida privada, lo que incluye casi todo. Pero entre café y cigarro se fue soltando. No le resultó fácil, porque es introvertida, quitada de bulla. De pillizcos logramos saber algo de Leonor Oyarzún.

Desde el 29 de septiembre de 1948 es Leonor Oyarzún de Aylwin. Diez meses después de conocer a Patricio estaban casados. Vivieron los primeros meses en San Bernardo y luego en Santiago, donde empezaron a nacer, bastante seguidos los hijos: Mariana, Isabel Margarita, Miguel patricio, José y Francisco. Los mismos que hoy se turnan para acompañarlos en las giras y están de cabeza en la campaña.

Pero aunque él es el candidato a Presidente, es ella quien mantiene unido al clan Aylwin, no sólo a sus hijos, sino a hermanas y cuñadas. Tal vez porque fue la mayor de seis hermanas Oyarzún Ivanovic. O tal vez porque su padre, abogado, rector del liceo de Antofagasta y luego síndico general de quiebras en Santiago, murió cuando ella era muy joven y tuvo que colaborar con su madre, siente una especial responsabilidad hacia su familia.

Los Aylwin Oyarzún no se pierden esos veraneos achoclonados en el lago Llanquihue casa febrero. Aunque tal vez este año, de mediar segunda vuelta, se rompa la tradición. Antes, cuando los niños eran pequeños, veraneaban en Agua Blanca, en Los Ángeles. Allí, en contacto con la naturaleza, Leonor andaba a sus anchas y caminaba y caminaba. Ahora se escapan cada vez que pueden a Algarrobo en la soledad del invierno. Nunca en verano.

LA POLÍTICA

–¿Cómo es estar casada con Patricio Aylwin?

–Para mí ha sido fantástico. Hemos tenido una muy buena relación y la verdad es que, a pesar de que Patricio ha sido un político, la vida política no ha interferido en el desarrollo de mi familia.

–¿Y a usted, le gusta la política?

–He aprendido de la política a través de mi matrimonio; soy militante democratacristiana y participo de todos los postulados de la DC, pero la verdad es que siempre mi vocación ha sido la acción social.

Y recuerda las primeras cooperativas de trabajo, cuando las mujeres comenzaron a organizarse en la población San Gregorio, hace ya treinta años. Y cuando Maruja Ruiz-Tagle de Frei transformó el Ropero del Pueblo en Cema, Leonor Oyarzún fue su primera vicepresidenta.

–¿Usted es orientadora?

–Sí, siempre trabajé en centros de madres en la promoción de la mujer. Pero me di cuenta de que era necesaria más preparación que la que tiene una voluntaria y estudié orientación familiar y juvenil.

Desde hace quince años integra el centro Crecer, de orientadoras familiares. “Congeló” su trabajo al menos por este semestre. “Porque el grupo no era confesional ni político y en las poblaciones nadie sabía que yo era la esposa de Patricio. El no mezclar la vida de mi marido en esto me ha ayudado mucho. He conocido familias de todos los tipos sociales y he visto sus problemas, que me interesan enormemente. Es un trabajo que tiene una proyección muy grande en un futuro gobierno democrático. Ni siquiera digo en el gobierno de Patricio Aylwin”.

–¿Por qué, no tiene seguridad?

–Tengo la seguridad, pero creo que lo más importante es no adelantarse a los hechos. Y creo que un futuro gobierno debe impulsar todos los proyectos posibles de unidad de la familia.

–¿Qué proyectos le gustaría impulsar?

–No quiero adelantar mucho. Pero se trata de fomentar proyectos orientados al desarrollo de todos los miembros de la familia, de la pareja, los jóvenes, los niños. Porque además de las satisfacciones básicas como vivienda, educación y salud, está la necesidad de encuentro, de recreación y esparcimiento, de incorporación a la cultura y al arte. Pero no quiero adelantar ningún proyecto. Eso tiene que salir el 14 de marzo.

–¿Y qué cree que puede hacer el gobierno de Aylwin por esta familia chilena?

–En el programa de la Concertación está el proporcionar muchas más oportunidades de trabajo, de educación y salud, el tratar de que la vivienda sea más digna para que esa familia pueda reencontrarse. Pero otra cosa importante sería que Chile recuperara los valores que lo hicieron grande, como la austeridad, la honestidad, el esfuerzo, una forma de vida sólida en principios y que eso pudiera ser un reflejo de la sociedad chilena.

LOS DESAFÍOS

–Usted es una persona austera, bastante conservadora en sus gustos y en su ropa…

–(Se ríe) He llevado una vida sencilla, ésa es la verdad. Mi casa es la misma casa que tenemos hace treinta años, trato de mantenerla lo mejor posible, pero no es mi fin tener cosas lujosas, sino algo cómodo y acogedor. Y en cuanto a mí, siempre me he preocupado de mi persona pero en forma sencilla.

–¿Pero se permite alguna vanidad, señora Leonor?

–¡La preguntita! Es que me gusta ser clásica, ésa soy yo. Pero lo paso muy bien. Tengo una situación económica que me permite vivir cómodamente dentro de la sencillez, lo que en Chile es una gran cosa.

–¿Y en sus ideas, es conservadora?

–En nada, en nada. Todo lo contrario. Esa es también una característica de Patricio. Patricio es una persona de gustos muy simples y vida sencilla, y sin embargo es un hombre moderno con respecto a su concepción de la sociedad. Esos son los valores que se aprenden en la familia.

–¿Cómo se siente ahora que ha tenido que cambiar tanto su vida?

–Eso me lo preguntan mucho. Es que creen que soy una persona muy metida en mi casa. Y la verdad es que siempre me las arreglé para que mi casa funcionara bien y poder hacer, a la vez, lo que yo quería.

–Pero, ¿qué pasa cuando llega a una etapa de su vida en que quiere descansar y le cae esta revolución encima?

–Pero es que ¿qué significa el descanso? Siento que en la vida hay llamados y que cada uno tiene su función que cumplir a la edad que le toque. Muchas veces te puede tocar que a estas alturas de tu vida tu marido esté enfermo y lo tengas que cuidar. Y resulta que si Dios te ha puesto un desafío como éste, en que sientes que hay un deber que cumplir con respecto a ti mismo y a los demás, bueno hay que aceptarlo.

–Se lo pregunto porque mucha gente dice que Patricio Aylwin es candidato a pesar de su familia.

–No. Hay dos cosas. O tú sientas a un hombre en tu casa a jubilar o lo ves crecer y desarrollarse en plenitud. Creo que eso es lo importante y hay que aceptarlo con alegría.

–¿Usted también respeta las siete horas de sueño y su media hora de siesta?

–No, yo no duermo siesta. Generalmente nos acostamos temprano y en este tiempo hacemos poca vida social, porque es necesario estar en soledad. No es que seamos solitarios, sino que uno no se puede sumergir en un vértigo de vida que te impida pensar, descansar y comunicarse. Siempre hemos sido de una vida social discreta, pero hemos compartido con muy buenos amigos.

LOS TEMORES

–Si llega a ser la señora del Presidente, ¿cómo preferiría que la llamaran?

–No sé pues, eso tienen que inventarlo ustedes. Me gustaría que me dijeran señora Leonor o doña Leonor, como me dicen en las poblaciones. Porque el que mi marido tenga una situación importante en el país significa que él y yo somos tan chilenos como cualquier otro, y estamos al servicio de nuestra patria y nuestros ideales.

–¿A qué Primera Dama de este país o del mundo admira?

–Me encanta Barbara Bush, porque ella es muy auténtica, ha conservado su sencillez, sus canas, su modo de vestir. Tiene una linda familia y a la vez tiene preocupación por lo que está sucediendo en su país y siento que tiene una gran vocación de servicio. Es una mujer que ha aceptado esto con mucha alegría.

–¿Me quiere contar quién fue la Meche, Mercedes Sepúlveda?

–La Mercedes… (se emociona) La Mercedes fue la nana que crió a todos mis niños y que vivió aquí en la casa 37 años y se murió aquí en la casa con un cáncer terrible. Y todos participamos de esta enfermedad con mucho cariño para hacerle los últimos días más fáciles. Los niños la querían mucho. Le decían la mamita.

Lo que no cuenta es que cuando la Mercedes enfermó, la trasladó al dormitorio al de ellos y que le cuidó sus toses y sus malas noches. Y que el único hijo de Mercedes, el Tito, se crió como uno más de la familia y hoy es profesor. Tampoco cuenta que Ana, que trabajaba en su casa, entró a la iglesia del brazo de don Patricio, quien hizo de padrino, y que luego festejó el matrimonio en su casa. También en la casa de los Aylwin, en Algarrobo, se celebró un matrimonio que los pescadores de El Litre recuerdan el de la hija del Keko y la Gabriela, los cuidadores de su casa.

–¿A qué le teme más Leonor Oyarzún?

–A estar retratada en Caras, que está en todas las peluquerías, y que me vean todas las mujeres de Santiago. (Y se ríe con ganas). No es temor, lo que pasa es que quiero a toda costa resguardar mi vida privada.

–¿Nunca ha sentido temor de que le pueda pasar algo?

–Nunca he sentido mido. Soy una persona de calma y de paciencia y nunca me paso películas de lo que pueda suceder. Soy muy pegada al presente, al aquí y al ahora. Lo único malo es que hoy Patricio no pueda salir a caminar. La otra cosa que no me gusta son estos resguardos policiales. Yo sé que la seguridad es imprescindible en este tiempo, pero tengo el esquema de presidentes democráticos que caminaban solos por la calle y se paseaban y esa parte me cuesta mucho.

–¿Es muy sobreprotectora con su marido?

–¿Yo? Es que a Patricio es imposible sobreprotegerlo. Hemos hecho una vida muy compartida, en que ninguno ha sobreprotegido al otro. Me preocupo de sus cosas, de que tenga todo lo que necesite. Y lo acompaño mucho. Cuando veo que Patricio llega a las concentraciones y la gente se acerca, se abalanza y lo abrazan y lo tocan, siento que eso ayuda a no crear distancia. Es como el advenimiento de un nuevo estilo de vida. Que el país sienta mucho más cercaba a la persona que los va a representar.