“¿Qué irán a pensar las mujeres en la casa cuando la vean?”. “Se van a mirar al espejo y se van a  frustrar”. El nivel de rudeza que desató la última portada de Cecilia Bolocco fue de impacto. Y no hacia la ex Miss Universo, sino que a sus contemporáneas que comparten década con ella y caminan con seguridad impactante por Santiago y el resto del país.

¿Empinada en los 40 y estupenda? Imposible, según los comentarios en medios y redes sociales. No hay peor ciego que el que no quiere ver, incluso cuando las pruebas de que existen maduras guapas (arregladas, tonificadas y a la moda) están sentadas en sus propios paneles, radios y oficinas. Sin producción ni maquillador.

Muchas consignas de que los tiempos y las mujeres cambian, pero en lo concreto no se logra nada. Es más cómodo ver como ejemplo lejano de esa realidad a nombres como Halle Berry (46), Gwen Stefani (44), Rachel Weisz (43), Julia Roberts (46) o Demi Moore (51). Dar visibilidad a las amigas de esas mismas edades no nace. Figuras políticas, celebridades, académicas, ejecutivas y parientes que también se ven espectaculares —y que no están en Hollywood— son anécdotas o ultra peladas.

Y cada vez son más. Usan la BIP y manejan con TAG. Hacen campaña electoral con jeans a la cadera, sin nada que se asome sobre el cinturón y se toman los parques corriendo mejor que en sus años de colegio.

Pero impera la suspicacia y la etiqueta. Pasados los 40 si salen con un hombre menor se las define como pícaras con un toyboy. O, si es obvio su potencial erótico y despiertan fantasías, se las llama MILF.

En CARAS se presentó hace unos meses esa diversidad inversa en el segmento maduro. Con una mirada estilosa se mostró a esas chicas en el ‘Ecuador de la vida’ (bautizadas como softies en una portada). Una exportación al papel de que hay algo allá afuera… Hasta en el gabinete (Te ves regia, Ximena).

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