No es fácil definirlo. Son tantos los estudios que han contribuido a su formación de alquimista, filósofo y conocedor del alma humana que arriesgarse con una sola palabra, es demasiado caprichoso. Esta tarde de viernes con sol de invierno, sentado en un rincón del restorán Rubaiyat de Vitacura, el responsable de acercar las ciencias ocultas al chileno común y corriente durante las últimas cuatro décadas, parece un verdadero buda. Corpulento, afable y sereno, irradia una paz infinita pero también un halo de misterio que de tanto en tanto, rompe con comentarios cargados de humor e ironía.

Antes de que el mindfulness se convirtiera en la panacea de los nuevos tiempos, él ya ocupaba las pantallas de televisión y los horóscopos de la prensa escrita para recomendar ir hacia adentro y sanar las heridas. En la consulta de su hogar, escuchó los lamentos y deseos de miles, entre los que figuraban algunas de las mentes más brillantes del país. Por eso, hay pocos como él que puedan diagnosticar nuestra idiosincrasia tan al hueso y sin medias tintas.

“El alma de Chile está en la UTI, menos mal. Hay un nivel de violencia muy power. Estamos en un momento que se asemeja a una gran hoguera, en la que todos están esperando al próximo en ser arrojado. No hay empatía. Nadie se detiene ni un segundo para ponerse en el lugar del otro antes de echarle la caballería encima”, dice.

—¿De dónde viene esa furia desatada?

—Por un lado está la figura del padre ausente que genera el rechazo a la autoridad y la agresividad que vemos en las calles. Pero, por otra parte, es un hecho que tampoco hemos podido sanarnos de verdad de las heridas de la dictadura y no sé si realmente tenemos ganas de hacerlo. Eso es algo que se da en ambos lados. Aquí hay mucha división entre buenos y malos, todos están anclados en el deseo de castigo y el enojo, pero el caos que estamos viviendo es bueno. Vienen años de limpieza.

De joven militó en casi todos los partidos de izquierda, sobrevivió a la tortura, pero su rebeldía pudo más. El divorcio con la clase política llegó en el gobierno de Ricardo Lagos y tuvo un costo emocional no menor. “Me deprimí muchísimo. Fue en esos años que se instaló el arribismo y la soberbia entre los políticos porque antes no existía. Hoy a los dirigentes les falta espiritualidad. Por eso, más que la corrupción, lo que me duele es la arrogancia. Ya no hay líderes que lleguen al corazón”.

—¿Cómo ve el futuro?

—Este país tiene una esencia maravillosa pero no la estamos viendo. Culpamos al otro sin autocrítica ni profundidad. Ahora resulta que todo es chanta, pero nadie da ni un argumento sólido, salvo insultos y descalificaciones. Todo es tan poco serio y las redes sociales son un buen parámetro para medirlo. Así y todo, en el futuro seremos un faro espiritual para la humanidad. Las coloridas Pashminas, originales de la India, se han convertido en su sello inconfundible, al igual que esa sonrisa bonachona que jamás lo abandona. La misma que eleva la sintonía de Bienvenidos cada vez que empieza a dar las predicciones del Zodíaco, responde las inquietudes de los televidentes o enseña algún ritual. Pocos saben que la antesala a esta suerte de consagración en el programa, tuvo más de agraz que de dulce.

“Cuando recién me convocaron alguien me dijo que no aceptara. Que a los obesos y los viejos nunca les va bien en televisión, pero yo no buscaba ganar nada y además me gusta la televisión. La propuesta surgió en un momento en el que estaba con mucho trabajo, dando talleres a empresas y viajando por todo el país. Tuve que dejarlo todo”, recuerda.

“Al principio, sufrí mucho bullying. Nadie apostaba ni un peso por mí, ni quería sentarse a mi lado. Incluso había alguien que creía que saludarme era lo peor que le podía pasar y casi que partía volando a lavarse las manos. En pantalla, estaba poco tiempo y muchas de las cosas que proponía, eran rechazadas, pero como yo siempre supe que iba a pasarlo bien, decía tranquilo Pedro, tranquilo”.

—¿Cómo revirtió esa situación?

—Este espacio se lo ganó la gente, pidiendo más tiempo, escribiendo, enganchando con mi trabajo. Hoy, el equipo es como una familia para mí y no exagero cuando digo que los adoro a todos. Mi sueño siempre fue trabajar en el 13 y no pienso moverme de ahí. A pesar de que he escuchado propuestas bien interesantes de otros canales.

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—¿Qué siente cuando lo tratan de chanta?

—Me da hasta orgullo porque pienso en Shakespeare y en Chester de El rey Lear quien era el portador de la espiritualidad del texto, y no el monarca que era el serio. Hay gallos que tienen doctorados en leyes que dicen que soy un ‘chantilly’, yo pienso con tanto título si quieren ofender den un argumento por lo menos. Nunca he querido engrupir a nadie, mi trabajo es para quienes sean capaces de recibirlo. Cuando uno tiene la muerte casi al lado, lo que queda es para ser feliz. Ante la opinión pública decir que no crees en Pedro Engel como que da un halo de inteligencia. Así de snobs están algunos.

—¿Cómo llegó a dar conferencias en Miami?

—No lo busqué, se dio hace dos años y partí con las puras patas. Fue sorprendente porque no conocía a nadie. Me entrevistaron en radio y televisión y ahí aproveché de hacer mis talleres. La convocatoria superó cualquier expectativa. La segunda vez ni hice prensa, me dediqué a buscar un lugar para los talleres, pero se llenó. La gente quedó súper enganchada y pienso que debe ser por la cantidad de inmigrantes y lazos rotos. Hay mucha cosa sin sanar con los padres. Quiero tener continuidad porque me interesa conquistar esa ciudad. Es algo que se me metió en la cabeza y como soy Virgo y súper paciente, sé que me va a ir bien. Me demoro en mis proyectos, pero cuando me propongo algo siempre lo consigo. Lo mismo que en Lima, donde volveré en septiembre. En Estados Unidos y Perú, la presencia del astrólogo no pasó inadvertida para los consulados chilenos que lo recibieron como una celebridad. “Fue algo inesperado que uno agradece porque pertenezco a una generación de viejos que somos la memoria de Chile”, reflexiona.

Pese a que su carácter ermitaño —no tiene amigos ni asiste a cumpleaños o matrimonios— nunca ha tenido problemas en compartir sus dolores más profundos, como el suicidio de su mujer o el distanciamiento de su hermano por casi 30 años. Sin embargo, la puerta de su vida íntima la mantuvo bajo siete llaves hasta que hace algunas semanas se atrevió a sincerar su “magnífica experiencia con el poliamor”. Con la misma naturalidad con la que da el pronóstico para Libra o Sagitario, dijo: “es posible amar a más de una persona al mismo tiempo sin dramas ni engaños” y ardió Troya. Algo que aún no termina de entender. “Tuve la oportunidad de ser amigo de grandes mujeres de este país, como Olga Poblete, Elena Caffarena y la misma Lola Hoffmann, realmente feministas y ninguna era tan apegada a la tradición de que el amor tenía que ser de a dos”.

—¿Cómo explica las reacciones que generaron sus palabras?

—Miro y me pregunto ¡¿qué nos pasó?!, ¡por qué tanto cartuchismo! Aquí la gente prefiere hacerlo todo a escondidas y a mí no me gusta mentir. No estoy por cortarle las alas a nadie. Yo crecí con el poliamor, mi abuela que fue una mujer brillante y tenía puras amigas feministas que no esperaban al marido en la casa limpiando y cocinando. Eran espíritus que estaban en su cuento, pensando en cómo cambiar el mundo o en la calle peleando por los derechos de la mujer. Ahora hay una seudomoralidad que yo nunca había visto ni en colegio de monjas.

—¿Sintió incomprensión?

—Esperaba mayor altura de miras. Tuve que bloquear a muchas personas que conocía hace tiempo y que las imaginaba valiosas e inteligentes. Algunas decían: “se me cayó Pedro Engel” y yo pensaba qué bueno porque no quiero estar en ningún pedestal. Además, a quién le puede preocupar lo que hace un viejo de casi 70 años en su cama. Fue algo insólito, absolutamente inesperado. A quién le puede importar si tengo tres mujeres, dos hombres o cuatro gatos ¡por favor! Mi vida privada es privada y esto es lo último que digo al respecto.