El periodista y autor de Rebaño, devela la trama oculta tras el manejo de una de las crisis eclesiásticas que más ha impactado a la opinión pública y, sobre todo, a la elite: la del fallecido líder del Hogar de Cristo, Renato Poblete. “Este caso no tiene nada que ver con Karadima… Es aún más grave”. Y se detiene a analizar el “curioso” vínculo que existió entre ambos sacerdotes.

“Las denuncias contra Renato Poblete son un golpe feroz para la Compañía de Jesús, que ha fundado su imagen pública en Chile asociada a la beneficencia”, comenta Oscar Contardo. El periodista y escritor sabe de lo que habla:  tras una acuciosa investigación  —y que le significó enfrentar hasta hoy todo el peso de esta influyente congregación— publicó a fines de 2018 Rebaño, que de inmediato entró al ránking de los más vendidos. En éste, su tercer libro, profundizó en la trama de escándalos que desde hace varios años remece a una de las instituciones más poderosas de nuestro país y que hace desde hace ya una década acapara los titulares en los medios.

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Ya no hay semana en que no se sepa de alguna nueva acusación contra religiosos por abusos sexuales, de conciencia y de poder, o bien por ejercer roles de encubrimiento e instalar mantos de protección para no enfrenta a la justicia. Sin embargo, el asombro superó un nuevo umbral tras la denuncia —de la teóloga Marcela Aranda— contra uno de los religiosos más carismáticos e influyentes de Chile, quien falleció en 2010 dejando tras de sí un halo de santidad.

“Renato Poblete fue durante décadas el rostro del Hogar de Cristo, y por lo tanto, una especie de representante de la figura de Alberto Hurtado. Con las acusaciones en su contra, se tambalea esa estructura tan firme que funcionaba de manera impecable, vinculando a los jesuitas con la elite política y empresarial, por un lado, y validándolos frente a la opinión pública como un faro moral, por el otro. Esto lo hace muy distinto al caso de Karadima, porque la Iglesia del Bosque era un asunto de la elite, lo que allí pasaba no tenía la visibilidad que alcanzó a tener el señor Poblete como encargado del Hogar de Cristo. Además, es curioso que haya sido el propio Renato Poblete quien decidiera incluir a Karadima como personaje principal en la vida de Alberto Hurtado en la serie que se preparó cuando esperaban su canonización. Según se ha revelado con los años, Karadima mintió sobre su relación con Alberto Hurtado, decía que había sido su discípulo y no era verdad. Eso, aparentemente, lo sabían los jesuitas mayores, sin embargo igual se lo validó como testigo. Ahí hay un punto de encuentro y desencuentro entre ambos casos”. 

- Usted dedicó en su libro varios capítulos al los Jesuitas en su libro Rebaño. Se sabe que incluso enfrentó una dura situación tras investigar el caso de Jaime Guzmán. ¿Eran (o aún son) una congregación intocable? 

Siguen siendo una congregación muy difícil de abordar, básicamente por sus relaciones con los medios. Durante décadas han cultivado estrechos lazos con el poder. También tienen una capacidad admirable de manejo interpersonal, control de crisis y un gran talento para captar lo que es necesario decir, así como reservar lo que debe ser silenciado. Te puedo decir, en resumen, que sentí muy directamente el peso de su poder y lo sigo sintiendo hasta ahora.

- Sin embargo, el nombre del cura Poblete no figura en su libro. ¿Tuvo antecedentes o el caso lo sorprendió, al igual que a todo el mundo?

- Las acusaciones contra Poblete yo las supe después que terminé de escribir el libro. No me extrañaron. Hubo varias otros nombres de jesuitas que no pude incluir, porque sus denunciantes preferían no hablar públicamente. Pienso en uno en particular que aun no ha salido a la luz. Hay que fijarse en la manera en que los sacerdotes jesuitas se han referido a un tema: el de los curas que han muerto. Han insistido en que “ellos ya no pueden defenderse”. Es decir, hay que dejarlos tranquilos. Esos mensajes los han mandado por la prensa. Esos mensajes son una amenaza disfrazada de reflexión, tanto para quien investiga como para las víctimas.  El miedo que provocan este tipo de situaciones es inversamente proporcional a las virtudes que muchos ven en la labor de esa congregación.

- ¿Por qué es tan grave la situación que afecta a la Congregación Jesuita  y cómo considera que se han manejado a lo largo de este tiempo en cuanto al procesamiento de las denuncias? 

Los Jesuitas lo han maneja tal cual lo ha hecho todo el resto de la Iglesia: reconocen sólo cuando están acorralados. La política es esa. No hay diferencia. Internamente tratan de mantener el sigilo, “evitar escándalos”, dar la idea que es un asunto privado que ellos resolverán por sí mismos. Antiguamente era usual que a los denunciantes de algún abuso o a sus familia  les asignaran un sacerdote, para una suerte de acompañamiento que no era otra cosa que mantener el control sobre ellos.

- Entretanto,  el Opus Dei en Chile informó que uno de sus sacerdotes, Patricio Astorquiza (82), enfrenta acusaciones por presunto acoso que se remontan a hace aproximadamente 20 años…. Tal parece que los escándalos que afectan a la Iglesia Católica no paran. ¿Irán a terminar  algún día? 

Yo creo que esto no va a parar durante un buen tiempo. Empezarán a hablar las mujeres laicas y las monjas víctimas de abuso, que se han mantenido en silencio hasta ahora. Es la crisis de una estructura fundada en una política se sexualidad perversa, que ya no resiste. Lo único que le queda a la jerarquía es aguantar, no tienen espacio para más, porque no son capaces de entender lo que sucede ni tampoco hacen el esfuerzo por entenderlo. Son hombres viejos acostumbrados a ser obedecidos y admirados, no saben atender las críticas. No tienen destrezas para resolver una crisis así.

-Mientras, Ricardo Ezzatti busca ser sobreseído de la causa que investiga el Fiscal Arias, pero la solicitud fue rechazada. 

-Yo jamás pensé que el Ministerio Público llegaría a investigar a un arzobispo. Eso fue una gran sorpresa para mí. En Chile lo que decía un obispo era una verdad que nadie cuestionaba públicamente; una frase de un obispo podía provocar una crisis de gobierno. Entonces, ser testigo de esto me parecía impactante. Ahora, no creo que los obispos vayan a reconocer nada, ni vayan a ayudar en nada a la justicia. Nunca lo han hecho, no les importan las víctimas, no veían los abusos como un asunto criminal.