Por Claudia Paz González     Fotos Zuma Press/Efe

Como nunca desde su prohibición, la marihuana está en el centro del debate. Mientras algunas investigaciones informan sobre el grave daño neurológico que genera en menores y adolescentes, otras hablan de sus efectos terapéuticos y medicinales. ¿Qué hay tras el consumo en adultos mayores? El testimonio del padre de Fulvio Rossi, días antes de morir.

A sus 75 años, Isabel se siente realizada. Crió tres hijos y gracias a su actitud ahorrativa, disfruta de estabilidad económica. Tres veces a la semana va a clases de tai chi y todos los sábados camina junto a su perro por el Parque Bicentenario, pero hay otra rutina que realiza religiosamente todos los días. Cada tarde, se encierra en su pieza y saca una pequeña caja de madera donde guarda una pipa de agua y un frasco con marihuana.

“Le doy tres a cuatro aspiradas e inmediatamente me siento mejor. Otras veces hago té o cocino brownies y galletones. Hace 30 años sufro de una enfermedad degenerativa en la columna y consumí toda clase de medicamentos hasta que probé por primera vez con la marihuana y cambió mi vida. ¡Me di cuenta de que podía vivir sin narcóticos legales”, exclama, mientras camina hasta la pieza de servicio, donde están las tres plantas con las que piensa abastecer su consumo de todo un año. “Para que la hierba te haga bien, la dosis debe ser medida. Eso trato de transmitírselo a mi nieto para que no se exceda y jamás la mezcle con alcohol. Hay que tratarla con respeto y usarla con inteligencia”, dice, al tiempo que confiesa que su máximo miedo es ser sorprendida por Carabineros.

El temor la persigue desde el verano de 2005, cuando estaba de vacaciones con la familia en Puerto Velero, y vio en los noticieros nacionales e internacionales el caso de María Luisa Velasco. En la víspera del Día de los Enamorados, la ex esposa del senador y ministro democratacristiano Juan Hamilton fue detenida en su domicilio, luego que Carabineros la encontrara con 40 plantas y un kilo del producto. Desde el primer minuto, la mujer que en los años ’60 brilló en la alta sociedad capitalina, argumentó que la cultivaba para combatir los efectos de la artritis reumatoide que sufría hace más de 20 años y aseguró que gracias al uso de compresas de marihuana conseguía aliviar significativamente los fuertes dolores de la enfermedad. Casi inmediatamente, la prensa local la bautizó como la ‘abuelita cogollo’.
En un fallo dividido, la Corte de Apelaciones la dejó en libertad tras concluir que las plantas estaban ahí sólo para el uso personal y exclusivo de la imputada, en privado y sin lucro. Finalmente, sólo recibió una amonestación del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) por no informar de la existencia de las plantas y ofertas editoriales para escribir un libro con su historia. “Su opción fue el silencio. No quiso aparecer haciendo una apología, ni tampoco aceptó mentir para salir antes. Prefirió pasar unos días detenida y decir la verdad”, comenta una amiga que piensa que ella ya dio la batalla y que la ganó.

Sólo en el primer semestre de este año, 215 adultos mayores fueron detenidos por infringir la ley de drogas. Dentro de este número, un 41 por ciento corresponde a mujeres y no existe, según la información oficial, ningún tipo de distinción sobre las motivaciones que conducen al consumo. “Hasta el momento la evidencia científica sobre su uso terapéutico es escasa y difusa, por lo que nosotros no tenemos una postura institucional frente a quienes la usen para paliar las molestias propias de enfermedades degenerativas. El encargado de pronunciarse es el Ministerio de Salud a través del Instituto de Salud Publica”, señala Francisca Florenzano, directora del Senda (Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol).  A diferencia de otros países donde el consumo entre adultos mayores ha sido motivo de estudio, en Chile prácticamente no existen datos estadísticos. Las investigaciones sólo consideran a la población mayor en el segmento 45-64 años. “Ahí se da el menor porcentaje a nivel nacional: 0.6 por ciento. Sin embargo, es el segmento donde se presenta el mayor nivel de dependencia. Casi la mitad declara tener características de abuso, lo que implica dejar de hacer cosas por consumir. Muchos arrastran ya un historial de uso y otros han decidido regresar al hábito por diversas razones, lo que se da preferentemente en grupos o familias donde el consumo no es percibido como algo dañino, donde es aceptado culturalmente”, afirma.

Florenzano cuenta que en forma paralela a la discusión nacional ha participado en mesas de trabajo organizadas por la OEA. “Estamos analizando la opinión de todos los especialistas, y aunque no descartamos un cambio en la normativa actual, lo que sí descartamos tajantemente es que Chile siga el camino de Uruguay (país que actualmente impulsa estatizar la producción y comercialización de la marihuana)”, advierte.
Días antes de morir, Flavio Rossi —entonces concejal socialista y padre de Fulvio, el senador que ha liderado la postura de liberalizar el consumo de la marihuana— habló con CARAS. Tenía la esperanza de que las restricciones tenderían a relajarse. “Hay que tener paciencia porque algo va a pasar. Llegó la hora de decir ¡basta!, no sigamos con la hipocresía”, afirmaba con una vehemencia y determinación a pesar de sus 82 años y una larga lucha contra un cáncer gástrico. Orgulloso, confesaba que está decidido a trabajar por la despenalización y el autocultivo de la cannabis sativa “hasta la última gota de aliento”. Ya así fue.
Flavio Rossi llegó a vivir a la I Región en la década de los ’40, con apenas 18 años. Aún mantenía intacto su acento genovés, igual que su gusto por la marihuana, el que decidió sacar del clóset sólo para apoyar a su hijo, el senador socialista Fulvio Rossi, quien fue duramente criticado desde el gobierno y el mundo evangélico tras reconocer públicamente que era consumidor habitual. Ahí su padre sintió que también era el momento de hacer pública su experiencia personal al respecto. “Celebro su valentía. Se arriesgó, a juicio de muchos innecesariamente, pero él tenía la convicción de que hay que terminar con la hipocresía en torno a este tema. Hay algunos que lo han tratado como un delincuente. Esa es la mentalidad que tenemos. ¡Por Dios que estamos atrasados!”, reclamaba.
Sin tapujos, reconoció que la marihuana estaba presente en su vida desde muy joven. “Consumo desde que vivía en Italia, aunque nunca mucho. Pero desde que me detectaron cáncer (la hierba) se convirtió en una gran compañera. Me dio fuerzas y ánimo para enfrentar el tratamiento con optimismo. No sólo ayuda a disminuir los dolores y las molestias, también me da calma, tranquilidad, apego a la vida, y ganas de luchar. Tres oncólogos me han dicho que me hace bien y lo he podido comprobar, si hasta pedí que me dieran una receta para certificarlo, pero me dijeron que no se puede. Estoy convencido de que la marihuana es la droga menos dañina que existe. Desde la antigüedad fue considerada sagrada debido a los beneficios que otorga a sus usuarios”.

Para el representante comunal, este era el momento para cambiar la óptica sancionadora y dejar atrás un montón de prejuicios. “En Chile se discrimina a todos: gays, feos, gordos, pobres e inmigrantes y también a los consumidores de marihuana. Los argumentos son muy débiles, no hacen más que repetir teorías de otras épocas, que nunca fueron comprobadas. Las drogas en general deben ser tratadas como un tema de salud, sin sesgo político. La furia que despierta es porque no se recibe ni un peso de ella y cualquiera la puede cultivar”.

Flavio fue portada de la revista CÁÑAMO, una publicación que aboga por la despenalización del consumo. “Me gustó porque me retrata como soy y me dio la oportunidad de hablar por muchos que piensan como yo. En el pasado, he cultivado matitas, cuando tenía loros, nacían muchas plantas porque los pájaros se alimentaban de semillas de cáñamo. Ahora son los amigos los que me llevan y nunca me falta. A mi señora no le gusta mucho, porque no es legal, pero ya estoy adulto para asumir la responsabilidad de mis actos”, confesó.
Tras el destape de los Rossi, las reacciones no se hicieron esperar. “La recepción es más buena que mala, pero lo que más me llama la atención es  la obsesión por saber cómo la consigo. La otra vez fui a una consulta al hospital y la gente terminó formando círculos en torno a mí, compartían experiencias, y se dio un debate muy positivo. Todos los gobiernos han hecho de la marihuana un monstruo por un tema económico”, explicó.
Sin embargo, el doctor Rodrigo Santis, jefe de la Unidad de Adicciones del Departamento de Siquiatría del Hospital Clínico de la Universidad Católica y asesor del Senda, tiene argumentos médicos contra el consumo. Sostiene que la lucha parte por reconocer que la hierba que se consume hoy está muy lejos de ser considerada una droga blanda. “Durante los ’60 y ’70, las plantas tenían de uno a tres por ciento de THC, el componente que detona la gama de sensaciones que experimenta el usuario, pero en la actualidad tienen entre 25 y 30 por ciento de concentración, lo que la hace derechamente una droga tan adictiva como la cocaína y tres veces más que el alcohol”, puntualiza.

Es por esto que —advierte— cualquier medida que avance hacia la despenalización implica un grave riesgo a la salud pública. “Hay quienes plantean que al principio de la liberalización las cifras de consumo aumentan y luego se produciría una estabilización, pero el problema es lo que ocurre mientras se regula. ¿Por qué exponer a la población?”, pregunta y plantea que existe mucha desinformación sobre los supuestos beneficios terapéuticos. “En el caso de la quimioterapia, no es muy recomendable porque disminuye el funcionamiento del sistema inmunológico, lo que no resulta positivo. Ni hablar de los efectos adversos que puede ocasionar mezclarla con otros medicamentos para la presión, la diabetes, la hipertensión, enfermedades propias del paso del tiempo”, alerta.

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