Fue imposible no traer a la memoria las escenas vividas hace ocho años en la mina San José, cuando el mensaje de los 33 mineros confirmó que estaban vivos, levantando una ola de optimismo que embargó al mundo. Esta vez fue en Tailandia y el motivo, el hallazgo con vida de 12 niños futbolistas y su entrenador, desaparecidos diez días antes en la caverna de Tham Luang, en el norte del país.

Declarada la alerta, el caso capturó la atención del mundo mientras las autoridades tailandesas comenzaban una frenética carrera para localizarlos, entre lluvias que inundaron parcialmente las rutas de acceso, convirtiendo toda la operación en un rescate subacuático. Un borroso video difundido por la Marina tailandesa mostró a los niños acurrucados en la penumbra, sobre un pequeño promontorio de tierra y rodeados de agua. Una linterna iluminaba sus rostros delgados, pero sonrientes, mientras se turnaban para presentarse ante la cámara, saludar a sus familias y dar gracias por haber sido encontrados. Algunos preguntaban si les habían llevado comida, cuánta gente más iba a llegar y cuánto tiempo llevaban atrapados ahí. La alegría de saberlos con vida dio paso a un rescate contra el tiempo, antes del comienzo de las lluvias monzónicas o de lo contrario habría que esperar cuatro meses para volver a intentarlo.

Las áreas inundadas solo eran accesibles a través de estrechos desfiladeros inundados, requiriendo una coreografía compleja que entre otros desafíos exigía que los niños atrapados aprendieran a bucear. En los preparativos, un buzo de la Marina tailandesa murió mientras llevaba suministros al grupo. Después de una increíble organización, un grupo coordinado de 90 buzos ingleses estuvo listo para actuar. Al cierre de esta edición, las autoridades tailandesas daban luz verde al operativo, que al cabo de sus dos primeros días ya había recuperado con éxito a ocho de los niños, siendo cuestión de horas y suerte para culminar con éxito la compleja operación.