Durante tres años, el padre Pedro —como lo llaman cariñosamente en el sur— visitó la casa de Juan Barros en Osorno para buscar una salida a la ‘guerra santa’ que se libra en esa ciudad por su nombramiento como obispo (Enero 2015).

También por tres años, el ex discípulo de Karadima golpeó sin avisar la puerta de la casa del sacerdote alemán, ubicada en el colorido barrio universitario de Osorno. Pero el diálogo no prosperó. “Nuestra posición, que no es oposición, siempre fue hacerle ver que un obispo no puede ser causa de división. Pero él niega lo que está a la vista. Una persona que durante 35 años fue guiada espiritualmente por Karadima, por un pedófilo, y no se da cuenta, ¡no tiene visión de vida! No puede ser obispo. En un protocolo que escribió el obispo Andrés Arteaga (del círculo de Karadima) queda claro que intentan suavizar ante Roma los hechos de Karadima. Barros lo niega todo.

—¿Le preguntaron si él fue víctima de Karadima?

—No corresponde porque es un tema, quizás, entre él y su confesor. Ahora, desgraciadamente, en muchas oportunidades nos ha mentido: tras su nombramiento en la catedral, él aceptó reunirse con los laicos. Me llamó (como garante) y le dije que iría con la condición de que fuera sin policías, sin armas. Llegó el día y frente al edificio hay tres policías, ¡con perros! En los alrededores había otros de civil y luego una empleada me dijo que dentro del edificio también había, con pistolas.

—¿Qué hay de las cámaras de seguridad que rodean la catedral de Osorno?

—Eso vino después. Hay un quiebre y el quiebre es la persona de Barros. Eso nos duele y es la razón de que hace más de un año fuimos recibidos por el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal. Nos escucharon, pero no pueden hacer mucho. Nacido en Dillenburg (1939), Peter Kliegel conoció en 1965 al religioso chileno fray Francisco Valdés Subercaseaux y al año siguiente ya estaba trabajando en el sur de Chile.

“Me ofrecí como sacerdote y él me aceptó”, recuerda sobre quien fuera el primer obispo de Osorno, hoy en proceso de convertirse en santo. Junto al padre Vicente Gottschalk construyó en esta ciudad una obra social que trascendió el país como es la fundación Cristo Joven y, sobre todo, la población Maximiliano Kolbe, ejemplo de desarrollo urbano comunitario. Por esta y otras labores —el proyecto musical en el colegio Santa Cecilia, por ejemplo— este Hijo Ilustre de Osorno recibió la orden al mérito “Cruz de Servicio Federal” del gobierno alemán.

Eran tiempos de cambio para la Iglesia y el padre Pedro llegó con la misión de integrar distintas realidades sociales y económicas. “Mi trabajo fue abrir los ojos de lo que ocurría con los pobres y en esa lucha se mueve Osorno aún”, cuenta en el living de su casa simple, acogedora. En esa lucha estaba cuando el nombramiento del ex discípulo de Karadima, Juan Barros, como obispo de la diócesis provocó un cataclismo de tales proporciones que el Papa debió enviar a Santiago al cardenal Scicluna para investigar las acusaciones de encubrimiento de abusos de poder y sexuales.

El día de la entrevista, Kliegel se aprontaba a viajar a la capital junto al párroco Américo Vidal y al diácono Alberto Ferrando para entregar su testimonio al enviado del Papa.

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—¿Cómo era la Iglesia osornina antes de Barros?

—Aquí el catolicismo es muy interesante. Comenzó a tomar vuelo después del Concilio Vaticano Segundo y la opción por los pobres desde la familia y desde la juventud que hacen los obispos latinoamericanos. Surgen comunidades en nuestras parroquias iluminadas por el obispo Francisco Valdés. Siguió don Miguel Caviedes, quien ordenó todo ese carisma de monseñor Valdés. Llegó un nuevo vuelo con el obispo Alejandro Goic y don René Rebolledo mantuvo lo logrado. En eso estábamos cuando se nombra a Barros y se destruye toda esta labor con tanta facilidad que es extraño.

—¿Por qué la insistencia del Papa en mantener a Barros?

—Supongo que se debe a una mala información. Karadima tiene redes inimaginables de poder en la jerarquía. Tengo mis sospechas, muy fuertes, pero no me atrevo a señalar con el dedo. Pero (estas redes) siguen funcionando. ¿Por qué renunció el Papa Benedicto? Porque las redes en el Vaticano lo informaron tan mal que cometió muchos errores y él se dio cuenta. Eso lo sabe muy bien el Papa actual.

—Pareciera que Barros vive como un fugitivo en Osorno.

—Debe sufrir mucho y como él es muy devoto al papado… (dice sobre el argumento de Barros de que el Papa lo nombró). Ocupa muy poco la casa del obispado porque se esconde, cierra las cortinas. Es triste. El tiene derecho a la dignidad, al perdón.

—¿Es cierto que se mueve con guardaespaldas?

—No sé, pero su chofer es un ex policía.

—¿Ya no hace misa en la catedral?

—Muy pocas, porque sabe que algunas personas se levantan y se van. El va espontáneamente, pero no existe un plan pastoral. Por eso es urgente llegar a un acuerdo.

—¿Cree que las redes de Karadima llegan a Osorno?

—No lo sé, pero sí veo que tiene mucho apoyo de gente cercana al Opus Dei… Pero sobre eso no me voy a pronunciar.

—¿Busca Barros protección en casas de amigos?

—Como no hay pastoral, él trata de buscarse amigos. No se puede prohibir a nadie que visite (gente), pero sé que busca apoyo —mucho— sobre todo en los campos de la zona de Puerto Octay. No es como antes, cuando el pastor iba con nosotros a las familias y a las comunidades. Todos nuestros obispos fueron recibidos por miles de personas y (Barros) mandó al Gope para ver si había bombas en la catedral. ¿Cuándo había ocurrido algo así en Osorno?