Aunque se ve menor que los 41 que tiene y está a la vanguardia en materia de colaboración, firma conservadoramente: Lucy Ana Avilés de Walton. Y es que Luciana, como la llaman sus cercanos, lleva varias mujeres bajo la piel: cálida, idealista, parada en la hilacha, con una voluntad que mueve montañas, pero también apegada a la familia y a las tradiciones.

Se escapó del frío, junto a sus hijas Zoe (10), Maya (8) y su marido Benjamin Walton, parte del clan dueño de Walmart, aprovechando las vacaciones de fin de año en EE.UU. justo para el aniversario del hecho que la puso en primera línea. Hace un año, mientras gigantescos incendios arrasaban parte de la zona central chilena, aterrizaba en el país el Evergreen 747 al rescate. Detrás de la gestión y el financiamiento estaba ella y Viento Sur, una de las fundaciones que preside junto a su marido.

“Desde que me fui hace 11 años vivo conectada con el país. Y los incendios del año pasado fueron un grito de auxilio. Estando tan lejos ya no podía más con el dolor y el sufrimiento que estaba viendo en Chile. Desde Hualañé me informaban que los bomberos no tenían alimentos, que se les estaban quemando las córneas, que las mangueras se derretían, era una desesperación enorme. Ahí nos salimos completamente del enfoque de la fundación. Y luego vino tanto cuestionamiento, decían que no servía el avión”, recuerda.

—¿Cómo se gestó esa decisión?

—Justo la directora de la fundación fue a Hualañé, estuvo en la municipalidad y vio la situación real. Primero donamos alimentación para bomberos. Cuando empezaron a evacuar el pueblo mandamos un camión de supermercado y ahí nació esta idea de hacer algo efectivo. Comenzamos literalmente a googlear: “arriendo avión, apaga incendio”, llamé a Perú y de repente me acordé de un amigo que ve temas de aviones y me puso en contacto con la gente del Supertanker. Mientras, Ben hablaba con los forestales de California. En un día estuvimos listos y comenzamos a esperar la autorización. Ahí me largué con todo, rompí con los esquemas matrimoniales de bajo perfil y de la familia; agarré un cartel, me paré frente al avión y dije “acá estamos”.

—¿La familia Walton los apoyó?

—Lo que pasó después de eso no es algo que quisimos. Nuestra acción fue espontánea, entonces ver que hasta el día de hoy hay gente que habla del Supertanker, que me pregunta o felicita, de verdad es chocante. Y me confirma el nivel de soledad, desesperanza o abandono que había en ese momento, porque un país completo se aferró a esto.

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—Por eso pregunto por los Walton.

—Igual tenemos independencia de hacer lo que nos apasiona y donde queramos enfocarnos, pero fue un choque para ellos. Sí nos dimos cuenta de que al hacerse tan público esto generó movimiento de otros empresarios y sectores. Quizás uno no debería avergonzarse de lo bueno que hace, aprendimos con humildad que está bien mostrarse.

—¿Qué secuelas dejó en su vida?

—La verdad es que el cariño que hemos recibido, la conexión que he tenido con personas que de otra manera hubiese sido imposible conocer. Fue muy positivo.

—Tuvo que enfrentar acoso público.

—Soy bien ingenua. Nunca pensé en la maldad, pero este año a golpes empecé a entender que existe la envidia. Nunca quisimos exponernos. Hemos dado muchas cosas en el pasado, calladitos. Lo que pasó este año fue a otra escala y no siempre fue amable.

—De paso se convirtió en twittera, parece contradictorio.

—¡Me encanta!; es una muestra real de lo que está pasando en el país. Hay gente de todos lados, de diversos niveles sociales y si hay algo que me gusta es escuchar, sociabilizar, entender lo que pasa.

—¿Ha pensado en aportar desde otro lado, por ejemplo desde la política?

—El servicio público me apasiona, creo que al final es lo que hacemos día a día. La política me interesa, pero creo que no sería feliz, no me veo envuelta en ese mundo. Me parece que el aporte que estamos haciendo en conjunto con el gobierno —porque la idea es potenciarlo con políticas públicas— es más profundo y permanente.

—¿Colaborará con Piñera?

—Quiero colaborar con mi país y con su gente. Es como con el Supertanker, nos da exactamente lo mismo quién sea el presidente, nosotros ayudamos a las personas.

—Se lo digo porque se juntaron con él hace unos meses.

—Fue en el invierno, estábamos en las vacaciones de verano de las niñitas. Nos invitó para darnos un agradecimiento por lo que habíamos hecho, pero él publicó ese encuentro. Para nosotros no es un tema político, no depende del presidente que esté porque nos mueve el deseo de colaborar con las personas de nuestro país, sea en Chile o Denver…

CORAZÓN DIVIDIDO

Lucy Ana y Benjamin se conocieron en el centro de esquí Valle Nevado, cuando él viajó acompañando a un primo que ganó un premio para hacer heliski en Chile. Los presentaron amigos en común. Pololearon cinco años entre Chile y Estados Unidos. Se casaron en 2007 en la viña Santa Rita y luego partieron a Denver, en Colorado, donde viven hasta hoy.

“Mi aterrizaje fue abrupto, me casé, quedé embarazada inmediatamente y me mudé de país, además tuve embarazos complejos. Fueron cambios súper fuertes, pero me ayudó que Ben tuvo una empatía tremenda con lo que yo estaba viviendo. Además se sentía súper responsable de estar sacando a esta chilena apegadísima a la familia, por eso se demoró tanto en proponerme matrimonio”.

—¿Cómo fue ingresar a una de las familias más ricas del mundo?

—Es que tienen un perfil tan bajo que me sentí súper acogida, además son muy ocupados, viven con la responsabilidad de lo que se tiene y lo que hay que hacer… La abuela de Ben, tiene una frase que me encantó: “no eres por lo que tienes, sino por lo que dejas, eso demuestra cómo viviste la vida”. Da lo mismo cuanto tengas, lo que realmente te hace ser alguien es lo que eres capaz de dejar, la huella, el legado.

—¿Esa es su búsqueda?

—Sí. Lo importante es lo que queremos hacer diferente, es un lujo que tenemos, porque podemos arriesgar. También somos transparentes y nada egoístas con las cosas que descubrimos, al contrario si se quieren unir son bienvenidos. La conciencia social es lo que importa, así estamos criando a nuestras hijas.

—¿Se radicaría en Chile?

—La idea, si Dios quiere, es venirnos el próximo año. En agosto tenemos que empezar a postular al colegio, ver el cambio, estoy muy ilusionada.

—¿Sus hijas se entusiasman?

—Sí, Chile les encanta. Ahora no sé cómo va a ser la realidad y el tema del día a día, compañeras nuevas, colegio, las diferencias de cultura… Pero son niñas del mundo. Han viajado harto y también hay que dejar que se embarren, es parte de vivir, no nos interesa criar niñas de burbuja, nos gusta que estén con nosotros, que vean diferentes realidades.

—¿Por cuánto tiempo se quedarán?

—Vamos a tener que verlo, por lo menos dos años, si Dios quiere.

—¿Quiénes entran en su núcleo?

—Además de Ben y mis niñas, tengo un hermano mayor que es abogado, que además es mi mano derecha, súper profesional, así que mucho de lo que hacemos se lo debo a él. Magdalena Moreno, una de mis mejores amigas, es una de las directoras de la fundación. De ahí tengo mis amistades de la infancia y mi familia que la componen mi mamá, mi papá y mis sobrinos. Mis abuelos murieron ya.

FILANTROPíA Y PRIVILEGIOS

Lucy Ana tiene una historia larga de filantropía. Y los Walton actúan a través de la Walton Family Foundation. “Ben creció en eso. Ellos poseen tres enfoques: el tema del agua, educación a nivel de país y desarrollo de comunidades en un área de Arkansas. Por mi parte siempre vi a mis abuelos ayudando. Mi abuela hizo el ropero de la maternidad de El Salvador, mi bisabuelo doctor se iba a veranear a Iloca y atendía a todo el pueblo gratis. Por eso cuando nos conocimos nos dimos cuenta de que compartimos una visión del mundo y la forma de vivir. Esto nos moviliza y hace posible que trabajemos juntos. Por ello armamos algo nuestro”. Hace dos años oficializaron Zoma Lab Foundation, que tiene una base emocional; el nombre es la mezcla de Zoe+Maya y Lucy and Ben.

“Logramos hacer una combinación de nuestros nombres dando como resultado algo que nos identifica como familia y define la forma colaborativa en que trabajamos”. De esta matriz dependen Viento Sur y Zoma Capital (en EE.UU. y Chile) que maneja inversiones de impacto social. Junto a su marido son los directores. “La idea es delegar cada vez más, pero nos gusta estar metidos en todo. Para nosotros la filantropía no es solo dar plata, sino ver cómo se hace, quién lo hace, los impactos que tiene. Fueron los problemas del embarazo los que gatillaron la primera acción social.

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“Tuve principio de pérdida, terminé en urgencia y el resto del embarazo lo viví con angustia, temor y en otro país, lejos de mi familia. Gracias a Dios Benjamin siempre estuvo apoyándome, pero tenía tanta angustia que necesité atención sicológica. Gracias a los privilegios que uno tiene, logramos que se formara un equipo para darme una solución”. Después de esa experiencia crearon el programa para embarazadas. “Nuestro primer proyecto fue empujar, en dos hospitales de Denver, un pequeño test para detectar indicadores de depresión en las madres. Y según los resultados darles atención”.

Tiempo después sumaron la protección de niños abusados. “En resumen nuestra tarea es proteger y ayudar a la infancia temprana, desde la concepción hasta los 5 años que son los más vulnerables. Es el tiempo en que el cerebro necesita desarrollarse con las mejores herramientas y oportunidades, cosa que cuando ingrese al sistema escolar estén más o menos en igualdad de condiciones. Por eso nuestra labor empieza en la gestación”. La fundación además tiene un enfoque en la educación. “Mejorar la calidad de la enseñanza para crear más oportunidades”. Se entusiasma hablando de las decenas de ideas que dan vueltas en su cabeza. Una de ellas es Pay for Success.

“Una prometedora estrategia de financiamiento que creemos tiene el potencial de transformar la forma en que los gobiernos inviernen en temas sociales. Además encuentra soluciones efectivas que generan ahorro en el gasto público. Nosotros asumimos el riesgo de probar el programa y medirlo, para luego mostrar a las autoridades los resultados”. También actúan sobre capitales de inversión, con énfasis en energías renovables, medio ambiente y desarrollo comunitario.

—Por qué dar tiempo y dinero, llevarse malos ratos a veces, si podría estar tranquila criando a sus hijas, viajando…

—Estamos en una posición privilegiada y eso es una tremenda responsabilidad. Contamos con la posibilidad de generar cambios, impactar, colaborar y en especial hacer algo por los niños. Tenemos la suerte de entregar oportunidades y herramientas para generar, de alguna manera, un poco más de justicia. A mi en Chile como a Ben en EE.UU., nos mueve devolver a nuestros lugares de origen algo a cambio de todo lo que hemos recibido. Es simplemente ser agradecidos.