Cuarenta mujeres, veinte de ellas reconocidas figuras públicas y las otras miembros de distintas fundaciones, aceptaron nuestra audaz propuesta. La de pararse y desfilar arriba de una pasarela en pleno Paseo Ahumada para visibilizar la fuerza femenina y demostrar que no hay un solo tipo ni una manera de ser mujer; sino un abanico gigante y diverso, donde cada cual tiene su propia belleza, estereotipo, estilo, intereses, compromisos y sensibilidades.

Una intervención urbana inédita que junto a Ripley hicimos en el corazón de Santiago; el centro neurálgico capitalino donde se constatan a diario las distintas realidades, la diversidad y la ola de inmigrantes que habla de un nuevo Chile. Allí, estas cuarenta guerreras con historias potentes de perseverancia, resiliencia, reinvención y valentía, desfilaron abrazando distintas causas que las representan o interpretan, a través de las cuales pueden transformar el mundo y por las que lucharán hasta alcanzar la plena igualdad de derechos y oportunidades.

Amaya Forch, Mary Rose Mac-Gill y Soledad Onetto abrazaron la bandera de la autoestima; Cecilia Pérez, Erika Olivera, Javiera Suárez, Julia Vial y Carolina Figueroa (impulsora de la Ley Emilia), de la valentía; Alejandra Mustakis, Carla Guelfenbein y María José Prieto, del emprendimiento; Elvira Cristi, Daniela Vega, Cathy Barriga y Millaray Viera, de la diversidad e inclusión; Carmen Gloria Arroyo, María Consuelo Hermosilla; de la no violencia.

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Mientras que Diana Bolocco y las actrices Francisca Imboden, Li Fridman, Gloria Münchmeyer y Gaby Hernández hicieron suyo el derecho a la educación y a soñar. Para muchas de ellas no fue fácil pararse arriba de una pasarela. Sin embargo, saben que como rostros públicos, representan y visibilizaban las causas de millones de mujeres sin voz que merecen ser escuchadas, por eso desfilaron felices y campantes, entendiendo que solo unidas pueden generar una fuerza transformadora única, capaz de cambiar el mundo. Una iniciativa que Alejandra Mustakis aplaude porque piensa que ya es hora de mostrar las cosas buenas que se están haciendo y que Carla Guelfenbein observa como parte de un movimiento femenino internacional.

“Las mujeres de hoy, que hemos salido al trabajo, que tenemos contacto con el exterior y fuimos capaces de lidiar con situaciones de las cuales éramos vetadas, hoy estamos en una posición en la que podemos pedir más con nuestra voz, sin esperar que nos regalen nada”, dice la escritora abriendo los fuegos de la conversación. En ese sentido, Diana Bolocco es una convencida de que entre las mujeres hay cada vez mayor conciencia de aceptarse, quererse y cuidarse.

“En algún momento, las críticas más feroces venían de nosotras. Y aunque sigue esa tendencia, muchas hoy alzan la voz para que nos protejamos y queramos. Unidas, podemos alcanzar más rápido los derechos que aún nos faltan por conseguir. Lo importante es hablar entre nosotras, compartir experiencias para resolver mejor la vida que llevamos, que es bastante más compleja por la cantidad de roles y funciones que desempeñamos”. Una idea de solidaridad que entusiasma a la actriz Amaya Forch, quien por su trabajo en los medios, se siente expuesta a las críticas y prejuicios. “Vivimos en una sociedad que nos enseña desde chicas a criticarnos. Mi lucha ha sido creerme el cuento de que sí puedo, y decirles a las demás que también pueden”. El llamado a sus pares es a un mayor apoyo y empatía con la particular forma de sentir y de pensar que las distingue como género. Lo mismo pide María Consuelo Hermosilla, quien considera que las mujeres son poderosas, y cuando se unen, son capaces de  mover un mundo entero.

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“Tenemos una fuerza casi sobrenatural que nos sale de las entrañas. No hay una explicación lógica, pero cuando actuamos juntas, logramos más”, sostiene la madre de Antonia Garros, quien tras la muerte de su hija en febrero pasado, está en campaña para que se tipifique por ley la inducción al suicidio, incorporando a parejas no formales. Según Hermosilla, urge un cambio en la ley, pensando que cuando una mujer es violentada no está en su total capacidad, entonces es poco probable que acuse a su agresor. Por ello, agrega, es imprescindible una moción en donde terceros puedan denunciar y quien lo hace, no tenga que ratificar sus dichos. Una iniciativa legal que comparte Gaby Hernández, quien a los 78 años intenta se erradique todo tipo de violencia. “Mi padre español siempre nos inculcó el autorrespeto y no depender de ningún hombre. En mi casa nunca se levantó la mano ni la voz. Seguí sus consejos. Es cuestión de personalidad. El victimario busca la víctima y a veces ésta lo busca a él. Hay que terminar con el abuso físico y sicológico, que requiere mayor educación y de más lugares donde pedir ayuda”. Lo importante en esto, según la conductora de La Red Julia Vial, es que se proteja a quien está siendo maltratada una vez hecha la denuncia. “El actual sistema no resguarda a la víctima, entonces como la situación puede empeorar, muchas veces prefieren callar”.

Si bien la mayoría coincide en que la sociedad ha evolucionado a una más inclusiva y que las mujeres están más empoderadas, aún perciben profundos resabios de machismo, donde la disputa de género no se ha zanjado y la batalla femenina por lograr posicionamiento e igualdad de oportunidades, permanece. Una realidad que para La jueza de CHV Carmen Gloria Arroyo, está arraigada en la conciencia popular: “Algunos hombres nos caricaturizan como las feminazis, cayendo en la descalificación e indiferencia y desconociendo el movimiento feminista; lo peor, es que muchas de nosotras les siguen el juego, convirtiéndose en los principales escollos para avanzar. No buscamos ser mejores, sino tener los mismos derechos y accesos”.

Que aún persistan diferencias de sueldos para un mismo cargo, es un tema que se repite en boca de todas y es quizás una de las desigualdades que más las indigna. La actriz Francisca Imboden asegura que le siguen dando explicaciones que no logran convencerla. “En la actuación necesitan a un hombre y a una mujer de protagónicos y ese rol vale tanto. A mí me ha ido bien, pero sé que a mis compañeros les pagan más, aunque grabemos las mismas horas y seamos igual de importantes en la historia. Agradezco lo que gano, ¡pero la peleo!: o al otro le bajan el sueldo ¡o a mí me lo suben! Por bastante tiempo a la sociedad le resultó cómodo tenernos calladas en la casa cuidando a los niños, por algo persisten esas diferencias y tenemos las peores pensiones”. Elvira Cristi apoya a Imboden y agrega que muchas veces les exigen estar delgadas. Hay presión por estar guapas. Una protagonista tiene que ser casi perfecta, lo que habla del país machista en que vivimos, asegura. Diana Bolocco ha hecho suya la causa de la desigualdad salarial que para ella tiene un trasfondo más brutal, el de la subestimación explícita a las capacidades de las mujeres y la creencia de que ellas tienen la cabeza en mil partes, por tanto, son más dispersas, menos enfocadas e ineficientes. En ese sentido, Carolina Figueroa (impulsora de la Ley Emilia) que trabaja en el mundo académico, espera que alguna vez una mujer gane el Premio Nacional de Historia para romper con ese “desequilibrio” que, dice, existe en la Academia. “Ya es hora de que dejen de relacionarnos sólo con la maternidad. Sí, somos madres, pero también ciudadanas, profesionales, llevamos causas; somos multidimensionales. Nosotras dinamizamos la sociedad, tenemos otra perspectiva y vemos problemáticas que los hombres no consideran, a las cuales les ponemos nuestra energía para que avancen y se visibilicen”.

Una opinión que comparte Alejandra Mustakis, en su condición de presidenta de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) y directora de IF. “Para el mundo de hoy, que tiene características femeninas, de colaboración, creatividad, intuición, de acoger… la mujer es fundamental. Si ellas estuvieran en los orígenes de una nueva sociedad que construiremos a partir de ahora, sería un lugar más amoroso, constructivo, diverso, que nos incluya a todos”. Carla Guelfenbein asegura que existen estudios que demuestran que la presencia de sus pares en empresas hace que las relaciones humanas sean más amables y comprensivas. Que el elemento femenino introduce empatía al grupo. “Hombres y mujeres somos diferentes y tenemos algo que aportar a este mundo, sin embargo, lo que podemos ofrecer nosotras ha sido reducido al mínimo. Si tuviéramos el espacio que nos corresponde, podríamos cambiar muchas cosas”. Y mientras Mustakis cree que por los múltiples roles que cumple su género, debieran tener reglas distintas y flexibilidad laboral, Julia Vial no concibe que “se nos siga castigando en los planes de salud por tener útero”. Apela, además, a pensiones dignas, sobre todo para aquellas madres que se dedican a sus hijos y que quedan desprotegidas porque jamás recibirán una jubilación.

Mary Rose Mac-Gill, en su cargo de vicepresidenta de la Corporación del Patrimonio Religioso y Cultural y como directora de la Fundación Cultural de Providencia, considera que la gran deuda del Estado con la mujer es una educación de calidad para sus hijos.

“La chilena siempre ha sido batalladora, dedicada a su familia; ¡la mejor de Latinoamérica! Por años, hemos tenido problemas de maridos que se despreocupan de los hijos. ¿Y quién saca adelante esa familia? Desde niña veía en el campo mujeres maravillosas, a las 4 de la mañana en pie para alimentar a sus niños y llevarlos a la escuela. Entonces esa madre que trabaja las 24 horas, que quiere sacar a sus hijos adelante, merece que puedan recibir una buena educación, porque si no quedarán exactamente donde están”, afirma Mary Rose. Para ella, el Estado debe tener más salas cunas y jardínes infantiles gratuitos y de calidad, porque solo así se nivela la cancha desde temprana edad. “Los niños deben empezar su educación con inglés incluido y escuchando buena música. Los míos, por ejemplo, comenzaron a los tres años en un párvulo británico. Entonces ese privilegio que tuve, también quiero que lo tengan todas las chilenas, independiente de su condición económica. Que los menores de Aysén, Arica, de los pueblos perdidos de la cordillera o de la costa, cuando entren a primera preparatoria, sepan lo mismo que un niño que estudia en la educación privada”.

La ex ministra Cecilia Pérez ha levantado desde siempre la bandera de la no discriminación. Al punto que a los 18 ingresó a la política para fomentar la participación femenina en su sector. La actual directora de comunicaciones del comando de Sebastián Piñera cree que para terminar con las desigualdades de género no sólo se necesita un cambio cultural, sino también políticas públicas de todos los sectores. “Por desgracia, hoy se fomenta no dialogar; y cuando no se conversa, no existe el respeto. Es lo primero que debemos superar y los actores públicos estamos llamados a visibilizarlo, romper las barreras y entender que quien está al frente es tu adversario, no tu enemigo. Debe primar la tolerancia, el respeto, saber escucharse, mirarse y entender que hay muchas causas en que podemos tener miradas distintas, pero que en alguna parte podemos confluir para permitir que Chile siga siendo un país maravilloso”. Para la alcaldesa de Maipú Cathy Barriga, el imponerse y salir adelante tiene que ver con quererse a sí misma, respetarse, lograr un estado interno positivo y proyectarlo. “Nunca sentí que debía demostrar algo, por lo que es más satisfactorio que te reconozcan y feliciten por tu trabajo. El empoderamiento actual tiene que ver con una luz interior que los demás ven en ti. Que cada una brille, respetando y uniéndonos a quienes son diferentes”. Con su experiencia en el mundo de emprendedores, Alejandra Mustakis ha visto que las mujeres, al generar su propio trabajo o iniciativa, se dan cuenta del poder que tienen y su autoestima empieza a cambiar, al punto que muchas veces deciden incluso no continuar con parejas que sienten son pocos cariñosos o que las maltratan. Asegura que darle oportunidades a una persona para que desarrolle sus talentos, es el mejor regalo que existe.

“La vida pasa volando, hay poco tiempo, por tanto, debemos preguntarnos, ¿seré valiente para salir a buscar mis sueños?”. El suyo se ha vuelto casi una obsesión: crear desarrollo en Chile, porque está convencida de que somos capaces de hacer lo que imaginemos. Todas estas mujeres reconocen tener sueños y objetivos por los cuales luchar. Mientras Julia Vial, como madre de una pequeña con Síndrome de Down aboga por la inclusión de personas con capacidades diferentes, Diana Bolocco se cansó de tratar de cumplir perfecto todos sus roles, olvidándose muchas veces de ella. “Mi causa hoy es reconocer que el tiempo es limitado y que somos imperfectas por naturaleza. Si la casa está desordenada o llego tarde a una reunión de apoderados por trabajo o viceversa, ¡¿qué importa?!”, reflexiona. Cecilia Pérez seguirá sacando la voz en contra de cualquier tipo de discriminación, a la vez que Amaya Forch intentará revertir una sociedad que considera “crítica y chaquetera” por una más apoyadora, para que su gente tenga una mayor autoestima. Por su labor de escritora y creadora de ficción, Carla Guelfenbein aprendió que puede ayudar a sanar en muchos aspectos. “Hago talleres con mujeres donde las invito a soñar y les abro el camino para que encuentren la manera de cumplir lo que desean. La felicidad pasa por muchas cosas concretas como salud, techo, educación, trabajo digno, pero también por la capacidad de soñar. Y la cultura que debiera ser un derecho y no un lujo, tiene una función muy grande en este aspecto”. Carolina Figueroa sigue en su lucha por levantar la Fundación Emilia y de acompañar jurídicamente a las víctimas, a las que no han podido asistir por falta de recursos. “Es necesario porque la justicia en este país ha sido abandonada. Nuestro objetivo es que las personas no se sientan revictimizadas”.

María Consuelo Hermosilla, por su parte, tiene como único objetivo terminar con la violencia de género, tras la muerte de su hija en febrero pasado. “Dejé mi vida de lado para visibilizar este flagelo y que la gente salga de su zona de confort y nos movilicemos para hacer cambios. No es posible que los proyectos de ley duerman en el Congreso, mientras la violencia femenina es un tema país”. Cathy Barriga se identifica con las madres solteras y esa ha sido por mucho tiempo su bandera personal. “Necesitan apoyo y trabajo para salir adelante y encontrar esa autoestima que algún día perdieron. En mi caso enfrenté una serie de prejuicios, pero al final esa experiencia te fortalece. La idea es que ese camino sea más corto y no llegues a sentirte bien cuando tus hijos ya sean grandes”. Elvira Cristi se declara una defensora de las causas perdidas. No soporta el sufrimiento ajeno, las injusticias ni el desamparo. Por ello desde su tribuna intenta educar desde el amor y la humildad, para hacer este país más humano y solidario. Gaby Hernández insiste en que se terminen los maltratos hacia la mujer, mientras Francisca Imboden quiere dejar de sentirse violentada por usar minifalda y también por el ingrato tema de las pensiones alimenticias. “¿Por qué como madres tenemos que exponernos a demandar a un ex y quedar como la mala, bruja y desgraciada frente a los hijos? ¿Por qué él no paga? ¿Dónde está esa responsabilidad?”, se cuestiona. Mary Rose Mac-Gill pretende continuar acercando el arte a los chilenos, a la vez que Carmen Gloria Arroyo no cesará en su lucha personal por defender e igualar los derechos de la mujer, aunque eso signifique golpear la mesa. “No tengo problemas en decir las cosas por su nombre. Podemos ser muy dulces, pero también muy rudas y directas cuando se trata de luchar por lo que nos importa. En este caso, igualar la cancha de las mujeres, en un ambiente de bastante pasividad social”.

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