Las mujeres nos hemos convertido en un motor del cambio global. La evidencia ha demostrado que las empresas que incorporan más mujeres, mejoran desde su clima laboral hasta su rentabilidad. 

La industria tecnológica mundial (TI), la más pujante del mundo —basta revisar la nueva lista de las empresas más ricas según el ranking de Standard and Poor’s Financial Services—, ha hecho un esfuerzo importante y cada vez más coordinado por atraer mujeres a sus filas, básicamente, por una premisa evidente: el 50% de los consumidores de tecnología somos mujeres y, por lo tanto, tener el punto de vista femenino en la producción digital es clave para mejorar los productos. Habilidades como la resolución de problemas y la creatividad se incrementan significativamente y los equipos que tienen al menos una mujer superan a los enteramente masculinos en pruebas de inteligencia colectiva.

La guerra mundial por el talento digital es un hecho y el déficit de capital humano del sector TI es crítico. De hecho, en Chile alcanza un 35% anual según datos de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de la Información (ACTI), mientras que la participación femenina en la industria es de solo un 5%.

El sector tecnológico promete mejores entornos laborales para las mujeres. ¿Por qué? Hay varias características claves: el nivel de remuneraciones año a año ha ido en aumento; la posibilidad de flexibilidad horaria y potencial de autoempleo e incluso la opción, cada vez más real en Chile, de trabajar remotamente constituyen un excelente escenario para nosotras.

En la otra cara de la moneda, las mujeres en Chile trabajan mayoritariamente en la industria de servicios, en empleos de baja percepción social, con bajas remuneraciones, horarios poco compatibles con la vida familiar y con una amenaza mayor: el altísimo potencial de automatización del sector que provocará el reemplazo de muchas de esas fuentes laborales por tecnología.

En nuestro programa, hemos demostrado que invertir en reconversión laboral femenina es una apuesta a todas luces ganadora. No solo por el aumento significativo del ingreso de nuestras egresadas, sino también porque todos los estudios demuestran que una madre con un trabajo de mayor percepción social influye directamente en el ejemplo que proyecta a sus hijas, generando un círculo virtuoso que transciende generaciones.

¿Qué pasaría en el país si más mujeres se sumaran a la industria digital? Abriríamos un campo de desarrollo futuro con posibilidades reales de salir de la pobreza para miles de niñas, aumentaríamos la tasa de mujeres graduadas en ciencias de la computación, que hoy bordea el 8%. Con fuerza femenina, sin duda, podríamos convertirnos en un player relevante de la economía digital mundial y pasaríamos de ser los mayores consumidores de tecnología de Latinoamérica a ser creadores en este nuevo mundo digital, influyendo en una escena global llena de desafíos y de oportunidades.

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