Resulta que un video en YouTube dejó la escoba, la tendalá, como se dice.

Una bloguera canadiense flaca, bonita y exitosa, subió una rutina a la web llamada “Querida gente gorda”Nicole Arbour pretendía ser graciosa cuando chillaba: “Los estacionamientos de la gente gorda deberían estar atrás del mall, para que caminen hasta la puerta y quemen algunas calorías (…) Se quejan y huelen a salchicha, y puede que ni siquiera coman salchicha, sólo es su aroma”. La señorita quiso sacar carcajadas, pero su mensaje se transformó en un mal chiste.

Por supuesto, la performance se convirtió rápidamente en viral de alcance planetario y, como en la web no suele existir espacio para los matices, la reflexión o la duda, aparecieron los políticamente correctos/lateros o los que celebraron la payasada. Estoy hablando del extranjero.

Aquí, en Chile, lo que cundió en las redes sociales fue una especie de linchamiento a quienes tienen kilos de más. Rabia, desprecio y burla en contra de los que batallan con inocentes rollitos o –que no me tiemble la mano–  peliagudos depósitos de colesterol. ¡Hasta los culpaban de apropiarse de su dinero con impuestos que irían para la atención en salud por problemas de diabetes, colesterol y otros asociados al peso! Cero sensibilidad.
Como ex rellenita, sentí la tentación de sumarme al coro de linchadores, al menos de pensamiento (los arrepentidos son los peores, como los que dejaron el cigarrillo y no toleran ni una brizna de humo).

¿Por qué tanta bronca?
Me imagino que para los que se sienten superiormente flacos, los gordos representan la flojera, falta de control y suciedad. Todo lo que una sociedad y país con alma de perro policial detesta. Y así como el gordo es ansioso porque come y come porque es ansioso, el flaco rabioso es ansioso porque es –o quiere– ser maniático del trabajo, control y limpieza.

En “Gorda y ansiosa 1” escribí que la ciencia confirmó que tenemos dos cerebros, uno en la cabeza que es racional y otro en el estómago, emocional y primitivo (en efecto, en la guata hay unas 100 millones de neuronas, las mismas que existen en el cerebro de un gato). Este último reacciona sin Dios ni ley y es responsable tanto de las “mariposas” que sentimos si nos enamoramos, como del ‘nudo’ que nos estrangula si tenemos miedo… Sin olvidarnos del atracón de comida en caso de sentirnos tristes, deprimidos o culpables.

Pues bien, es esta mente visceral y bruta la mayor responsable de que no podamos bajar de peso. Pero también es la culpable de comentarios ofensivos como los que subió la bloguera y, sobre todo, de los mensajes repletos de odio e irracionalidad que inundaron las redes sociales chilenas. El problema de quienes no soportan la grasa ajena es que tampoco han conseguido domesticar su cerebro abdominal porque, al igual que los gorditos de carne y hueso, tienen un ‘cerebro obeso’, o sea, una mente ansiosa que pretende dominarlo todo y apenas puede con su pobre identidad de flaco tercermundista. Y ojo que no es que me ponga de parte de los fanáticos de la talla triple X o que encuentre de lo más top ser el terror de los berlines.

Nada que ver. A mí también me da lata cuando alguien no para de comer cabritas en el cine o usa su trasero estilo Kardashian como un arma para ganar espacio en el metro. Por supuesto que tengo mis momentos, pero enseguida me doy cuenta de que lo que en el fondo me carga, es mi pasado de “washita carnua”.

@Empastillada_C

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