Está claro que le gusta la Confitería Torres. Al local de Alameda nos citó para esta entrevista que interrumpe sus vacaciones. Andaba por la Carretera Austral. Relajado, afable, el senador socialista por Los Lagos y presidente de la Cámara Alta nombra a los mozos por su apellido. Ellos lo saludan como si fuera de la casa. En el local del mismo nombre que está bajo el Palacio de La Moneda celebró su matrimonio con la periodista Ximena Tricallota, hace tres años. Los casó el padre Fernando Montes. Entonces se definió como “marxista católico”.
—¿Qué es eso? Explíquemelo.
(Larga una carcajada.)
—¿Por qué tengo que explicárselo? ¡Es de las más antiguas tradiciones del socialismo criollo!
Cuando se le consulta si cree en Dios, si es hombre de fe, dice: “Claro”. Y se encoge de hombros.
—Una versión en internet afirmó que usted contrató a su mujer como asesora con un sueldo de tres millones y medio de pesos. También, que usted ganaría 20 millones al mes. Leí el desmentido del Senado, pero quiero que se haga cargo acá de esto.
—Siempre hay gente interesada en lanzar calumnias de este tipo y la vía de internet es la favorita porque permite anonimato. No tengo ningún negocio privado. Espero contar con algo extra por el libro De Allende a Bachelet, que publiqué el año pasado. Mi único ingreso es el de senador.
—¿Cuánto gana?
—Ocho millones brutos, de cuatro millones 800 mil pesos líquidos, más o menos. Y sí,  efectivamente, mi mujer trabaja todo el día en mi oficina. Ha sido mi asesora por seis años.
—¿Y le paga?
—Un millón 100 mil pesos mensuales bruto.

Camilo Escalona asumió como presidente del Senado el 20 de marzo de 2012. Segundo socialista en el cargo —después de Salvador Allende, hace 40 años—dice que su prioridad ha sido “instalar el tema de la desigualdad”. Y cuando este mes deje el sillón al senador DC Jorge Pizarro, volverá a pos ular a la X Región. “Entraré a las parlamentarias después de entregar la presidencia. He querido mantener riguroso respeto con las normas institucionales y reglamentarias de la Cámara”.
—Alguien podría pensar que se está guardando para un cargo como ministro de Bachelet.
—Sinceramente, no es parte de mi decisión.
—¿No quiere tentarse?
—Los dirigentes políticos que tenemos el compromiso más férreo con el gobierno de ella debemos postular a lo más difícil, en este caso, el Senado.
—¿Qué pasaría si le ofrece Interior?
—No me pongo en ese caso porque espero ser elegido senador. Sería absurdo dejar mi cargo.
—¿Está seguro de que Bachelet se presentará como candidata y ganará?
—Tengo un juicio político, no una fe metafísica. Michelle cuenta con una trayectoria pública muy extensa, que el país conoce particularmente desde que fue ministra de Salud, pero viene de mucho antes, desde la Juventud Socialista. Su compromiso la llevará a una sola decisión: presentarse.
—Habrá escuchado comentarios sobre que no tiene opción, que las presiones…
—Sí, lo dice incluso gente cercana a mí, pero están equivocados. Esta es una discrepancia que tengo también con el presidente del partido. Ella no lo hará por obligación, es algo de conciencia.

Afirma que durante el mandato Bachelet “Chile cambió profundamente y su segundo gobierno será distinto porque existen factores que configuran la necesidad de un nuevo programa. Los que dicen que ‘será más de lo mismo’ tienen la reminiscencia de una etapa muy dura de la Concertación bajo el predominio de los díscolos, que creían que todo lo que se había hecho en 20 años estaba mal”.
—Usted representa la corriente Nueva Izquierda del Partido Socialista. ¿Qué tiene de nueva?
(Se ríe.)
—El nombre viene del ’91. Se constituyó sobre la base de las políticas que el PS llevó adelante durante dos décadas. Son corrientes que corresponden a realidades sociológicas, de divisiones que venían de la dictadura, que unos eran más amigos que otros. Pero las grandes ideas fuerza son compartidas.
Escalona —57, papá de Natalia que vive en Uruguay— entró al partido a los trece años. Su papá, socialista también, era panadero y su mamá, dueña de casa. Fue dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios (Feses) mientras estudiaba en el Liceo 6 de Hombres de San Miguel. Tras el Golpe, fue a Austria y pasó exiliado ocho años en Cuba, la ex URSS y Alemania Oriental. En 1982 volvió con pasaporte falso y vivió clandestino hasta 1988, cuando se le levantó la prohibición de entrar.
—A 40 años del Golpe, ¿qué responde a quienes dicen que aún no tenemos plena democracia?
—Que están equivocados. Vivimos en un sistema con profundas imperfecciones —como es el binominal—, pero estamos en democracia.
—¿Y somos un país reconciliado?
—No hay reconciliación porque la derecha no asume su responsabilidad en la violación de los derechos humanos, salvo excepciones: Lavín en la campaña presidencial y el ministro Chadwick, el año pasado. La reconciliación pasa por ese mea culpa, pero las nuevas generaciones lo harán.
—¿Piñera tiene la genuina voluntad de reducir la pobreza y acortar la inequidad?
—Ha perdido años preciosos porque sucumbió a la tentación mediática. Todo su diseño político es en función del impacto en la opinión pública. Las cosas se anuncian, pero no se hacen.
—El gobierno dice que el 80 por ciento de la reconstrucción está cubierta.
—En el papel. Como bien señalan los dirigentes vecinales, la mayor parte de esos avances son medidas de subsidio, no solución habitacional: es la ‘posibilidad’ de una casa.
—¿Promesas no cumplidas?
—Es más complejo porque para traducirse en subsidio hay que conseguir los terrenos y resolver la factibilidad del agua. Eso implica una tarea de movilización del Estado que este gobierno no fue capaz de hacer y ni pensó. Debemos rectificar esa imprudente confianza en las leyes del mercado, ya que la buena marcha aconseja tomar medidas hacia el fortalecimiento de políticas públicas. La desigualdad crecerá sin un Estado protector. Incluso en el seno de la propia derecha política y económica se reconoce que existe una debilidad estructural porque la desigualdad se convierte paulatinamente en inestabilidad. Y tiene dos opciones: proponer una oleada de reformas neoliberales que profundicen el libre mercado o procurar atemperar el proceso que acumula combustible para un incendio.
—Llegó marzo con varios conflictos latentes: el estudiantil, de salud, el previsional, los mapuches…
—Lo crucial es que el gobierno aprenda de las municipales y no caiga en la tentación de intervenir como lo hizo en esas elecciones. No se puede sumir en la campaña de apoyo de sus partidarios. La gira del ex ministro de Obras Públicas por 33 comunas en menos de una semana, después de hacer del rescate de los mineros un éxito para explotación individual, me pareció de una pequeñez increíble.
—¿Cómo evalúa la administración Piñera?
—Es una administración que tiene… La cumbre de enero fue buena para Chile y el gobierno.
—Le hablo de la gestión en estos años.
—Como un paréntesis, cuatro años vacíos…

Lea la entrevista completa en la edición del 1 de marzo.