Lo dijo Audrey Hepburn y coincido absolutamente con ella. Soy una periodista chilena que vive el día a día en las tierras de Thor y Odin, porque mientras estudiaba en Seúl —sí, en Corea del Sur— un vikingo se cruzó en mi camino; después de una breve presentación, muy románticamente me pidió matrimonio, nos casamos y aquí estoy, en Dinamarca, trabajando como traductora, periodista y con dos hijas adolescentes —¡sí, dos y al mismo tiempo!—.Y amo París.

Cuando puedo me arranco a París, sola o con la prole. Me encanta. Me llena el alma. Dejo los pies en la calle y me vuelvo a casa caminando muy digna pero con un dolor de pies a morir gracias a los 7 cms. que me regalo en la mañana antes de salir de 9:00 a 19:00 hrs. o un poco más. Y eso es asumiendo que son unos tacos “discretos”. Mi responsabilidad, lo asumo y no me quejo.

Una de las cosas impagables de mi vikingo marido es lo apoyador y relajado que es. Cuando debo cubrir una boda real, un festival de ópera o de rock o una semana de la moda, no me pone ningún problema. En estos viajes me siento una espectadora de lujo. ¿Por qué? Porque cubro lugares y eventos donde el glamour, el lujo, las piedras preciosas y el savoir-faire (saber hacer, el responder apropiadamente ante cualquier situación) y el savoir-vivre (el comportamiento, la etiqueta, los modales) son los elementos de un mundo casi surrealista para esta servidora, que vio la luz hace algo más de cuatro décadas en Curicó, Chile.

Después de eso vuelvo a casa para seguir siendo “la Tati”: la esposa, la mamá, la periodista, la traductora… Y que no luce carteras de 20 mil euros sino que usa bicicleta y transporte público; que corre entre el lavado, el planchado, las reuniones de colegio y algún café con amigos, para lo que SIEMPRE hay tiempo. Al final del día, lo paso bien en estos mundos casi paralelos.

Ahí estuve durante la última semana de la moda parisina. Volví a sorprenderme y a sentir ese sentimiento de amor/odio hacia las francesas que siempre hacen parecer que todo es sencillo y tiene gracia, con un aura etérea muy particular. Son adorables y odiosas. Y también con las rusas y asiáticas que llegan en grupos, como verdaderos mini-ejércitos, totalmente sobre-producidas y demostrando que más “siempre puede ser aún más”. Impresionantes.

Mi minuto de alucinación lo pasé admirando la nueva colección de alta joyería de Chanel. Ahí estaba yo nuevamente enfrentada a muchos quilates de diamantes, las perlas más finas y cuidadosamente escogidas, hiladas o engarzados en joyas que te quitan el aliento. Lo sé, uno mira con los ojos, pero no puedo evitar tomar, tocar, sentir… y medio segundo después, probarme una pieza o dos… ¡O varias!. “Los talismanes de Chanel” –así se llama la colección– han sido creados teniendo en mente la idea de proteger –Mademoiselle era exquisitamente supersticiosa— y empoderar a la mujer. ¡Por supuesto que quise sentir eso en carne propia! Lo cierto es que después de ver la colección salí feliz, con una sensación de vivir la belleza y el famoso savoir-faire. Increíble.

Salí también con una pequeña tentación. Un collar. Era en oro blanco y con diamantes en cinco tallas distintas y su precio bordeaba los 2 millones de euros. Considerando que en un poco más de un mes es mi cumpleaños, no pude menos que compartir mi admiración por semejante pieza de arte cuando hablé por teléfono con mi vikingo al caer la tarde. Claramente, con 16 años de matrimonio, él lee bastante bien mis “entre líneas” y me quedó más claro aún cuando, tras una sonora carcajada, me dijo algo así como “¡pucha que vas a tener que trabajar harto en los próximos años!”.

Un par de días después regresé a casa. Y me esperaba una sorpresa… no, no era el collar finamente empacado. Un marido, dos hijas y dos perros –no necesariamente en ese orden— estaban felices de verme nuevamente y un libro ordenado vía online estaba junto a la cama: “How to be Parisian, wherever you are” (Cómo ser parisina, estés donde estés). Estoy segura de que esta vez la carcajada mía se oyó fuera de casa y ni quise pensar lo que me quisieron decir con el regalo.
¡Hasta la próxima!

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