¿Qué pasará con nosotras? Las mini-vikingas a sus 15 y casi 14 años están muy orgullosas de su papá y asumen su partida con una madurez sorprendente. Sin embargo, una cuota de preocupación invade mi corazón…

¿Qué motiva a un hombre felizmente casado (lo puedo asegurar ;)), a dejar su familia, un buen trabajo y un país considerado como “el más feliz del mundo” a partir 5 meses a Afganistán? El hombre con el que me casé hace 16 años está convencido de que sus acciones tienen un sentido y ayudan a mejorar la vida de otros. Par él se trata de un deber moral hacia quienes no tienen las mismas oportunidades.

Pues bien, su formación académica sumada a una larga formación militar como voluntario en la Guardia Civil (Hjemmeværnet) danesa y dos años en las Fuerzas de Paz de Naciones Unidas —los “cascos azules”—, lo califica para participar en algunas de las misiones conjuntas que realiza Dinamarca con otros países.

A comienzos de diciembre una onda fría recorrió mi espalda en un momento clave, cuando debimos decidir los pasos a seguir en caso de que él muriera… Había una serie de papeles que revisar y firmar y créanme que fue un momento fuerte que intento palear pensando en aquellas cosas que haremos cuando vuelva, dentro de un año.

Esto de ser “jugado por el mundo”, como suelo llamarlo, es una característica muy danesa. El presupuesto de colaboración a países sub desarrollados es bastante alto; de hecho Dinamarca, junto a Noruega, Suecia, Luxemburgo y Gran Bretaña, son los únicos que llegan a la cifra que sugieren las Naciones Unidas (al menos un 0,7% del Producto Nacional Bruto) en ayuda a países en desarrollo. Sin embargo, esa misma generosidad se contradice a veces con políticas gubernamentales que, tratándose de temas de inmigración, toman todas las medidas del caso para limitar al mínimo el ingreso de refugiados.

En fin, una cosa es cierta y es que los daneses llevan en la sangre el tema de ser “voluntarios” y defender los derechos básicos donde sea y cuando sea. Y ahí va mi vikingo. A fines de enero desembarcará en Kabul para poner su granito de arena en la reconstrucción administrativa y financiera de una nación que lleva décadas de conflictos. Y yo me quedaré acá, intentando sobrevivir a mis hijas adolescentes y a la cotidianidad, extrañándolo más que nunca.

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