Sí, están tristes porque por fin alguien encontró la manera de detener su actividad en contra de las ballenas en aguas antárticas. Por años fueron denunciados –también perseguidos por arriesgados militantes de Greenpeace y de Sea Sheperd por su desmedida cacería y brutal modus operandi al interior de sus barcos factoría.

El lunes 31 de marzo la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la Haya, tan bien conocida por nosotros, ordenó revocar a Japón los permisos que le permitían esta actividad.

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Fue el mismísimo juez Peter Tomka quien señaló en una audiencia en el Palacio de la Paz de La Haya que en “la concepción del programa han tenido que ver consideraciones financieras, más que criterios puramente científicos”. Se refirió también a la “la falta de transparencia” en relación al número de especímenes extraídos los que fueron considerados cifras no razonables. También se destacó que el número de publicaciones era bajo para tanto esfuerzo realizado por los activos barcos balleneros. O sea de científica la actividad no tenía mucho, al menos no al estilo que conocemos en occidente.

Ya lo sostenía Australia, quien el 2010 recurrió a este tribunal acusando al país oriental de practicar la caza con fines comerciales; específicamente de violar la Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de Ballena, firmada en 1946, y  que promueve la conservación de la especie.

Durante mucho tiempo y ante cada denuncia, los barcos bajo bandera nipona se escudaban en que sus objetivos eran de investigación científica. Más que una justificación, era una burla sostenida por décadas, pero bien dice el dicho: “La justicia tarda pero llega”. Esta vez llegó y aunque Japón considera que el cazar cetáceos es una tradición ancestral, su brutal práctica (si alguien lo duda vea los documentales sobre el tema) se acabó.

Frente a este dictamen Japón manifestó su profunda decepción. Claro que con decepción y todo respetará “la decisión de la Corte”, al menos así lo dijo el jefe de la delegación de ese país ante la CIJ, Koji Tsuruoka.

Bien por las ballenas y el trabajo de todos aquellos que pusieron en riesgo sus vidas por dar a conocer una realidad abusiva contra las normas internacionales, y especialmente a la vida.

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