Han visitado la Cámara Baja, el Senado, la Corte Suprema y hasta a la propia Presidenta Michelle Bachelet para presentarles el primer proyecto de matrimonio igualitario en nuestro país. Una propuesta que a la Fundación Iguales y el Departamento de Derecho Privado de la Universidad de Chile les demoró seis meses en elaborar, la cual —a diferencia del Acuerdo de Unión Civil (AUC) aprobado en este gobierno— contempla la filiación, entendida como el vínculo legal entre padres, madres e hijos a través de la adopción, reproducción asistida y el reconocimiento en Chile a los hijos de parejas del mismo sexo que han sido reconocidos en el extranjero. Una lucha que saben no será fácil, ya que significa adecuar las leyes vigentes de matrimonio civil, tribunales de familia, adopción, menores, pensiones alimenticias y unión civil, por lo que necesitarán que sea patrocinada por La Moneda.

Aun así, el escritor Pablo Simonetti y el actual presidente ejecutivo de la Fundación Iguales, Luis Larraín, no piensan bajar los brazos en esta cruzada, tratándose —dicen— de una promesa de campaña de la Presidenta “que no puede evadir ni postergar”, y que para ellos simboliza la igualdad plena, aun cuando Pablo —que hace unos meses contrajo la unión civil con el pintor José Pedro Godoy— no tiene contemplado tener hijos, a diferencia de Luis, quien a futuro no descarta la idea.

Para ellos, aunque el Acuerdo de Unión Civil fue un gran paso, “todavía es segregacionista, al no incluir ciertos derechos laborales y de seguridad social como los cinco días libres por luna de miel, el bono marzo o las bodas de oro. Además, las Fuerzas Armadas no permiten tener a la pareja como carga e hicieron oídos sordos a la realidad de que las parejas del mismo sexo también tienen hijos. Porque a pesar de que no existe la adopción conjunta, los gays o lesbianas solteros pueden adoptar y criar a esos niños con sus acompañantes”.

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—Luis: Hay un vacío legal en esa ley porque existen también las familias reconstituidas, donde alguno viene con hijos de una relación heterosexual anterior, está la fertilización asistida… Hay muchos tipos de familias con niños desprotegidos porque el vínculo legal lo tienen sólo con uno de sus padres, que les hace perder la mitad de los derechos paternales como la herencia. Tampoco está claro quién se queda a su cargo en caso de la muerte del padre legal ni hay pensión de alimentos o derecho a visita si la pareja se separa.
—Pablo: La Unión Civil alcanza muy pocas leyes. En éstas, hay siete mil 800 menciones a la palabra cónyuge, viudo o todo lo que tenga que ver con la relación de matrimonio; no está la palabra conviviente civil, por lo que muchos quedamos fuera. Lo que perseguimos con estos temas es la igualdad de derechos pero con igual dignidad. Queremos que nos respeten de la misma manera que a los heterosexuales en sus relaciones de pareja, ¿o acaso mi amor es de segunda clase? Después de años de persecución y condenas, al poder casarnos, adquirimos un mismo estatus frente al resto de la sociedad.

—Se reunieron con la Presidenta, ¿cuál es su disposición frente al tema?

—Luis: Escuchó nuestros argumentos. Muchos votamos por ella porque fue una promesa de campaña, en que decía “Vota Michelle, vota matrimonio igualitario”. El problema es que el gobierno anunció el año pasado que a fines de 2017 enviarían un proyecto. Y eso nos parece irresponsable. Sería una tremenda decepción. Michelle Bachelet podría dejar un legado histórico en materia de derechos civiles.
—Pablo: Una ley como esta no sale adelante sin el patrocinio del Ejecutivo. Este es el que maneja todos los proyectos que involucran el erario y que requieren financiamiento estatal, ya que modifica 18 cuerpos legales que fueron concebidos para familias heterosexuales o monoparentales. La agenda legislativa y el gasto dependen de la voluntad presidencial; estamos en manos de Bachelet.

—El presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade, señaló que Chile no estaba preparado.

—Luis: El siempre ha sido crítico. En una reunión que tuvimos, reconoció que era del socialismo antiguo, convencido de que había que luchar sólo por las diferencias de clases; el resto de las diferencias no eran tema.
—Pablo: Los países nunca están preparados para algo así, uno tiene que dirigirlos en el cambio. Los líderes deben ponerse por delante, no detrás de las encuestas.

La Iglesia dejó de ser la gran traba para su proyecto, sostienen ambos. “La Iglesia tenía un poder de veto que se acabó el 2010 con el destape del Caso Karadima y otros. Había ahí una doble moral. Se permitían las aberraciones más grandes, mientras impedían que dos personas adultas que se amaban pudieran vivir juntas y tuvieran reconocimiento social. Hoy podemos ir al Parlamento a plantear nuestros temas de igual a igual, algo que antes era impensado”, asegura Simonetti. Luis Larraín coincide. “Ha perdido tanta autoridad moral con el pésimo manejo de los abusos, que ya nadie le hace caso… Aun así, creo que sigue influyendo de manera indirecta a través de los colegios, las universidades católicas y del Opus Dei. La mayoría de parlamentarios, gerentes o empresarios provienen de ahí, entonces aunque los curas ya no sean autoridad moral, hay una elite retrógrada de derecha hasta la DC que ejerce su visión”.

—¿Esta elite sería entonces la nueva traba de estos tiempos?
—Luis: Una de las tantas, pero es la que está en el Congreso y toma las decisiones. Otra es la desconexión de este con la ciudadanía. Mientras el 75 por ciento apoya las tres causales de aborto, en el Parlamento es un tema complicado; lo mismo ocurrió con la Unión Civil.Pablo-ok

—Con los escándalos del financiamiento político, ¿no creen que las cúpulas perdieron poder?

—Pablo: Están en tela de juicio, y eso influye en que ya no se sientan intocables e inermes a las críticas. Tengo la percepción de que están más dispuestos a escuchar y atender las demandas de la ciudadanía, y la nuestra es de justicia. En una sociedad democrática, para gozar de un derecho y negárselo a otro, debe existir una razón estricta o de fuerza mayor que aquí no existe.
—Luis: Muchos parlamentarios están en el clóset por temor, presiones, para no perder su electorado duro o por chantajes; y me lo han dicho. Cuando les pregunto si se sienten con más derechos que yo o si están de acuerdo que un niño con dos mamás sólo debe tener vínculo legal con una, pudiendo ésta morir y quedar desprotegido, no saben qué contestar.

—Mucha gente siente aprensión con lo de la filiación. Está la idea o prejuicio de que hijos de padres homosexuales tendrán mayor predisposición a serlo.

—Pablo: Durante 25 años vimos a nuestros padres levantarse de la misma cama, heterosexuales toda una vida, y a nosotros nos dan ganas de meternos a la cama con un caballero.
—Luis: No se han informado lo suficiente; de partida, la mayoría de los gays, lesbianas y bisexuales nacemos de padres heterosexuales. Tuvimos nuestras casas, familias, tíos, primos, colegios, revistas, libros; todo el modelo cultural apuntando a la heterosexualidad, sin embargo, somos gays, lo que demuestra que no hay influencia de los padres. En Estados Unidos se ha estudiado el tema, y las asociaciones de sicólogos, siquiatras, pediatras, sicoanalistas y trabajadores sociales, concluyeron que no hay diferencia en el desarrollo emocional de esos hijos, como tampoco en su orientación sexual, expresión de género y en el nivel académico que alcanzan.

“Todos los gays somos personas individuales únicas que desde niño sentíamos algo distinto, a pesar, insisto, de que todo nos llevaba hacia la heterosexualidad”, sostiene Luis. Y recuerda. “Mis papás me rogaban que jugara fútbol, que hiciera karate; no había caso, es algo tan interno. Me llama la atención de que aún haya gente que piense que la homosexualidad se pega”.

—Pablo: Han hecho todos los estudios que se te ocurra, y lo único importante que aparece es que ese niño tenga amor, seguridad, educación, sea cuidado. Y tal como está la ley actualmente, hace que muchos de ellos no reciban nada de eso, sólo porque sus padres son del mismo sexo, encontrándose en una situación de incertidumbre jurídica. Si de verdad quieren mejorarles la vida a esos niños, ¡aprueben el matrimonio igualitario ahora!
—Luis: Es cosa de ver lo que pasa en el Sename, menores que mueren, los suicidios aumentan un 90 por ciento de un año a otro, a los mayores de un año ya nadie los adopta. Cuántas familias comaternales y copaternales no estarían dispuestas a adoptarlos pensando en ellos, en el bien común. Es una ley positiva que nos enaltece a todos.
Simonetti insiste que se trata de un acto de realismo. “Debemos ser capaces de establecer leyes que respondan a una realidad que existe. Hemos pagado precios altos en Chile por esa ceguera. Tantos años de discriminación con los hijos ilegítimos, con las familias de padres divorciados, y seguían con que no, que eso no existe, cuando hoy el 66 por ciento de los niños nace fuera del matrimonio y un 38 por ciento corresponde a madres solteras”.

 

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—¿A qué se debe esa ceguera?
—Pablo: La incertidumbre nos despierta un miedo atávico. El miedo a la homosexualidad tiene dos mil años de antigüedad y de inmediato los chilenos, en un acto de autoritarismo, decimos que no existe, al igual que los comunistas, los hijos ilegítimos, los separados.
—Luis: Hay un argumento ahí que la derecha ocupa en economía, que es el tema de los incentivos. Creían que legalizando el divorcio, darían la señal de que era correcto; con los hijos ilegítimos, estimaban que si igualaban los derechos, los hombres tendrían más amantes. Y con los homosexuales, piensan que reconociéndolos, se entenderá la homosexualidad como una conducta positiva y todos los hombres y mujeres en Chile terminarán siéndolo. Una demencia total.
—Pablo: Además, hay un machismo muy arraigado. Se tiende a pensar en un niño con dos papás, ¿por qué no puede ser una niña con dos papás? O cuando te dicen que “no puedes quitarle la mamá a un niño”; dos hombres juntos horroriza. Todos sabemos el rol que los padres juegan en la familia; además, hemos dado un gran paso, ya no nos regimos por los papeles y esquemas preestablecidos. Hoy un hombre puede ser tan femenino como una mujer. La ternura es anterior al género.

—¿Se discrimina más a las mujeres o a los hombres homosexuales?

—Pablo: Es más difícil para ellas. Sufren doble discriminación por ser mujer y lesbianas. Pagan un precio más alto, por eso están menos dispuestas a aparecer en público; suelen poner como ejemplo el caso de Karen Atala. En las familias aún es más difícil que una hija diga que es lesbiana, aunque lo peor se lo llevan los transexuales que sufren todas las discriminaciones habidas y por haber. En Chile, un hombre que se hace mujer tiene muchas menos posibilidades de encontrar una pareja y trabajo, que una mujer que se hace hombre.

—Ambos están hoy en pareja, ¿es un sueño pendiente convertirse en padres?

—Pablo: Con José Pedro no tenemos ganas de adoptar. Ya tengo 54 años, hay que tener mucha energía y dedicación para criar, y las energías me están flaqueando. Además, he asumido hartos compromisos en la vida, tengo poco tiempo, lo que sería injusto con un niño. Aun así, en un acto de generosidad le he propuesto a mi pareja tenerlos, pero él tampoco quiere.
—Luis: Ese es un punto en el tema de la adopción. Dos personas del mismo sexo que van a adoptar es porque lo anhelan con todas sus fuerzas, en cambio, cuántas parejas heterosexuales tienen hijos porque hay que tenerlos, porque ella quedó embarazada. Los niños de parejas gays son tremendamente deseados.

—En su caso Luis, ¿buscará los hijos?

—Me gusta la idea, me encantan los niños al igual que mi pololo. Sin embargo, mis compromisos y vida actual no me lo permiten y no quiero caer en el modelo de muchos que trabajan todo el día y los niños se crían solos. Más adelante puede ser