Es un hecho que hoy, martes 19 de enero, Santiago está bajo una nube gris que impide ver cerros, cordillera y edificios. Se siente el mal olor y en ciertas zonas pican los ojos, duele la cabeza y algunos hasta sienten náuseas.

Es por culpa de la nube de humo que hay sobre nuestras cabezas producto de incendio, pero no uno cualquiera, sino en un vertedero, el del relleno sanitario Santa Marta, en Talagante, que recibe más de 4.000 toneladas diarias de basura. Según informó bomberos, una situación como esta es difícil de controlar, porque son varios los focos subterráneos y como hay gases comprometidos es necesario usar capas de tierra en vez agua.

Los especialistas que han hablado dicen que este ambiente puede provocar problemas a la piel, como irritaciones por ejemplo, o también ser tóxico a nivel respiratorio, mientras que las autoridades le han bajado el perfil y desestiman que lo sea. Entre ellos, el intendente de Santiago, Claudio Orrego, quien afirmó que la situación no reviste peligrosidad, pero sí incomodidad.

En síntesis, estamos frente a un escenario complejo, como muchos de los eventos medioambientales que nos rodean. Pero si no hay acuerdos es más difícil de enfrentar. Nadie le echa la culpa a las autoridades, pero es cosa de circular en la calle y notar que el humo no solo es incómodo o molesto sino que definitivamente nos impacta a nivel orgánico. Poner paños fríos para que la población no se alarme es, a la larga, contraproducente, porque si tenemos síntomas como dolor de cabeza o náuseas y vemos que la nube nos rodea, al final ocurre que son ellas las que pierden credibilidad.

Con tantas crisis políticas, deportivas, ambientales y económicas sería bueno intentar recuperar las confianzas de la gente y entregar al menos lo mínimo que requiere para estar tranquila: que sus autoridades le den seguridad.

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