The Middleton podría ser el título de una serie de televisión. La próxima Downton Abbey. Pero como bien dicen, la realidad supera a la ficción y esta familia de “commoners”, que aunque suene despectivo no lo es, pues así se le llama en el Reino Unido a toda persona que no tiene sangre aristócrata corriendo por sus venas, ya es parte de la historia de Gran Bretaña. Saludaban dichosos desde el balcón de Buckingham el día del matrimonio real y hoy se les ve en Wimbledon, en el box real compartiendo con Camila y los príncipes de Kent.
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Cuando Carole Middleton vio a su hija Kate entrar del brazo de su padre Michael por la gran puerta de la Abadía de Westminster y sentada unos metros más allá estaba nada menos que la reina de Inglaterra, quien pasaría en minutos a ser su pariente política, Dios sabe qué pensamientos pasaron por su mente pero uno de ellos debe haber sido: “Lo logré”.

En los últimos meses mucho se ha hablado del rol fundamental que esta mujer, proveniente de la clase obrera, tendrá en la crianza del nuevo rey (reina) de Gran Bretaña. Estará presente al igual que su otra hija Pippa, en el parto que se llevará a cabo en la especialmente remodelada ala Lindo del hospital Saint Mary‘s, el mismo donde Diana tuvo a William y a Harry. No era novedad que el padre de la guagua, William, presenciara el nacimiento de su hijo como Carlos lo hizo cuando él vino al mundo, pero que su suegra y cuñada plebeyas sean las primeras en ver al futuro soberano (a) y sepan sexo, peso y largo primero que el abuelo Carlos y la bisabuela Isabel es algo que inquieta a ciertos círculos conservadores.

Para espanto mayor de estos círculos, el principito (a) vivirá junto a Kate y William, en la nueva propiedad que sus abuelos maternos compraron en el distrito de Berkshire, al sur de Londres mientras el departamento de la pareja real en Kensington Palace se repara debido a un problema de asbestos. Por primera vez en la larga historia de este país de pasado turbulento, un futuro soberano pasará sus primeras semanas de vida como un “commoner” y no un “royal”, será más un Middleton que un Windsor. Carole se ha preocupado de construir en su hogar de 7 dormitorios y avaluado en 4 millones de libras (4.000 millones de pesos) una nursery para su nieto (a) y Kate ha declarado que prescindirá de una enfermera para cuidarlo pues “su madre es una magnífica educadora y con ella se siente 100 por ciento segura y apoyada”.

No se sabe qué opina la reina al respecto, pero sin duda ha respetado la decisión de Kate y ha aceptado al parecer con agrado el cambio de la imagen rígida que ostentaba la familia real en los tiempos de Diana, a ésta más fresca y cercana al pueblo otorgada por la presencia de los Middleton.
Pero ¿quiénes son los miembros de esta familia que ha cambiado años de tradición en  la realeza británica?

Carole: la matriarca

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Su padre Ronald Goldsmith fue camionero y luego obrero de la construcción y su madre, Dorothy, era vendedora de tiendas e hija de mineros provenientes de Dunham en el norte de Inglaterra. Vivían en una council house (dada por el gobierno), todo muy honorable pero a mundos de distancia de la pompa de Buckingham Palace o el castillo de Windsor. Fue Dorothy, cuentan, la que inculcó  a sus hijos la idea de salir del círculo de pobreza. Fue así como Carole postuló a un puesto como aeromoza en British Airways y lo consiguió. Allí conoció a Michael Middleton, controlador de vuelos de la misma aerolínea con el que pronto se casó. Kate, la mayor de sus hijos tenía 5 años cuando ella y Michael decidieron dar un vuelco a sus vidas y crearon la empresa Party Pieces, dedicada a organizar fiestas temáticas, un negocio exitoso que los elevó a nivel de millonarios en sólo un par de años.

La obsesión de esta mujer era no solamente por dar a sus hijos la educación que ella no pudo tener, sino otorgarles  una posición privilegiada matriculándolos en internados privados para que se codearan con la alta sociedad británica y luego en prestigiosas universidades como fue el caso de Kate en Saint Andrews, en Escocia, donde, como ya todos sabemos, conoció a William.

Si bien es factible que tuviera en mente un buen matrimonio para su hija es poco probable que imaginara que el elegido fuera el príncipe William. El resto es historia. Sin embargo el verdadero rol de Carole Middleton recién comienza. Como abuela del heredero a la corona británica no tiene competencia y tal vez las cosas serían muy diferentes si Diana estuviera viva. Sin embargo, la familia real deberá acostumbrarse a pasar, en ocasiones, a segundo plano en la educación del niño. Cuando crónicas como la de Camilla Long en la revista Magazine del Sunday Times han hecho mofa de lo “común” de la vida de los Middleton aduciendo que William “se hartará de las comidas frente a la televisión y juegos de salón con los suegros”, los lectores y el pueblo inglés en general, ha salido en defensa de la familia de Kate en las redes sociales, poniendo de manifiesto que después de todo uno de los problemas de Diana, viniendo de un hogar destruido, fue la soledad en los salones de palacio.

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Michael: pasado distinguido

Al igual que su hijo James, mantiene un bajo perfil en una familia dominada por mujeres. Jamás ha dado entrevistas con excepción del día del compromiso de su hija con el príncipe, sin embargo se le ve cómodo en reuniones sociales cuando debe codearse con su familia política. El es la cabeza financiera del ahora imperio en que convirtió a su empresa Party Pieces, dedicada a organizar exclusivas fiestas temáticas para niños y adolescentes. Con miembros de su árbol genealógico ligados a la realeza, Michael da a la duquesa de Cambridge cierta estirpe si la necesitara.

Sir Hugh Lupton, prominente miembro de la sociedad de principios de siglo era hermano del bisabuelo de Michael. Dueño de una gran mansión en Leeds, Hugh y su esposa se codeaban con la tía de la actual reina Isabel, la princesa Mary. Siempre  apoyando a su mujer e hijas en todo parece feliz en este segundo plano.

Pippa: en el ojo del huracán

Desde aquella mañana en que todas las cámaras la enfocaron llevando la cola del vestido de su hermana entrando a Westminster, Pippa se convirtió en celebridad y los paparazzi no han dejado de perseguirla. Al principio todo fueron elogios para su esbelta figura pero luego su romance con la prensa ha pasado por diversas etapas, ninguna muy exitosa hay que decirlo. De icono fashion a fallida empresaria con su agencia de organización de fiestas, transformándose más tarde  en escritora al publicar Celebrate, un libro sobre cómo organizar eventos, que fue una vergüenza editorial al vender solamente 6.000 ejemplares. Las compañías editoriales se peleaban la publicación y finalmente una división de Penguin le pagó una gran suma anticipada para adjudicarse la distribución. La que se suponía sería una saga, quedó en nada después del desastre en ventas.

La que se suponía sería una saga, quedó en nada después del desastre en ventas.

Aquí el hecho de ser hermana de Kate jugó al principio a favor y luego en contra de Pippa, pues debido a su relación con la familia real británica, Buckingham Palace sugirió que restringiera las entrevistas para promocionar su libro. Ciertamente al palacio no le gusta que lucren con las conexiones con la familia.

La situación de la hermana de Kate es delicada pues no pertenece a la familia real ni tiene sus privilegios, o muy pocos, pero debe comportarse como un miembro de ésta. Hace un tiempo la llamaron, cuentan, por su continua asistencia a fiestas en París junto a un grupo de jóvenes millonarios de dudosa fama. Ella obediente se enrieló y se le ve únicamente en eventos relacionados con la alta sociedad inglesa o Sloane set como les llaman por su afición a deambular por aquel  sector londinense.

La prensa que un día la amó, ahora se ensaña con análisis de su rostro sospechosamente estirado y su modo de vida algo superficial. Y ella sigue luchando por ser considerada algo más que la hermana menor de la duquesa de Cambridge y sus últimos intentos editoriales han sido una columna para la revista de cocina de la cadena de supermercados británica Waitrose y como editora invitada de la versión inglesa de Vanity Fair, otro objeto de crítica con millones de chicas egresadas de periodismo esperando por una oportunidad.

Recibiendo palos porque boga y porque no boga, Pippa se ve feliz en el amor. Actualmente está en una relación de ocho  meses con el guapísimo corredor de bolsa Nico Jackson con quien según el sitio E!, se mudará en las próximas semanas dejando el departamento familiar de Chelsea que comparte con su hermano James.

James: el tío cool

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Después  de su discurso durante la ceremonia religiosa para el matrimonio de su hermana poco se hablaba del menor de los Middleton. Sin embargo este verano europeo ha dado tanto que comentar como “The Royal baby”. El y su novia Donna Air, actriz y presentadora de televisión inglesa, se han convertido en la nueva It couple y no hay evento que se precie de tal que no los tenga entre sus invitados.

En febrero pasado los presentó su amiga en común la princesa Beatriz (hija del príncipe Andrés y Sarah Ferguson) en “Nº 5 Hertford Street”, un club privado de Mayfair como los que él y su hermana Pippa suelen frecuentar. El clímax de la efervescencia por las apariciones de la pareja, ocurrió el pasado 26 de junio durante la más importante fiesta veraniega de la capital inglesa: “The Serpentine Gallery Summer party”, ocasión en que Donna lució un anillo de diamantes que inmediatamente desató rumores de compromiso después de sólo 4 meses de romance.

Según las malas lenguas londinenses mamá Carole no estaría muy feliz con la elección de su hijo después de todos los esfuerzos por relacionar a sus retoños con lo más granado de la sociedad. Air, al igual que el abuelo de Carole es Geordie, término que define a alguien nacido en Newcastle upon Tyne en el norte de Inglaterra y mantiene un leve acento de esta zona, en vez de la pomposa modulación de colegio privado pero lo que más parece molestar a la matriarca de los Middleton es que es madre soltera de Freja, de nueve años, fruto de su terminada relación con el heredero Damian Aspernall.

El escándalo rondó a James en enero de este año cuando se hizo público el hecho de que su compañía Nice Group, que el joven de 26 años estableció el 2011  y cuya actividad es la venta de tortas de lujo, arrojaba pérdidas de £16,858 (cerca de 16 millones de pesos), deuda que debieron cubrir sus padres. En ese momento el joven declaró al diario británico The Telegraph que “no estaba preocupado pues toda empresa debía estar dispuesta a perder plata en los comienzos y la suya estaba en pleno desarrollo”.

El escándalo rondó a James en enero de este año cuando se hizo público el hecho de que su compañía Nice Group, que el joven de 26 años estableció el 2011  y cuya actividad es la venta de tortas de lujo, arrojaba pérdidas de cerca de 16 millones de pesos.

Además de manera cautelosa, corría el rumor de que el hermano de Kate era gay, por un lado porque no se le conocía novia estable hasta ahora y por otro debido a antiguas fotos que lo mostraban semi desnudo haciendo jugarretas tipo “cara pálida” con compañeros de colegio. Pero la verdad es que este tipo de juegos entre chicos, ha formado parte de la tradición en la clase alta británica durante siglos, especialmente en el contexto de exclusivos colegios como a los que asistieron James y sus hermanas.

El tiempo dirá si Donna Air ingresará al círculo Middleton y si tendremos otra boda esta vez con Kate como madrina, Hasta ahora James sólo se la ha presentado a Pippa y la aprobación de la madre del novio está por verse. Como escribió Daisy Buchanan, periodista del respetable diario británico The Guardian: “La familia Middleton es una industria generada por una impresionante cantidad de trabajo de su parte” y será difícil que Carole luego del largo camino recorrido quiera dar un paso en falso, no después de haber logrado tener al futuro soberano(a) del Reino Unido bajo su techo y sea después de todo, un Middleton.