Las noches de enero son embriagadoras, ideales para filosofar al calor de una copa de vino en cualquier terraza donde se puedan mirar las estrellas. En eso estábamos con las amigas de siempre cuando Alana, recién llegada desde las gélidas tierras noruegas de una beca, nos confiesa: “Me pasó algo increíble. Hace dos meses recibí la llamada de un ex novio que tuve hace más de diez años. Empezamos a salir y ahora nos vamos de vacaciones juntos a La Serena”.

A sus 35 años, Alana todavía conserva la piel lozana de los veinte en gran medida porque no conoce el sol, es más desde niña su madre la ha obligado a huir de él al más puro estilo de las asiáticas. Sin embargo, al segundo martini, ya tiene las mejillas rosadas y los ojos chinos de tanta felicidad. Su reencuentro con el pasado monopoliza la conversación y todas seguimos atentas su relato. “Nos conocimos en un taller en Madrid durante el primer verano del siglo. Estuvimos juntos cinco años hasta que yo regresé a Santiago y él se fue a hacer un doctorado a Londres”. 

Su historia me recuerda un gran amor que tuve y que nació a fines del verano bonaerense del 2001 en medio de piquetes y cacerolazos. En los tiempos del Corralito y cambios incesantes en la Casa Rosada. A menos de un mes de la llegada del otoño conocí a Nicolás. Fue una noche en Palermo, que partió en un bar al lado de Plaza Serrano y terminó en otro bar desierto con mozos pintados como zombies. Después de largas horas de pocas palabras y mucha acción nos volvimos inserapables por más de dos años. Hasta que un día, nos separamos supuestamente como amigos, aunque nunca más volvimos a hablar. Hace unos meses, un amigo en común me contó que estaba viviendo en Viña y que estaba solo.

Mientras escucho a mis amigas pienso que en los amores de verano es cuando mejor se refleja eso que quería decir Neruda cuando escribió “es tan corto el amor y tan largo el olvido”. En la mesa, cada una tiene un recuerdo que aportar al tema. Francisca brinda por enero de 1986, en la playa El Abanico de Maitencillo y el hit de Soda Stereo Persiana Americana sonando sin parar en el auto de un improvisado surfista, Mariana recuerda su retiro espiritual en el Valle del Elqui del ’94 y las tardes matando el calor a orillas del río.

Según una de las plataformas de citas online más exitosas del mundo FriendScout24, un 80 por ciento de los solteros confesó haber encontrado el amor mientras disfrutaba de sus vacaciones de verano. El informe realizado sobre la base de cerca de 1.500 encuestas arrojó, incluso, que el 60 por ciento de los entrevistados guarda mejores recuerdos de sus amores estivales que de sus antiguas parejas. Aunque lo más curioso de todo es que según el cruce de datos, los hombres son quienes suelen quedar más enganchados (68 %) con este tipo de relaciones que las mujeres, que en un 32 por ciento reconocen que no conservan recuerdo de esas historias.

Para mi sorpresa, Alana confirma esa cifra cuando confiesa: “ya lo había olvidado por completo. Sin ninguna mala onda, simplemente salió de mi esfera”. Nuestra amiga brilla como nunca mientras se whatsapea con su antiguo nuevo novio, separado y sin hijos. De hecho, antes del último martini, en una misma oración mezcla magia, amor y destino. Es el momento en que todas pensamos que está delirando. Mientras en la mesa de al lado un  grupo de cuarentones la mira atentamente como si su entusiasmo amoroso creara un aura magnética a su alrededor. ¿Será la fuerza del amor de la que todos hablan? Love is in the air?

El tema apasiona hasta al mundo científico que, por supuesto, tiene una explicación irrefutable. La principal hormona del amor y del deseo sexual, la testosterona, aumenta cuando el día es más largo, es decir en verano. Esto, se traduce en mayor cantidad de serotonina, un neurotransmisor que afecta el estado de ánimo, entregando una sensación de placer, relajación y de euforia.   

Una explosión hormonal según el estudio elaborado por  las investigadoras Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell de Nueva York, y Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, quienes concluyeron que: “sin lugar a dudas en esta estación somos más aptos para recibir estímulos sexuales y aquí influyen también las famosas feromonas, sustancias químicas que despide la piel y que están más descubiertas en época de calor”.

Las hormonas y el alcohol nos convencen a todas, al punto de que antes de terminar la velada hemos creado el grupo de whatsapp Summer Love for ever. “Eso sí yo no estoy dispuesta a  reciclar historias antiguas, vamos por la novedad”, escribe una al día siguiente e inmediatamente todas le encuentran la razón. “Estoy feliz por Alana pero por algo los chinos dicen que las segundas partes nunca fueron buenas”, postea otra. Yo, no lo sé aún.