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Lunes 4 de mayo, 1988. 8 P.M. Los jardines de una casa que ya no existe en el barrio El Golf están repletos de santiaguinos elegantemente vestidos. Con una copa de champagne en mano, los invitados miran expectantes a la directora del nuevo medio que está por nacer. Verónica López levanta con sus dos manos esa revista inmensa que hasta ese momento nadie conocía y dice: Vamos a hacer periodismo entretenido y en grande. Había nacido CARAS.

Durante dos años el gobierno militar le había negado el permiso de circulación a la periodista, quien ya había fundado Cosas, en Chile, y Semana, en Colombia.

Adelantándose a los cambios que vendrían, CARAS quiso interpretar las ansias de apertura, pluralidad y diversión. Una revista donde el diseño de Ignacio Pérez Cotapos y las fotos de Ana María López, Marcelo Agost, Iván Petrowitsch y Julio Donoso hacían que los protagonistas de la actualidad lucieran gloriosos. Las plumas de Elizabeth Subercaseaux, Malú Sierra, Claudia Donoso y Marcia Scantlebury emocionaban con sus historias. Y las columnas de Marco Antonio de la Parra y Antonio Skármeta daban cuenta del renaciente mundo cultural. A esta generación se sumó un equipo joven —algunos ni siquiera llegaban a los 20— que después ha dejado su marca en muchos medios chilenos.

Cuando partimos no imaginamos que existiría internet. Ni que la comunicación en redes nos ayudaría a construir una sociedad cada vez más democrática que pondría patas arriba a las instituciones tradicionales del poder.

Cuando partimos no imaginamos que existiría internet. Ni que la comunicación en redes nos ayudaría a construir una sociedad cada vez más democrática que pondría patas arriba a las instituciones tradicionales del poder. Nuestra generación y la anterior fueron las del crecimiento. El desafío era construir un mundo estable y personal. La casa, el auto, la carrera… Un mundo limitado. Salimos de una dictadura y sin darnos cuenta entramos a otra: el consumismo sin límites y la eficiencia sin consideraciones. El resultado: un país casi desarrollado y el costo doloroso de ser una de las naciones con los peores índices de salud mental. Cada vez más ricos y más enfermos.

Han sido décadas de perseguir logros individuales. Décadas de despreocupación respecto de lo colectivo. Sacamos de nuestro diccionario la palabra colaboración y la cambiamos por competencia. Ser competente. Competir.

Y ahí siguió Caras, de la mano de Paula Escobar y luego de Patricia Guzmán, abriendo horizontes en un país que salió al mundo, comenzó a bullir culturalmente y también a experimentar una creciente tensión social.
Es como si a la generación que hoy tiene 25 años,  los mismos que está cumpliendo CARAS, se rebelara ante lo que nuestros ojos no pudieron –o no quisieron- ver.

Las señales indican que es hora de enmendar rumbos. De trabajar para construir un país más sano, donde la solidaridad y la pluralidad sean valores sociales tan reconocidos y premiados como lo ha sido el éxito económico.
Ahora el timón de la revista lo lleva Carolina García-Huidobro, una de esas jóvenes que integraba el equipo inicial de la revista. Que sean otros 25 años haciendo un periodismo grande en desafíos y ambiciones. Un periodismo que celebra la diversidad y el respeto.

¡Felicidades!