Por tradición familiar e interés personal, Jacqueline Domeyko está vinculada a la divulgación de la cultura mapuche y sus artesanos. En 1999 comenzó Lágrimas de Luna, un proyecto para evitar la desaparición de la platería indígena.

Recientemente inició un nuevo desafío que se linkea al anterior y quiere aportar en un drama no resuelto: la reinserción social de personas que han estado en la cárcel. Para esto se asoció con Nicolás Tocigl, su hijo menor, que tiene su propia trayectoria en el ámbito cultural. Es periodista y ha hecho posgrados e investigaciones en el Smithsonian Museum en Washington; en la Universidad de Stanford, California, y también en Australia, donde vivió en una comunidad aborigen.

El nuevo proyecto es obra de ambos. “Esta marca se llama Lalen”, dice Jacqueline acentuando la última sílaba y explicando que en el mapudungún no existen los acentos escritos. “Decidimos desarrollar un producto que pudiera entrar en el retail, porque con la platería era muy difícil competir. Entonces nos preguntamos de qué manera crear una marca que —como Lágrimas de Luna— viniera de un mito, y encontramos el de Lalen”.

Y como una cuentacuentos ancestral, Jacqueline prosigue: “Este es un mito precioso acerca de una niña mapuche casada con un hombre mayor que se va a Argentina y le dice: ‘me voy por tres días y cuando vuelva quiero que tengas toda esa lana hilada’. La niña se sienta a la orilla del fogón y se pone a llorar porque no sabía hilar. En medio de su llanto, baja el espíritu de la madre araña (Lalen Cuche) y le dice: ‘niña ¿por qué lloras?’ ‘Es que no sé hilar’. Entonces Lalen Cuche habla nuevamente: ‘No te preocupes porque yo bajaré a través del humo y te enseñaré’. Así, en las noches, la niña se encuentra con el espíritu de la madre araña, y cuando vuelve el marido, ella está feliz porque hiló toda la lana. Este hilo es la conexión con la memoria del territorio de nuestra naturaleza chilena. Y como el textil es un soporte competitivo en el retail decidimos basarnos en este mito para crear Lalen, una marca de diseño que busca generar impacto social”.

6D4A7046

Para lograr su objetivo, se conectaron con el Centro de Educación y Trabajo de la cárcel de Puente Alto que tenía con un pequeño taller de confección, y prontamente comenzaron la producción de mil cojines de tela de algodón en tres formatos: 60×60, 45×45 y 50×33 centímetros. A ese trabajo inicial le siguió una línea de manteles, individuales, servilletas y cortinas de baño de algodón que ya está lista. Además, la marca cuenta con mantas hechas en La Ligua, y de esa manera ayuda a que el telar artesanal sea revitalizado. Toda la producción Lalen está a la venta en las cuatro tiendas Homy de Santiago, y también en sodimac.com

“Son diseños que evocan la naturaleza de Chile”, dice Nicolás. “Tenemos una línea que se llama Mahuida y alude a todo lo que pasa en la alta montaña: el cóndor, los volcanes. La mantelería recuerda el océano. En la línea telar, tenemos dos modelos de pieceras. Uno que se llama Antú, con un colorido similar al sol; y Mahunco, al de la lluvia”.

6D4A7128

Los tres niveles en que se mueven —cultural, social y gestión comercial— suponen un delicado balance para conseguir su meta. “En este tipo de proyectos, el nivel de impacto depende de cuánto la gente apoye comprando los productos. Cuando desarrollamos los cojines, trabajamos con un grupo de 16 internos, pero en la Cárcel de Puente Alto hay más de mil. Entonces, a medida que el proyecto vaya creciendo, se van a poder sumar cada vez más para ayudar a sus familias, y adquirir disciplina laboral y otros elementos que aporten a su reinserción”.

TERRITORIO E IDENTIDAD

Escuchando a Jacqueline y Nicolás es muy evidente que para ellos los fundamentos culturales anteceden a todo lo que deciden hacer y están presentes en su accionar cotidiano. Por ejemplo, en la elección de la gráfica impresa en la tela de los cojines…

Le preguntamos a Nicolás si lo que vio en Australia se relaciona con lo que hace en Chile. “Efectivamente, el centro de arte aborigen que conocí era el sostén económico de la comunidad”, responde. “A través de las pinturas comunicaban las historias ancestrales de su identidad. En Chile, Lalen transmite cultura, identidad, territorio, con productos que la gente se lleva a su casa”.

6D4A7135

“Esto es muy importante. En los años ’80 los mercados se abrieron. De alguna manera, todos nos homogeneizamos en una moda sin identidad. Hoy día, el mundo entero busca poner en valor sus diferencias e impactar positivamente en sus propias sociedades. Cuando alguien se lleva un cojín de Lalen está reconociéndose dentro de su naturaleza e impactando en un problema dramático que tiene Chile y que es la delincuencia”, agrega Jacqueline.