Por Lucy Willson      Fotos Rodrigo López Porcile

Un grupo de chilenas comenta con CARAS la novela erótica Cincuenta sombras de Grey. Hablaron de sadomasoquismo, sumisión, control y el nuevo hombre que se busca más allá de las sábanas.

—Ana: ¿Eres un sádico?.
—Christian Grey: Soy un amo.
—Ana: ¿Qué significa eso?
—Christian Grey: Significa que quiero que te rindas a mí en todo voluntariamente.
Esa relación de ‘sexo duro’ y por contrato es en la que se involucra la virginal universitaria Anastasia Steele —Ana—, tras conocer al joven ejecutivo Christian Grey. El cumplirá su propuesta erótica, pero lo que desconoce la protagonista es que junto con el placer, también encontrará el dolor a punta de castigo físico, con esposas, látigos y otros instrumentos. Ese es el camino de romance y sadomasoquismo que sigue la novela Cincuenta sombras de Grey, sensación mundial que ya tiene cuerpo de trilogía y como autora a E.L. James (Erika Leonard, su nombre real). Escritora que no es una escort o sexóloga, sino que una dueña de casa británica, casada, con dos hijos adolescentes. Y, por estos días, millonaria.
El título se alzó como un fenómeno cultural. Con más de cuarenta millones de ejemplares vendidos (batió récords de Harry Potter), tiene a mujeres lanzándose a sex shops en busca de elementos de ‘tortura’. También a neofeministas defendiendo el rol sexual de ‘sumisa’, críticos despedazando su prosa, productos con su nombre, además de una industria que se sube a esta fiebre bautizada como mommy porn (pornografía para madres).

¿Aporte literario? Quizá no. ¿El libro del año? No hay duda. Lo aman o lo odian, pero todos tienen una opinión de él.
Invitamos a cinco mujeres a leer la novela para entender el revuelo. Aceptaron nuestra ‘propuesta indecente’ la senadora Ena von Baer, Liliana Ross (de la teleserie La sexóloga), la escritora María José Viera-Gallo (nominada al Premio Herralde por Memory motel), la conductora de Canal 13 Lucía López, junto a la actriz y cantante Denise Rosenthal. Tras recorrer las acaloradas 541 páginas, el grupo se reunió a compartir impresiones un viernes por la noche, con champaña y música electrónica en la terraza del exclusivo Hotel Noi.
Primera ronda de copas desde la barra y parte la conversación. Un pimponeo que fluye natural. Análisis de texto que entra pronto al papel de la mujer como esclava sexual. Advertencia, la siguiente charla incluye algunos detalles específicos de la novela y su desenlace.
Mujeres01—¿Les gustó el libro?
—Liliana: No es el Ulises, de James Joyce (se ríe). Es un best seller con personajes atractivos.
—Ena: Es muy simple. Pero —cuando uno adquiere un poco de distancia— encuentras cosas que tocan a toda mujer. Se me hizo rápido porque no es una lata… (risas).
—Denise: Me puse a llorar al final. Soy muy romántica. Me atrapó y quería seguir con la segunda parte.
—M. José: Yo tenía curiosidad. No compro best sellers. Pero este es un libro que lo están leyendo millones de mujeres en el mundo, así que sí me interesaba el fenómeno. Hasta llegué a fantasear que era un gran título. No era tal… (risas), pero no importa. Las partes del sexo son buenas y cuando se pone más hardcore está muy bien logrado. E.L. James es una gran escritora porno. El cuento de hadas me pareció fatal. Tampoco empaticé con el personaje masculino, me pareció demasiado fuera de la realidad: millonario, guapo…
—Ena: Y Christian Grey lleva a Ana a una degradación súper fuerte. No desde el punto de vista sexual, sino que por este ‘contrato’. Sentí que Ana todo el tiempo trata —como se ve mucho en las mujeres— de redimirlo. ‘Llevarlo a la luz’. Eso me complica del libro.
—¿Qué les parece una virgen de protagonista?
—Liliana: Lo comparé con la Corín Tellado, pero con exceso de sexo. Recordé esa frase de Oriana Fallaci que dice: el dinero es muy erótico. Ana se enamora de este tipo lindo, que se viste regio y con autos caros. Lo que menos me gustó es que está siempre sometida a las reglas de Grey.
—M. José: Ese es el juego. El tema del libro es el sexo, pero en la práctica sadomasoquista donde hay un amo y una sumisa. Hay una tradición de literatura erótica en eso, desde El marqués de Sade. Concuerdo contigo (Ena) de que es mentiroso que ella quiera cambiarlo. Ana lo está pasando bien. Disfruta ser sumisa. Leí un sondeo en España que arrojó que el ser ‘sumisa’ y ser ‘como violada’ es una fantasía erótica del 45 por ciento de las mujeres.
—Ena: El libro toma la fantasía de un príncipe en el caballo blanco que te viene a solucionar la vida. Y Grey llega como mezcla de papá-protector. ¡Me produjo decirle a Ana que se rebelara!
—¿Les parece que ella lo pasaba mal?
—Denise: Es interesante que sientan de distinta manera. Yo leí sin pretensiones. Me dejé llevar por los sentimientos de Ana y los míos.
—Lucía: Me pasó como a Denise. Yo, en una actitud enfermiza, hubiera aguantado más. Quizá mi agonía hubiera sido más lenta e igual habría huido.
—Denise: En mis relaciones nunca había tenido nada como…
—M. José: Kinky (pervertido)…
—Denise: ¡Nunca! Soy súper romántica. Para mí el acto sexual es algo entre personas que se aman y disfrutan… Entonces pensaba: Ah, quizá no es tan terrible como parece…
Mujeres02—M. José: El parte diciéndole: No te voy a hacer el amor, te voy a dar sexo duro. Y a cualquiera que la ponen en esa situación, le gatilla la fantasía de enamorarlo. Y en ese desafío Ana se va encantando con esto de pasarlo mal y bien, lógica del sadomasoquismo.
—Ena: Existe esa parte sadomasoquista en que dices: bueno, ya. Pero el cuento de que quisiera comprarle la ropa, saber siempre dónde estaba, etc. ¡Uff!
—¿Qué les parece que Grey esté dañado por culpa de una mujer?
—M. José: Es moralista decir el hombre que tuvo una infancia infeliz y madre castradora va a caer en el sadomasoquismo. Prefiero pensar que es sólo un sujeto que le gusta este tipo de sexo. Y hay millones como él. Es una subcultura en el mundo. En Chile, que es un país católico y culposo, el tema es tabú. Todavía es visto como un desvío mental. El es un sádico y sólo conoce este tipo de sexo. Lo que también es triste, porque uno igual puede olvidarse del látigo un rato.
—Liliana: ¡Este libro es casi una clase para esas sajonas! Le hizo tal cosa, eso, lo otro.
—Ena: A mí me evocó —y sé que es llevar el argumento más allá— pensar en una mujer maltratada. Y volví a la pregunta: ¿por qué no abandonan eso?
—¿El buen sexo es gancho para no dejar a un hombre?
—Liliana: ¡Uff! Ana tiene un wishful thinking, porque cada vez que ve a Grey ¡entra en un ardor!
—Denise: Me llamó la atención que cada vez que se veían tenían sexo. ¡Como cuatro veces al día!
—Lucía: ¿No les ha pasado con alguna pareja durante el primer mes están como pegados?
—Denise: Pero el sadomasoquismo es distinto a una mujer que es agredida. Acá hay alguien que acepta, porque se da una relación de confianza.
—Ena: El punto está en que si ella lo acepta o no. Y Ana no lo acepta.
—Lucía: Los dos son extremos obsesionados con el control.
—M. José: Allí está el cuadro: el sádico y la masoquista. La ecuación perfecta.
—¿Por qué las mujeres ya no quieren metrosexuales y exigen hombres ‘alfa’, a lo Don Draper, de Mad men?
—M. José: Es lógico. La generación de mi madre, que era feminista, tenía como lucha empoderarse y liberarse en el ámbito sexual y pedir, si era posible, un vibrador. Prescindir del macho. Y lo que hay ahora, especialmente en el Primer Mundo, son mujeres que son jefas en el trabajo y la casa. Lo que les falta a los hombres es que vuelvan a su lugar. Y el neofeminismo está relacionado con hallar esa cosa pasiva femenina.
Lucía: Adapté fácilmente el libro a mi experiencia. Aunque no me ha tocado ningún Christian Grey…

Mujeres03—TODAS: ¿NADIE CON EL LÁTIGO? ¿El paseo en helicóptero? (risas).
—Lucía: ¡No me ha tocado la fusta de cuero trenzada! ¡Pucha!
—Liliana: ¡Cardoen tiene helicóptero!
—Lucía: Entendí el verdadero placer sexual. ¡Vamos al grano! Y vuelvo a la duda, ¿si eso pasa por la libertad o por no tener miedo a perder el control sobre una misma? La sumisión tiene mucho que ver con la confianza. Hallar a una persona a la que entregarse. ¡Y por completo! Le decía a mi marido, con este libro estoy entendiendo por qué estoy pegada a ti todo el día. Creo que eso una mujer empoderada le cuesta aceptar. Esta moda del sadomasoquismo es la versión un poco forzada de querer liberarse de este autocontrol.
—M. José: Y son necesidades mentales. No se trata de que las mujeres vayan a clubes sadomaso a que las agarren a látigos. Pero la norteamericana está volviendo a sentir libido. Y por eso es que The New York Times habla de este género como mommy porn, porque la mayoría son dueñas de casa que no leían un libro hace 15 años y que, de repente, gracias a este título dicen tengo ganas de volver a tocar a mi marido.
—¿Mujer casada, mujer lateada?
—Ena: La mujer hoy tiene una presión súper fuerte: estar bien en el trabajo, cumplir con los niños, el marido y la casa. Y al final del día llegai a tu casa tan agotada, que el tipo que tienes al lado lo ves, te das media vuelta y te dormís. Entonces, no te puedes conectar y darte tiempo para decir qué rico estar contigo, sentirte. Es ahí cuando las mujeres lo único que queremos es que llegue un Christian Grey que se haga cargo de todo.
—Liliana: Pero quisiera un Grey que dijera ¿qué quieres que te haga?, y no que imponga.
—Ena: Mi tema con el libro no es la parte sexual. Cada uno verá. Lo que me violenta es que él la trata de controlar en todo.
—Lucía: ¿Qué importa jugar a que alguien te quiera controlar un rato?
—Ena: Es que no es el mismo juego.
—Denise: Hay que dar y recibir. Ese control de que habla Lucía vale si una sabe lo que no quiere transar.
—¿Encuentran el libro erotizante?
—M. José: Sí.
—Liliana: Yo no. Lo hallé como una explicación médica.
—Lucía: ¿Y cuando ibas leyendo, no pasaban esas mismas cosas por tu cuerpo?
—M. José: Hay descripciones del acto sexual que están bien hechas. En mi primera novela (Verano robado) había harto sexo y me juzgaron. Y es ficción. Cuando las mujeres escriben del sexo creen que es su vida y les parece raro. A mí me gusta que exista una mujer que lo haga. Creo que la literatura erótica merece un segundo renacimiento.
Mujeres04—Se habla que leer es peligroso, porque da libertad para ir a lugares que son ilícitos…
—M. José: Este libro partió como best seller, ya que se disparó como e-book. Ha sido el primer hit en ese formato, porque estoy con mi iPad y nadie sabe que estoy concentrada en Grey. Entonces, las mujeres pueden estar en la consulta del dentista o en el kindergarden del hijo y leyendo “me toma y me da latigazos”.
—¿Las tablets han creado una nueva intimidad con el libro, más liberadora?
—Ena: Hubiese encontrado mucho más transgresor si se leyera en papel. Porque al final del día hay un rollo con la moralidad. Te ponen el libro como algo ‘malo’ por como es Grey.
—Denise: Y él no es tan así.
—¿Es para leer de a dos?
—Denise: Mi pareja me preguntaba todo el rato qué decía.
—Lucía: Le leí unos pasajes a mi marido en la cama… Al día siguiente me escribió por Blackberry: “Prepárese otra página para esta noche”. Allí le respondí “no te preocupes, cada dos hay un revolcón”. El libro me pareció erotizante. Es bueno para los hombres; y no es porque quiera la fusta de cuero trenzado.
—¿Por qué no llegar a látigo?
—Lucía: Porque encontré el lugar donde quería llegar sexualmente con mi pareja. Lo mío ahora va por algo muy delicado.
—Ena: Por la caricia.
—¿Hay alguna escena que recuerden de manera especial?
—M. José: Aquella de la tortura. Con Grey poniéndole música clásica a Ana en unos audífonos, mientras le provoca dolor a golpes. ¡Es un ritual!
—Liliana: Cuando Grey la va a ver a su casa. La primera vez que se mete en su cama.
—M. José: A mí también. Es bueno ver a un hombre que haga lo que tiene que hacer.
—Ena: Mientras nuestras mamás lucharon para que nosotras lográramos lo que tenemos, ahora las mujeres buscamos a alguien que tome la iniciativa.
Mujeres05—¿Es la mayor ficción del libro que Ana siempre tiene orgasmos?
—M. José: ¡Y a la primera!
—Liliana: Era envidiable.
—Lucía: Lo encontré fantástico.
—Ena: A mí me produce dudas (ríe).
La cita llega a su fin, pero antes de partir la parlamentaria toma la palabra para su última duda sobre Cincuenta sombras de Grey.
—Ena: Quiero preguntarles, ¿ven el libro como algo liberador para la mujer?
—Lucía: No. Sí veo al libro como una invitación a experimentar la sexualidad.
—Denise: A descubrirse.
—Liliana: A exigir el derecho a tener un sexo bueno.
—Ena: ¡Esa es la frase! El título (ríe).