La inmediatez es lo suyo, el ahora-ya; son capaces de multiplicarse en las tareas y todo les parece posible aprender y hacer, “multitasking” les llaman. Se enteran de todo porque están siempre conectados, se comprometen con causas sociales, ambientales o políticas y todo lo cuestionan, pero también actúan y proponen. No se agobian por el cambio, lo asumen como parte de la vida diaria y más bien les agobian las infinitas posibilidades que ven abiertas para hacerlo y tenerlo todo… o nada. Así son los millennials, la generación que lleva ya algunos años en el mercado laboral y se ha transformado en la fuerza de consumo más relevante del momento.

En Copenhague conversamos con un chileno que se ha convertido en un referente en Escandinavia y otras regiones del globo cuando se trata de hablar de innovación estratégica y futuro, que incluye el conocimiento acabado de quiénes, qué hacen y cuáles son los hábitos más definitivos de su propia generación. Nicolás Arroyo (29, un millennial) estudió arquitectura y artes visuales en la Pontificia Universidad Católica de Chile y tras emigrar a Dinamarca con su esposa danesa, continuó su formación académica en la escuela internacional de negocios, creatividad y liderazgo KAOSPILOT. De un proyecto universitario nació una sociedad y de la sociedad la agencia “Bespoke” de innovación estratégica y estudios de futuro.

Su generación le fascina y se entusiasma hablando de estos jóvenes que, como él mismo, nacieron justo antes del cambio de milenio y crecieron con la tecnología como parte de su vida cotidiana. “Yo prefiero llamarlos ‘globalistas’ porque a diferencia de las generaciones anteriores, que estaban mucho más definidas en el marco del mundo de Occidente como los Baby Boomers y la Generación X, esta generación es más global, abarca distintos continentes y culturas, gente que comparte y se interrelaciona continuamente a través de la tecnología”, cuenta en su oficina abierta, un espacio indudable y típicamente millennial.

“Esta generación tiene una mentalidad digital, líquida y flexible, mucho más adaptable a los cambios y a las nuevas circunstancias. Entendemos que lo único constante es el cambio; sabemos que la economía no va a ser estable, que van a haber crisis, tiempos buenos y tiempos malos porque lo hemos visto”, explica.

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Cambiando el paradigma del trabajo. Hace unos años los millennials comenzaron a entrar al mundo laboral, con altos niveles de educación formal e informal —los tutoriales de YouTube se buscan y se siguen casi religiosamente—, una actitud emprendedora y la pasión como referente. Les gustan los desafíos, están siempre aprendiendo y no transan el factor “pasión”. “Nuestra generación quiere aprovechar cada momento, vivirlo sacando el mayor provecho de él y eso también se traspasa al trabajo. Queremos vivir de lo que nos apasiona hacer y tiene que ver más con un estilo de vida que con la plata, por ejemplo. Si somos buenos en lo que hacemos y podemos trabajar y vivir de ello, es ideal”, explica Nicolás.

Los conceptos de flexibilidad y movilidad son fundamentales para ellos. Una serie de estudios realizados alrededor del mundo indican que un millennial cambia de trabajo entre 14 y 20 veces durante su vida laboral. “Es indispensable poder trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento, no estar atado a un lugar físico ni a un horario determinados y eso lo permite la tecnología. Y cuando estás haciendo lo que de verdad te gusta, no lo sientes como trabajo. Como nosotros decimos eres un “playfesional”, estamos jugando, divirtiéndonos mientras trabajamos y, no te equivoques, se hace con la misma responsabilidad y quizá más motivación porque te gusta”, aclara Nicolás, para quien no es poco frecuente trabajar un domingo a la medianoche con un cliente en Japón o Sudáfrica, por ejemplo.

Naturalmente, es una realidad que se da en ciertas áreas de trabajo y que vista con los ojos de la generación anterior, puede generar serios problemas entre la vida privada y la profesional. “Mientras las generaciones anteriores buscaban un balance claro entre ambas esferas, los millennials han desarrollado más el concepto de “integración vida-trabajo”; haciendo lo que te gusta parte de tu vida laboral no se siente que estás trabajando. Si te gusta tanto lo que haces, no necesitas equilibrar nada porque es un placer hacer lo que te gusta”, nos resume.

Los nuevos consumidores. Actualmente llegan a casi 2 mil millones y medio de personas en el mundo, que desde diversas plataformas “están redefiniendo el consumismo y el capitalismo —afirma Arroyo—. Es un consumismo más responsable porque sentimos el deber de cuidar el mundo, cuidarnos nosotros mismos, cuidar el ecosistema. Somos más conscientes de los problemas globales y estamos en un momento en que la democracia también se expresa a través de tu tarjeta de crédito, porque si sabes que todos los políticos en todas partes están haciendo lobby, sientes al menos que puedes decidir algo cuando eliges lo que compras con ciertas características”.

A nivel mundial promedio, esta generación tiene un poder de consumo que se empina por sobre los 3 billones de dólares —y sigue creciendo— y se informan cuidadosamente a la hora de tomar la decisión de compra. Ahí están las redes sociales como fuente de información y también el fenómeno de los bloggers, que más que la publicidad tradicional, pueden gatillar un sí o un no a la hora de comprar.

Los nuevos consumidores quieren saber cómo se han producido las cosas, si su producción contaminó o no, si la gente que trabajó estaba haciéndolo bajo normas de trabajo correctas. Buscan la transparencia en las marcas, investigan sobre su responsabilidad social corporativa y están dispuestos a pagar más por asegurar esas condiciones. “Con más acceso a información hay más transparencia y podemos demandar a los productores que nos den mejor calidad o como lo dicen en inglés, jugársela por el “people, planet, profit” —personas, planeta, ganancias—, cuidar a la gente, al planeta y también las ganancias, en proyectos que sean sustentables y que su desarrollo no sea a costa del planeta o de la gente”, explica el analista.

”Aunque las tendencias son globales, es muy fuerte también la idea del consumo más personal y es importante que las marcas se conecten con esa necesidad de sentirse únicos. Hay marcas de ropa deportiva, por ejemplo, que te ofrecen aplicaciones para el teléfono para que personalices tus zapatillas con el color o una foto tuya si quieres. Todo se puede! También hay un auge en la valoración de lo artesanal, del trabajo único y exclusivo, hecho por un artesano a quien se le valora el talento manual y su producto personal”, comenta Nicolás.

Tecnológicamente sociales. Otro fenómeno típicamente de esta generación es el uso que han hecho de las redes sociales. En promedio, los millennials tienen 5 perfiles en redes sociales donde se esfuerzan por mostrar una vida perfecta. “Creo que somos la generación con mayores niveles de ansiedad. Somos ansiosos, egocéntricos, autorreferentes y tenemos aspiraciones muy altas por hacer aquello que nos apasiona. Y ahí se da a veces la contradicción de la foto feliz de Instagram y la soledad de la realidad. Nos cuesta hacer la separación de la vida online y offline y asumimos que la vida debe ser perfecta”, enfatiza Arroyo.
Pero además de la dimensión personal, fueron los millenials los que le dieron el carácter de herramienta a las redes sociales para actuar con propósitos definidos de cambio. “Occupy Wall Street fue uno de los primeros ejemplos de cómo usar las redes sociales para el cambio social. Antes de eso las redes eran solo conectores de gente, después se convirtió en herramienta de acciones concretas para el cambio. También tienes “la primavera árabe” y que aunque no tuvo necesariamente el efecto que quería fue una demostración clara del empoderamiento que esta generación manifiesta a través de las redes”, aclara el investigador.

“Las problemáticas que se repiten en el mundo se transforman en temas “glocales”, es decir, son globales pero se actúa localmente. Se genera un compromiso con las causas y las soluciones se dan también de manera global, extendiéndose las acciones viralmente de manera electrónica”, continúa Nicolás. Así un “Like” de Facebook o un “trending topics” en Twitter pueden significar la diferencia que hace que un tema relacionado con el Amazonas en Brasil lleve a toda la gente a las calles o que, como en Chile, se organicen digitalmente las demostraciones por el cambio en la educación, que luego se trasladaron a las calles.

“Todas las generaciones tienen su momento revolucionario y la revolución de los millennials nace en este mundo digital. Allí se comparten quizá más ideas, acciones y opiniones que antes. La empatía se muestra allí y el resultado se ve luego en las acciones en el mundo real”, concluye el consultor que mientras conversa conmigo piensa también en el grupo de jóvenes empresarios coreanos que le visitará al día siguiente y en las conferencias que debe dar en Estocolmo la próxima semana.