El departamento de Javiera Lizana, cerca de los canales de televisión, es un espacio acogedor y plagado de recuerdos familiares. La mujer —60 años, viuda y sin hijos— es constructora civil y dedicó los últimos años de su vida laboral a tareas que tenían que ver con el cableado de redes inalámbricas y de fibra óptica. Otra parte de su existencia, eso sí, la enfocó en una pasión personal que la ha acompañado desde hace décadas: las muñecas.
Desde pequeña tuvo muchas y cuando creció uno de sus pasatiempos favoritos era ir al Persa y hurgar en los locales hasta dar con viejos modelos para repararlos.

Hace unos años se encontró en internet con el tema del reborn (muñecas vueltas a nacer). Fue cuando se fascinó con la idea de llevar su trabajo a un nivel superior: el del hiperrealismo. A partir de ahí, Javiera ha liderado junto a no más de media docena de chilenas el desconocido grupo de mujeres que se dedican a crear bebés plagados de detalles que los hacen parecer tener vida, pero que no son más que una engañosa ilusión.
Resulta inquietante ver desparramadas sobre la mesa del comedor las distintas partes que luego serán ensambladas: cabezas, troncos, extremidades, pelo, ojos… Una pequeña cabecita sobresale entre todos los elementos. Puesta sobre la palma de la mano, parece un recién nacido que duerme apacible.

JAVIERA LIZANA EXPLICA QUE EL DESTINO DE LOS REBORN va más allá de las estanterías de mujeres amantes de las muñecas: “Se usan de manera creciente en hospitales. Con ellos se enseñan prácticas que tienen que ver con el cuidado cotidiano de los bebés, desde cómo tomarlos a relajarlos”.
Lo que empezó como hobbie ahora es un negocio (www.aromito.cl). Un mes le toma armar los kits que llegan del extranjero. Cada pelo —humano o mohair de cabra— debe ser puesto uno a uno; la piel suele requerir una veintena de capas de pintura; y algunas ofrecen detalles como saliva o mucosidad.
“Una de las cosas más complicadas es el relleno. Debe ser uniforme con tal de que tenga un peso y distribución como el que tiene una guagua de verdad. También cuesta poner los ojos porque deben quedar con la mirada precisa. Es muy fácil que terminen turnios”, dice mientras entra a una de las piezas del departamento donde descansan varias de sus creaciones.
A Javiera no le gusta hablar de los precios de sus muñecas. Prefiere dar una idea general: “Parten en los 100 mil pesos. Como sea, son precios que no tienen nada que ver con lo que se paga afuera, donde una bebé de silicona parte en un par de millones”.
Y eso que sus “guaguas” aún no incorporan los últimos avances que ya tienen las que se venden en Estados Unidos y Europa: respiradores y latidos de corazón que le dan un realismo mayor.
A pesar de esto, ella sabe que los reborn son mirados con sospecha. De hecho, más de una vez ha enfrentado situaciones extrañas: la madre de unas trillizas le pidió reproducciones de sus tres hijas bebés; otra mamá le solicitó una “copia” de su hijo con síndrome de Down; y hubo una tercera que quería una réplica de su hijo muerto.
A todas les dijo que no.
“Mucha gente se fija sólo en estos casos, pero son una minoría los que piden reproducciones exactas de familiares. La mayoría de las compradoras son simplemente coleccionistas de muñecas que buscan trabajos de alto nivel artístico”, aclara.

MARÍA DEL VALLE ESCUDERO ES UNA DE LAS ARTISTAS REBORN más reconocidas en España. A cargo de su empresa Angelitos dulces, la ibérica también sale al paso de las historias macabras: “Te diría que del total de trabajos que hemos hecho, no más de un diez por ciento corresponde a reproducciones de familiares. Está lejos de ser la mayoría de las solicitudes”, comenta a CARAS. Pero también explica que —además de no vender ninguna por menos de 300 mil pesos— es efectivo que muchas clientas salen con ellas a la calle, las muestran a sus amistades, las incorporan en Facebook y hasta les cambian pañales.
Patricia Gálvez es otro referente hispano de los reborn. En marzo organizó el exitoso primer encuentro de artesanas de bebés hiperrealistas en la Madre Patria. “Nunca faltan los casos extraños. Más de una vez me han pedido un bebé a semejanza de uno ya fallecido, pero siempre me he negado a realizar este tipo de encargos. Un muñeco nunca remplazará una vida que por desgracia se ha apagado”.
En Estados Unidos el tema reborn está ampliamente extendido y las páginas de eBay son el lugar predilecto de las transacciones que privilegian las versiones femeninas sobre las masculinas, además de las rubias y de piel clara. La tendencia ha impuesto regalar reborn a las adolescentes que cumplen 15 años; ha crecido la demanda por las reborn asiáticas, y por las crías de chimpancés.

“Los perfiles de las compradoras pueden ser muy variados, pero principalmente son mujeres de una cierta edad que con anterioridad coleccionaban muñecas de otro tipo. También hay chicas jóvenes y gente que los quiere como terapia. Incluso, cada vez más hombres están adquiriendo bebés reborn para regalarlos. Sin contar su uso para el cine y la televisión”, explica Patricia Gálvez.
Diana Mosquera es presidenta de la International Reborn Doll Artists (IRDA), la organización más importante que reúne a cerca de 300 artistas en Estados Unidos. “He visto algún reborn que se ha vendido en cerca de diez millones de pesos. Pero esto no es más que un hobbie. ¿Por qué a los hombres no los critican cuando gastan dinero en autos?”, se pregunta.
Por supuesto, en el país del norte la polémica por los reborn ha sido objeto de debates, apoyos y críticas. “Es triste la mala propaganda que se les ha hecho. Por eso mismo es que muchas artistas y compradoras no quieren aparecer en público. Yo estoy desde el 2002 en este negocio y nunca una madre me ha pedido que reproduzca un hijo muerto”, aclara Mosquera.
¿Pero qué hay detrás de los pocos casos en que sí se solicitan?
“Me parece que hay un gusto estético y artístico que resulta valorable en el tema de las reborn. Lo complejo es si esas creaciones son usadas como elementos de un duelo que al final se vuelve patológico. Sería expresión de una depresión mayor”, explica Pedro Olivos, de la Clínica de Atención Psicológica (CAPs) del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile.

990 KILÓMETROS AL SUR DE PUNTA ARENAS, en Villa Las Estrellas, Cindy Rodríguez está a unos meses de terminar su permanencia en el territorio antártico. Las extensas jornadas de tedio y soledad, eso sí, las ha podido salvar de mejor manera confeccionando bebés reborn. Cindy fue coleccionista de muñecas desde pequeña. Y por eso se llevó cerca de 200 para que la acompañaran en el territorio blanco. La mujer —enfermera, casada con un capitán—, comenzó de manera autodidacta, pero se ha ido perfeccionando con distintos cursos por internet. Los kits le llegan a través de Correos de Chile. Y con ellos saca sus creaciones al continente. “Desde que estoy acá he fabricado unos 15. Lo curioso es que los puse en mi Facebook y ahí las personas se empezaron a interesar y a comprar. Cuando regrese a la capital pretendo formalizar el negocio”, explica desde Villa Las Estrellas.

Mucho más al norte, en Santiago, Gladys Rojas está feliz con sus diez muñecas reborn. La mujer comenzó su colección después de la pérdida de su guagua y enterarse de que no podría tener hijos. “Me han servido como terapia. Confieso que el comienzo era distinto, pero ahora las veo únicamente como juguetes. ¿Cuánto es lo que más he pagado por una? Unos 250 mil pesos”. Las preferencias de Gladys están claras: “Como siempre quise tener una hija todas las que he comprado son mujeres. Y siempre con los ojos abiertos para que no parezcan bebés muertos”. Varias de sus reborn descansan en moisés. Todas tienen zapatos y Gladys se encarga sagradamente de cambiarles de ropa una vez que se acaba la temporada. Todo como un simple e inocente juego con falsos bebés.
¿O no?

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