Mucho se escucha acerca del cambio climático y de los desafíos que enfrenta nuestro planeta. Se habla de un nuevo paradigma y sobre todo, de la necesidad de avanzar hacia un nuevo diálogo entre la sociedad civil, el sector privado y el Estado, de manera de fortalecer este triángulo virtuoso.

No es la primera vez en la historia de la humanidad que nuestra sociedad experimenta cambios y desafíos que la obligan a repensarse y modificar su actuar. Quizá, lo particular esta vez, tenga que ver con el rol que la mujer ha asumido en los últimos 20 años. De forma creciente y paulatina en Chile, se ha integrado en la toma de decisiones para dar respuesta a estos desafíos hasta ahora no resueltos, en un mundo diseñado por y para hombres.

En efecto, durante mucho tiempo, nuestra civilización se estructuró alrededor de un patriarcado, que se reflejó, en este caso, en una muy escasa participación de las mujeres en áreas esenciales de la conservación, como lo son las ciencias y el derecho medioambiental, entre otros. Si bien la comunidad internacional avanzó en términos de buscar consensos internacionales, a través del Protocolo de Kyoto o COP21, lo cierto es que la disparidad de científicas, en Chile, es persistente.

Chile debe aumentar su gasto en CyT, pero junto a ello, debe potenciar y fomentar el acceso de las mujeres al mundo de la investigación. Según la UNESCO, tan solo el 33% de los científicos chilenos son mujeres. Es necesario avanzar hacia una sociedad incluyente, que entienda el rol complementario según los géneros, en todos los ámbitos de acción, inclusive la ciencia. Esto supone que la sociedad en su conjunto tome conciencia respecto a la urgencia de cambiar la forma de hacer las cosas.

La presencia de las mujeres en la toma de decisiones es necesaria. Ambos géneros deben convivir en equilibrio y en todos los ámbitos: laboral, emocional y familiar. Es uno de los grandes valores agregados de los liderazgos femeninos.

Desde la presidencia ejecutiva de Filantropía Cortés Solari, he tenido la oportunidad de confirmar no solo los estigmas asociados a nuestro género, sino la amplitud de este mismo. No obstante, me enorgullece el trabajo a diario de científicas, educadoras y mediadoras culturales, quienes junto a sus compañeros, rediseñan una nueva forma de vincularse entre pares de una misma generación. En la medida que se reduzcan estas brechas, Chile logrará soluciones más sustentables y en armonía con la sociedad.

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