El rol de la mujer está explorando territorios que solían ser lejanos. Influenciar en los espacios de poder se ha transformado es un desafío real para el género y nos encontramos en un momento histórico donde tenemos la oportunidad de cambiar paradigmas. Este tema es macro y micro crítico para efectos de crecimiento social, cultural, político y económico, sobre todo en la era digital. La participación de las mujeres en la ciencia computacional y  en tecnologías de información y comunicación equivale a menos de un 10%. Sin embargo, este porcentaje se contradice con datos oficiales que son de conocimiento público. No solo porque un 60% de la población pertenece al género femenino, sino porque según cifras oficiales del ministerio de la Mujer, el mercado laboral depende del involucramiento de las mujeres en el sector productivo. Un ejemplo de esto se da en el sector minero de nuestro país, donde se tomaron diez medidas para la vinculación seria y profesional de las mujeres en minería. Por otra parte, el Foro Económico Mundial indica que la cuarta revolución industrial depende de la  participación influyente y activa femenina para garantizar el respeto de la dignidad humana en el camino hacia una productividad efectiva de sus naciones.  

La transformación digital de parte de las mujeres es, por tanto, un desafío que implica incluir aspectos esenciales del género. Son desafíos reales en la brecha educacional y ética,  que podemos estar creando por todo el entusiasmo tecnológico sin considerar aspectos esenciales como regular la calidad de productos y servicios para la población (sin violar derechos básicos de las personas que están fuera de la línea productiva, como son los niños y personas envejecidas) y generar marcos de confianza para prevenir riesgos  de corrupción por el acceso tan fácil a datos de las personas sin consentimiento previo. 

El rol de la mujer en estos tiempos del uso influyente de Inteligencia Artificial con sus técnicas de Machine Learning, Deep Learning y algoritmos se necesita fundamentalmente enlazar con su inteligencia emocional y liderazgo colaborativo, sin prejuicios al propio crecimiento personal y familiar.  De esta forma, es posible lograr una economía más fuerte  con espacios de poder más explícitos para las mujeres en zonas rurales y a las que carecen de visibilidad en esta era digital. 

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