Casualmente, pasé mi semana “a la chilena”. Hablé castellano con el acento de siempre y no tuve que explicar un “cachai”. Los sabores y aromas me teletransportaron a casa, a mí casa de siempre… en Curicó.

No soy un talento natural en la cocina. Pero viviendo en un país en que una “nana” es impensable, he tenido que hacer uso de cuanto libro de cocina se ha cruzado por mi vista y me confieso usuaria frecuente del buscador de Google para encontrar cada receta.

El problema es que no siempre está la versión “casera-de-mi-mamá” y mi mamá no siempre está al lado del teléfono justo en el segundo en que necesito preguntarle si el plato lleva merkén o no. Por eso me emocioné tanto cuando vi en las librerías “La Cocina Sudamericana” (“Det Sydamerikanske Køkken”) de la chilena Karen Oettinger y la periodista danesa Julie Ring-Hansen Holt, y que trajo a las mesas danesas los más tradicionales platos de mi continente, incluyendo varias especialidades chilenas.

Karen llegó casualmente a tierras vikingas acompañando su marido, Juan Salazar, el anterior embajador chileno aquí en Dinamarca y de inmediato nos conquistó con su talento culinario y buenas ideas. Inquieta y creativa, se embarcó en este libro junto a Julie; y lo que fue una idea, ya está en varias listas de deseos para Navidad. Hay sopaipillas, mousse de cilantro, caldillo de choritos, tortilla de quinoa y alfajores, entre otras delicias. Me entusiasmé tanto, que el fin de semana junto a las mini-vikingas pusimos manos a la obra con las sopaipillas y la verdad es que el resultado nos iluminó la tarde y nos obligó a dar unos cuantos paseos extra para quemar las sabrosas calorías, para gusto de “Balder”, nuestro labrador de orejas de terciopelo.

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Unos días después del lanzamiento tuve otro encuentro cercano con mis raíces. Esta vez, el toque chileno llegó a través del aroma y sabor de los vinos Undurraga que participaban en una degustación de vinos del mundo, organizada por una de las cadenas más importantes de supermercados en Dinamarca. El lugar no pudo ser mejor: Børsen, el icónico edificio de la antigua Bolsa de Copenhague que se comenzó a construir en 1619, lugar perfecto para degustar uno de los mejores syrah que he probado.

La Viña MontGras también estaba ahí y es realmente agradable sentir la aceptación que tienen nuestros vinos, que se presentan con elegancia junto a algunas de las mejores producciones de vinos franceses, españoles e italianos entre otros.

Lo mejor es que cuando conversaba con algunos daneses podía sentir su interés. Les entusiasmaba el libro, se sorprendían con algunos ingredientes y me pedían repetir la pronunciación de “ceviche de camarones” o de cualquiera de los nombres de las recetas que aparecen en el libro en castellano y danés. Las historias de viajes que Julie relata también los enganchaban: ¡un nuevo destino en perspectiva! En Børsen, los vikingos me preguntaban sobre las zonas vitivinícolas chilenas y veía en sus ojos que me daba puntos extra haber nacido en el Valle del Maule, zona viñatera por excelencia.

Así, casualmente, pasé mi semana “a la chilena”. Hablé castellano con el acento de siempre y no tuve que explicar un “cachai”. Los sabores y aromas me teletransportaron a casa, a mí casa de siempre…en Curicó.

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