La falta de tino de algunos líderes de nuestra Patria, la verdad, no me sorprende. En primer lugar, son hombres, y según he aprendido de la neurociencia (gracias a esa magna universidad que es internet) una parte importante de sus neuronas las ocupan en pensar asuntos poco santos. Es parte de su ‘naturaleza’. Y, claro, como andan en campaña, sus mujeres tienen la excusa perfecta para evadir los deberes maritales. Resulta predecible, entonces, que el inconsciente los traicione y, a falta de buen sexo, aparezca el cavernícola de las palabras, la bestia de la oratoria. Por eso, en lo que Freud llamaría un acto fallido, de tanto en tanto se les escapa alguna frase o gesto de mal gusto que a las mujeres de bien nos provoca algo de rubor.

No se trata de un fenómeno nuevo ni exclusivo de nuestra clase política. Silvio Berlusconi presumió sin pudor de que un alto porcentaje de las italianas más jóvenes y bonitas deseaban acostarse con él. “El resto ya lo hizo”, declaró el ex primer ministro de un país –Italia- que vio nacer a la civilización occidental tal cual la conocemos.

Aquí en Chile, si retrocedemos en el tiempo, Arturo Alessandri Palma le respondió a un grupo de distinguidas mujeres: “Señoras, arriba o abajo, me gusta igual”. Las aludidas portaban carteles de protesta con la leyenda “Arriba los militares, abajo Alessandri”. Ingenioso, pero poco sensible el ex Presidente.
Pues bien, todo esto es para decir que ninguno de los aspirantes a ocupar La Moneda me parece un caballero de verdad, por la sencilla razón de que se trata de ‘machos alfa’, o sea, con demasiada testosterona circulando en sus cerebros. Un ‘macho alfa sensible’ es, por decir lo menos, una contradicción hasta biológica.
Por defecto, la única opción no machista es la Beatriz Sánchez, quien no para de tratar a su marido como un tal “Aravena” lo que provoca en mí una curiosidad insana: o el tal Aravena es un macabeo de manual o la candidata conquistó de verdad al hombre nuevo; a ese que aún está por nacer en un futuro mejor.

¿Cómo olvidar la felinesca escena en que el candidato Guillier apareció en una foto junto a una muñeca inflable junto a otros próceres? El mismo reconoció que, una vez en casa, su mujer lo retó de lo lindo. ¿Lo imaginan intentando después echar una canita al aire con la señora ofendida? Difícil.
También tenemos el caso de Felipe Kast, quien hasta se disfrazó de mujer para congeniar con nosotras. Aparte de que el color del rouge no le quedaba, dudo que su esposa vuelva por un buen tiempo a mirarlo con ganas luego que todo Chile lo vio con aros y peluca.

Sobre Piñera, bueno, ya sabemos que sus bromas son copiadas del repertorio de Checho Hirane, o sea, falta de tino e ingenio juntos. El otro, el candidato joven -Alberto Mayol creo que se llama- tiene la ventaja de pertenecer a una generación con menos taras.
Puede que MEO sea la excepción porque algo tiene de metrosexual, a lo Emmanuel Macron. El problema es que, por lo mismo, no califica para macho alfa en estado puro que es de lo que hablamos. A lo mejor lo logra en Francia y con reencarnación de por medio.

Y, bueno, está Ossandón a quien en esta pasada prefiero omitir ya que demostró ser un hombre aferrado con dientes y uñas a las tablas de Moisés y, en consecuencia, para él los asuntos de la carne están limitados al noble acto de la reproducción.

Quizá me equivoque. Cabe la posibilidad de que nuestros próceres tengan una vida amorosa de película, como para sacar pica al resto de los chilenos que apenas raspamos la olla. De ser así, resultaría todavía más imperdonable tanta talla de colegial circulando sin respeto por quienes tenemos como única bandera mantener las buenas costumbres.

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