Por años fueron un interlocutor difícil en lo que a emisión de gases de efecto invernadero se trataba. Me refiero a Estados Unidos y a su actitud frente al Protocolo de Kioto. Como una especie moderna y primermundista no lograba aceptar disminuir sus emisiones mientras observaba que el resto del mundo intentaba al menos hacer algo por el tema. Eso a pesar de estar a la cabeza, junto con China, como los países que emiten mayor cantidad de gases. Como si fuera poco rechazó, en su momento, firmar el mencionado acuerdo. 

Hace pocas horas vimos que esa nación dio un paso importante y de la boca del presidente Barack Obama escuchamos que “el cambio climático no es un problema para otra generación. Ya no”. Dijo también que se aplicaría una normativa que ayudará a combatir ese problema.

De esta forma y con la implementación del “Plan energía limpia” no sólo se haría cargo de una deuda moral pendiente de su país con el resto del mundo, sino también de una deuda política. Eso porque en sus inicios en la presidencia el tema estuvo vigente, claro que ya instalado en el poder otros ocuparon su lugar.

Su propuesta actual apunta a la reducción de emisiones de las plantas energéticas un 32%  para el 2030, tomando como punto de comparación el 2005.

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