Hace algunos años saliendo de mi trabajo, por ese entonces ubicado en Providencia, decidí irme caminando al Teatro de la Universidad de Chile. Eran varias cuadras pero tenía tiempo y ante mi vista un largo parque.
Me saqué los zapatos y caminé descalza por el pasto durante varios minutos. Fue una experiencia muy grata, no llegue tan digna al espectáculo que iba a presenciar, pero me sentí relajada, tranquila y muy feliz de mi “locura”.

Y es que el vínculo y atracción que sentimos por la naturaleza es innegable, fíjense, apenas podemos inventamos un picnic, vamos a pasear el perro o a caminar. Algunos más aventureros se van de camping o de pesca, todo para tener como escenario de fondo un paisaje con árboles, flores, ríos o lagos.

Algo de amigable tendrá que tener una plaza con pasto y juegos para que se llene de los más variados personajes: jóvenes haciendo Slackline – piruetas sobre grandes elásticos unidos a árboles- pequeños jugando o adultos haciendo deporte o leyendo. Será el arrullo de los árboles o los olores que emanan de las flores. Lo cierto es que en medio de la urbe estos espacios entregan un efecto tranquilizador.Es cosa de mirar lo que significa el Central Park para los neoyorquinos, en medio de su agitada ciudad lo cuidan y veneran como a un verdadero templo antistress. Por eso corren, almuerzan y descansan diariamente en él.

Nosotros tenemos zonas y comunas escasas de plazas y áreas verdes, por eso la iniciativa Elige vivir tu parque que impulsa su uso y entrega a la comunidad 44 espacios de este tipo – entre ellos 17 que se están construyendo y el resto en reparación y recuperación-  es una excelente opción para empezar.

Claramente la idea se torna insuficiente para un país que muestra altos índices de depresión o exceso de horas laborales. Es un hecho que los lugares que nos permitan esparcimiento, relajo y ocio son necesarios y una obligación para mantener a una población saludable de mente y cuerpo.

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