Se conocen hace poco pero cualquiera diría que llevan recorrido un largo camino juntos. A sus 32 años Nicolás Wiñazki está ahí donde muchos de su edad sueñan con llegar. Trabaja codo a codo con Jorge Lanata, el afamado periodista convertido hoy en el mayor referente crítico de la gestión de Cristina Fernández.

Estudió Letras en la Universidad del Salvador. Allí descubrió su verdadera profesión: el periodismo. Comenzó su ascendente carrera siempre ligado a la prensa escrita. Primero en la revista Cultura donde escribía chismes de famosos y luego en el diario Crítica donde conoció en 2009 a su inseparable compañero. Pronto Lanata lo invitó a participar en su programa de radio. Finalmente, llegaría a la televisión y nada menos que a Periodismo para todos, el principal espacio político de Canal 13 que se encarga de denunciar y ventilar escándalos provenientes de la Casa Rosada.
Su reciente detención en el aeropuerto de Caracas acusado de espionaje por agentes de inteligencia del gobierno de Hugo Chávez, terminó por catapultar a Nicolás a la fama, un lugar que él nunca imaginó. “Siempre fui de bajo perfil. Incluso en mi vida privada soy muy tímido”, comenta.
En febrero de este año trabajando para Clarín, Wiñazki destapó uno de los mayores escándalos que han sacudido al gobierno en el último tiempo. Denunció al vicepresidente Amado Boudou por la presunta compra de Ciccone, empresa encargada de imprimir billetes, junto con entregar pruebas de enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias políticas. Desde entonces, todos sus artículos tratan este polémico caso sobre el cual anunció un libro.

Su día parte en la radio, luego sigue en el diario y remata su agitada semana con la participación en el espacio de Canal 13. “El periodismo no es full time, es life time”, asegura. Con tanta actividad, poco tiempo le queda para dedicarle a su novia y su pasión: el golf.
De aspecto bonachón y look austero, llega puntual a nuestra cita. Carga varias carpetas con documentos que demuestran el ensañamiento de las autoridades venezolanas. Tras la entrevista, lo espera su programa de Radio Mitre junto a… Lanata. “Trabajar con él es un lujo. Aprendo cada día. Es el periodista más creativo y talentoso de su generación”.
—¿Fue difícil ganar su confianza?
—Es una persona excelentísima. Es abierto para recibir ideas y me gusta su forma de trabajar. Te da libertad. Nos reímos y divertimos bastante.
—Se tiende a pensar que los periodistas consagrados son personajes difíciles.
—En su caso para nada, todo lo contrario. Uno lo puede ver con la gente en la calle que se le acerca a hablar, para darle información o sacarse fotos y siempre los recibe a todos. Lo he acompañado al interior del país y admiro la paciencia que tiene para conversar con cada uno. No se da aires de divo o súper exigencias. Mientras lo dejen fumar, es feliz.
—Todo lo que tenga que ver con  Lanata y Clarín es visto por el oficialismo con malos ojos. ¿Te sientes un periodista independiente o de oposición?
—Independiente, por supuesto. El gobierno cree que Clarín es una cuestión monolítica y de pensamiento único. En el diario trabajan muchísimos periodistas, artistas, dibujantes… Yo nunca tuve ningún llamado quejándose de algo que haya escrito y nunca se me dijo lo que tenía que escribir. Creo que estoy en un gran lugar para hacer periodismo. Están tan preocupados por nosotros no porque como dice el gobierno ‘Clarín miente’, sino porque decimos la verdad. Si mintiéramos, no les importaría.
—¿Te afecta lo que diga el oficialismo de ti?
—Lo tomo como de quien viene: voceros del poder. Gente que ni siquiera es periodista. Les pagan para difamar, repetir mentiras, falsear datos…
—El 7 de diciembre entra en vigencia la polémica Ley de Medios que buscaría democratizar el acceso a la información y desarticular los grupos monopólicos como Clarín. ¿Qué podría pasar ese día?
—El gobierno cree que el 7D (nombre que ha recibido la esperada fecha) las licencias que no cumplan con la ley tienen que ser dadas de baja y repartidas de nuevo. Es evidente que la Ley fue hecha para perjudicar a Clarín y otros medios críticos. Hay versiones que indican que el gobierno podría entrar con la policía al diario, que se podría apagar la señal de Canal 13. Jurídicamente eso no se puede, pero el gobierno está tan obsesionado que todas las alternativas son posibles.
—¿Los medios son el enemigo del gobierno?
—Hoy la gestión del gobierno argentino gira en torno a los medios. Todos los días la Presidenta y los funcionarios hablan de los medios casi más que de otros temas. Todas las grandes medidas están dedicadas a tomar represalias contra Clarín, otros diarios y contra periodistas.
—¿Recuerdas una situación similar en el país?
—No. Le han hecho creer a su militancia que somos un ente a vencer porque le ponemos trabas a su gestión. Es un gobierno que se preocupa más por lo que sale en los diarios. Está en la naturaleza de los K. El famoso modelo del que habla la Presidenta es el que aplicaron en Santa Cruz donde gobernaron sin medios críticos.

TE QUEDÁS EN VENEZUELA, le dijeron cuando se aprontaba a salir de Caracas un día después de las últimas elecciones presidenciales en ese país. Lanata y compañía emprendían el retorno a Buenos Aires cuando fueron abordados en el aeropuerto por ocho agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Tras discusiones y forcejeos, todo el equipo de Periodismo para todos fue llevado al subsuelo y retenidos por cuatro horas. “Había unos ocho agentes del Sebin. Intentamos ver sus nombres pero daban vuelta las credenciales. Nos robaron los celulares y las cámaras. Todo el material profesional y privado”, narra Wiñazki el momento que define como el más difícil de su carrera.
—¿Qué estaban buscando?
—Lo que más les interesaba era de dónde habíamos sacado un documento secreto del Sebin donde constaba la orden de que nos debían detener. Los tipos estaban enloquecidos con eso. Me pedían que les abriera mi email a pesar de que les expliqué que la información me había llegado por un anónimo.
—¿Tuviste la oportunidad de defenderte?
—Yo pedía todo el tiempo un abogado o alguien de la embajada. Me decían que no. Eran contradictorios porque insistían en que no estaba detenido, sin embargo, no me dejaban ir. Pedía un vaso de agua, no me lo daban. Pedía hablar con Lanata y no me dejaban. Decían que yo era el culpable y que me iba a quedar preso. Me asusté mucho.
—¿Cuál fue el momento más tenso?
—Cuando entró uno de los jefes completamente enojado diciendo que yo las había cagado. Que no había colaborado y que el resto del equipo se iba y yo me quedaba. Me daban a entender que si abría mi email, ya estaba. Les decía que no conocía las leyes del país y exigía un abogado.
—¿Aceptaron el pedido?
—Me señalaron que las relaciones entre Venezuela y Argentina son muy buenas como queriendo decir que ahí nadie me iba a defender.
—¿El embajador argentino dónde estaba?
—Cuando nos detuvieron, Lanata habló con Carlos Cheppi. En una actitud patética, el embajador le dijo que le mandara un mensaje de texto. Prometió comunicarse, pero no lo hizo. Ningún funcionario argentino llamó hasta el día de hoy. Nadie del gobierno, nadie de la Cancillería. Cheppi parece más el embajador de Chávez que el de los argentinos. Nunca se ocupó de nosotros siendo su obligación como funcionario. Está ahí porque garantiza los negocios del ministro (de Planificación) Julio De Vido en la embajada en Caracas. Hay denuncias sobre casos de corrupción que se cometieron a través de esa embajada como el recordado caso de la valija de Antonini Wilson.
Apenas conocida la noticia, medios opositores expresaron preocupación por la suerte de sus colegas en tierras venezolanas, mientras en un programa de la televisión pública la enviada especial y el mismo Cheppi le quitaban dramatismo.
—¿Por qué el gobierno puso en duda su versión de lo sucedido en el aeropuerto?
—Hay gente que aparenta ser periodista y termina como vocero de los funcionarios. Acatan órdenes. Lo que yo llamo el aparato de propaganda. Existen programas paraestatales que reciben millones de pesos en publicidad oficial que se encargan todo el tiempo de difamar periodistas, tergiversar, de repetir mentiras una y otra vez.
—Uno de los argumentos fue que extrañamente sólo le pasó esto a Lanata y su equipo…
—El es el periodista crítico con más repercusión en el país, con mayor audiencia en la TV y la radio. Una especie de enemigo total del gobierno y por eso la Casa Rosada comete la torpeza de intentar instalar la idea de que representa a un sector minoritario y que lo que le pasó es falso. El propio embajador mintió. Dijo que no habíamos sido robados y que sólo fue un trámite de rutina.
—Hace unas semanas en Periodismo para todos hicieron un paralelo entre Argentina y Venezuela. ¿Qué semejanzas encontraron?
—En Venezuela es todo un poco más extremo, más caribeño. Vemos una sociedad completamente fracturada, polarizada. Gente fanática de Chávez y críticos igual de fanáticos. Familiares que se dejaron de hablar, amigos que se pelean. Eso pasa hoy en Argentina. Hay muchas similitudes también en lo económico. Una inflación galopante. La de Venezuela es del 27 por ciento, la nuestra del 25. Hay un control fuerte a las importaciones en los dos países. Una restricción total al dólar. La estrategia contra los medios es la misma.
—Uno de los proyectos más cuestionados de la administración K, en sintonía con Chávez, es la presunta voluntad de reformar la Constitución para asegurar futuras reelecciones.
—Ya hablan de ‘Cristina eterna’. Cuando los estudiantes se lo preguntaron a la Presidenta en Harvard, fue ambigua. Dijo que no dependía de ella. Que es un proyecto en estudio. Sin embargo, está en el ADN de los Kirchner. Reformaron la Constitución en Santa Cruz y Néstor fue gobernador durante muchos años. Luis D’Elía, uno de los voceros más brutales del gobierno, dijo que la reelección de Chávez demostró que lo que importa no son las leyes, sino la voluntad de los pueblos.
—¿Si Cristina no logra reformar la Constitución, qué pasará con el kirchnerismo?
—Los Kirchner tienen una forma de conducir centralizada sin sucesión. Se habla de Máximo, el hijo, una persona que nunca habló en público. No se le conoce una sola idea, nunca trabajó. Se habla también de Alicia, la hermana de Néstor que es ministra. No está en el ADN de ellos dejar a un sucesor que no sea puramente de la familia.

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