A los 44 años, Naomi Watts se ve radiante, sin rastros de procedimientos quirúrgicos destinados a detener el tiempo. Conversamos durante la promoción de la película Lo imposible, del director español Juan Carlos Bayona, que le valió nominación a los Globos de Oro y los premios Oscar en categoría de mejor actriz. Sin embargo, inevitablemente, al correr los minutos, estábamos hablando de los temores que ha sentido al interpretar roles complejos, como el de María Belón (en el tsunami en Tailandia en 2004) y el de Diana de Gales en Caught in flight. En ambas cintas, reflexiona, la fuerza del relato viene del corazón de dos mujeres extraordinarias.
Ahora, en la producción de Bayona —quien también hizo El orfanato—, encarna a María (que en la película se apellida Bennet), la madre de una familia que ve interrumpidas sus vacaciones en las costas del Sudeste Asiático. El agua la deja gravemente herida y lejos de los suyos.
Después de lo extenuada con el remake de King Kong en 2005, la actriz prometió no volver a elegir una historia que demandara tanto esfuerzo físico. Sin embargo, al leer el guión de Lo imposible se enamoró inmediatamente de la trama que recrea la experiencia de María Belón, Quique Alvarez y sus tres hijos, en una tragedia donde murieron más de 200 mil personas.

EN UN SEGUNDO LA VIDA PUEDE GIRAR EN 180 GRADOS. Así lo reflejan las primeras escenas de la película que compite en los Oscar. Porque un día después de Navidad, una gigantesca ola irrumpe en la piscina del hotel donde descansa la familia Bennet. A María se la traga el mar, las aguas la golpean y arrastran, mientras su marido —interpretado por el inglés Ewan Mac Gregor— intenta salvar a los niños. Una monumental muralla de agua oscura los separa y ella cree que todos han muerto hasta que de pronto, a escasos metros, aparece su hijo mayor Lucas, representado por el talentoso debutante Tom Holland.
—¿Cómo fue trabajar con un director español?, ¿usted habla español?
—No hablo, pero me encanta. Desde el momento en que conocí a Juan Carlos me hizo sentir muy cómoda. Me gustó como se conectaba con la historia. En la primera reunión el equipo habló de las inundaciones, pero sin miedo de ir allí, se notaba que estaban muy preparados para enfrentar cosas difíciles y, al mismo tiempo, divertirse. Los españoles son gente muy divertida.
—¿Por qué escogió esta película?
—No sé por qué la gente pregunta desde la cabeza, cómo uno hace las elecciones. Para mí es algo visceral. Primero leo el guión, después trato de no pensar para luego ponerle la parte logística: ¿cómo haría eso?, ¿cómo reflejaría tal o cual emoción? Eso debe fluir rápidamente y me resulta fácil chequearlo. Cuando puedo hacerlo quiere decir que lo mejor está por venir. Más allá de eso, me gusta trabajar con grandes directores como a todos y Juan Antonio es definitivamente un cineasta brillante, te sorprende minuto a minuto, un estudioso que no para.
—¿Es verdad que terminó con miedo al agua después del rodaje?
—Antes ya arrastraba ese temor y de alguna manera me gustó moverme por esa emoción mientras filmábamos. Esta historia es de una familia dividida por la tragedia y de cómo logra sobrevivir para, finalmente, volver a reunirse. Por tanto, el temor forma parte del relato. De adolescente pasaba largas temporadas en Barley (Oregon, Estados Unidos) con mi familia y una tarde, mientras nos bañábamos, la corriente nos arrastró varios metros, estuvimos luchando contra la fuerza de las olas por minutos… Mi madre, mi hermano y yo no éramos grandes nadadores… ¡fue espantoso! Hasta el día de hoy tengo susto.
—Cuénteme ese encuentro con María, la mujer que inspiró el guión.
—Se portó increíble, fue muy generosa. Puede hablar y hablar de lo que ocurrió sin un asomo de temor. Creo que las tragedias y desastres afectan a la gente de distinta manera; algunos se cierran frente a la experiencia y otros son como un libro abierto. María resultó ser así, me entregó mucha información sobre los momentos más duros. Incluso aspectos muy íntimos como qué ocurría en su cabeza, cómo reaccionaba su cuerpo, por dónde escurrían sus pensamientos mientras luchaba por su vida. Hablamos mucho de cómo afectó a su familia y a otras víctimas que lograron sobrevivir. Ella cuenta la historia con una mirada especial, que deja ver que ha pasado por algo extremadamente profundo.

EN PAREJA HACE SIETE AÑOS con el actor Liev Schreiber —con quien tiene a Alexander (conocido como Sacha) de cinco y Samuel Kai, de cuatro años—, Naomi nació en el condado de Sussex, en la zona costera del sur del Reino Unido. Su madre Myfanwy, más conocida como Miv, es galesa y su padre Peter, un inglés que trabajaba como ingeniero en sonido y road manager del grupo Pink Floyd. Por eso Naomi y su hermano Ben —un exitoso fotógrafo de modas radicado en Nueva York que es un año mayor— vivieron una infancia nómade. Cuando ella tenía sólo siete años, su papá muere por una supuesta sobredosis de drogas.
“Aceptar el papel de Diana no fue decisión fácil. Este es definitivamente uno de los roles más complicados que he hecho. Ella es parte de nuestra historia. Una mujer increíble, fascinante, con un trágico final. No sólo estoy nerviosa por cómo lo van a tomar William y Harry, sino también preocupada por cómo lo recibirá el país entero”, asegura Naomi al referirse a otro de sus papeles difíciles, el de Caught in flight, del alemán Oliver Hirschbiegel, que aborda los dos últimos años de Lady Di, incluidas sus relaciones sentimentales con el médico cirujano Hasnat Khan y el millonario Dodi Al Fayed; quien la acompañaba al momento de su muerte ocurrida el 31 de agosto de 1997.
—¿Qué aspecto de su vida resaltaría de esos últimos meses?
—Hay una constante: nadie en el mundo ha debido lidiar con la intromisión que sufrió Diana. Nunca tuvo un momento privado, a menos que haya estado encerrada en su casa… eso debe haber sido tremendamente solitario para ella.
—¿Y qué fue lo más difícil de hacer su papel?
—Es muy complicado ser ella porque existe tanta información disponible; eso dificulta el discernimiento de qué es verdad y qué no. Todo lo que lee se contrapone a lo que ya viste antes. Consciente de eso, me entrevisté con algunas personas que fueron parte de su entorno más íntimo. Creo que el trabajo que realizó el guionista Steven Jeffries es lo más cercano a la verdad que se puede obtener.
—Naciste en Gran Bretaña, ¿su figura te inspiraba cariño?
—De niña, sí. Recuerdo que el día de su matrimonio estuve muy emocionada y vi televisión durante todo el día. Cuando murió fue realmente impactante… Me acuerdo perfectamente dónde estaba como ocurre con los grandes acontecimientos. Filmaba en Canadá y ese día cenaba junto a mi novio, a Rob Lowe y su pareja. Volviendo al departamento, nos sentamos frente a la televisión prácticamente paralizados e hipnotizados por las imágenes que venían de París. Cuando finalmente se reveló que había muerto lancé un grito. Quedé en estado de shock.
—Usted también ha interpretado varios personajes oscuros, ¿cómo logra identificarse?
—Porque es algo que existe en todos nosotros. Algunas personas dicen ‘No, yo no soy esto’, pero lo cierto es que tengo un lado oscuro como cualquiera y lo pongo al servicio de la narración.

Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl