Aire acondicionado, wifi y TV satelital. ¿Sueños bajo tierra de los mineros rescatados en Copiapó? Quizás. Pero la fantasía de aquellas comodidades se concreta al bajar del avión, en el aeropuerto de la ciudad: adornando la cinta transportadora de maletas hay un aviso que promueve el Apart Hotel 33 M.

En Atacama se resisten al olvido. Y está bien. Ese rescate ya es una marca. Ni el forzado formato 27F (replicado de tragedias externas) logra la recordación del número 33. Y Hollywood aterrizó en el desierto para reactivar este ‘turismo de epopeya’ que esa cifra encierra.

Que la verdad se cruce con la ficción no molesta cuando hay “formas bonitas” de contar la historia. Lo comprobé in situ al ver en el árido set el adelanto de la película sobre los mineros. Apoyo el punto:  Antonio Banderas pasándolo pésimo a torso desnudo y sudando en la oscuridad no es lo mismo —y va sin mala intención— que un Súper Mario desprovisto de camiseta. Obviamente, el chileno me sacó lágrimas en sus reportes subterráneos, y allí radica el desafío del español. Pero, si ya sé el final y las caras de los heroicos protagonistas (¡al igual que todo el mundo!), prefiero una estimulante recreación. ¿Entre Golborne y Rodrigo Santoro…? Ni siquiera vale la pena entrar en un debate (menos cuando el brasileño te saluda con el gubernamental cortaviento rojo; o almuerzas albacora con Mario Casas y Juan Pablo Raba). Un gusto.

Afortunadamente hubo final feliz, pese a los contratiempos económicos y traumas de los trabajadores post rescate. Hoy la zona puede conectarse con ese número en todos los formatos: desde el nombre de un sándwich a un negocio en el pueblo.

La marca 33 —que educará a las futuras generaciones—, puede vivirse de lunes a domingo junto a algunos de los sobrevivientes en la misma mina San José. Sernatur ideó un circuito con plataformas, banderas, memorial y video de cuatro minutos. Inaugurado este verano, más de un centenar de personas lo visita a diario. Ahí está el mundo real. Tuve la suerte de cruzarme con los mineros Luis Urzúa y Jorge Galleguillos y les pregunté qué pasó bajo tierra. Ambos, por separado, contestaron: “Vea la película”.

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