“Quizá para algunos soy extravagante pero I am what I am, me gusta como soy y nadie me va a transformar. No voy a cambiar porque en Chile se hace esto o lo otro (…) Yo digo ‘yo soy chileno como los porotos, pero con un poquito de caviar entremedio’ ”, comenta Farkas y ríe entusiasmado mientras camina por las calles de París.

A Leonardo le gusta la buena vida, el lujo, y lo reconoce, sin dejar de tener los pies bien puestos en la tierra y gran parte de su corazón en Chile. Allí estuvo ayudando tras el terremoto que afectó al norte del país el año pasado, apoyando a deportistas que llevan el nombre de Chile a las ligas internacionales como Tomás González y, cómo no recordar su apoyo a “los 33” de Copiapó.

Hace pocas semanas estuvo con su familia en la zona de Huilo-Huilo y en San Pedro de Atacama y pasó también por Viña del Mar para regalar al municipio de la Ciudad Jardín su piano Fazioli —uno de los más caros del mundo— y un colmillo de mamut tallado encontrado en Siberia, avaluado en algo más de un millón de dólares. No hay duda de que sus gustos son extravagantes pero… los comparte.

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El mediático millonario sigue la contingencia del país, está al día de todo lo que ocurre y si es que  algún desastre natural no lo trae a Chile, su vía de comunicación es Twitter y Facebook. “Mi corazón y pensamientos están con Chiloé. Estoy seguro de que todo saldrá bien. Espero que después de tantos descubrimientos de corrupción y otros, los involucrados se pondrán una mano en el corazón y harán lo correcto para ustedes, el problema de Chiloé no es sólo ambiental sino económico y social y no puede seguir esperando. Así que ánimo compatriotas. Chile está con ustedes”, escribió Farkas a los habitantes de la isla mientras demandan mayor apoyo del gobierno para sortear los estragos que la marea roja está dejando en su única fuente de trabajo, la pesca. De inmediato, las redes sociales explotaron  y resurgieron las voces pidiendo su postulación a la Presidencia en las elecciones del 2018.

—Muchos chilenos lo siguen viendo como un candidato presidencial, aunque haya dicho que no le gusta la política, aun así ¿cree que podría considerarlo en algún momento?, le preguntamos en París.

—Una vez dije que cuando esté aburrido, a los 60 años quizás, en una de esas… pero ahora sería arruinar mi vida, porque cómo vas a entrar de presidente si el 60, 70 u 80 por ciento de los políticos, según he escuchado, están metidos en escándalos, coimas, colusiones (…) Yo no podría ser presidente si veo que todos roban y hay estos escándalos. No podría y por eso es que no sirvo para presidente. En mis negocios, cuando estaba en la empresa todo iba muy bien y hubo siempre una buena relación con los trabajadores, pero si alguien robaba, se iba de una vez y sin vuelta, así de claro y definitivo.

Su nombre surge permanentemente en las encuestas presidenciales e irrumpe en unos de los primeros lugares de preferencia espontánea en un sondeo que encargó la semana pasada el palacio de gobierno. Leonardo Farkas estaría marcando cerca de un 5% en esos informes. Y lo contactamos para saber su opinión.

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—¿Por qué cree que la gente en Chile le surge espontáneamente su nombre cada vez que aparece una encuesta de candidatos a la presidencia?

—Creo que los chilenos quieren un cambio real, un líder que no provenga de la política tradicional y que realice lo que todo Chile pide a gritos hace mucho: Fin de la corrupción, del nepotismo, de las colusiones político-empresariales y que se retome la senda del desarrollo con oportunidades reales para todos, no para los mismos de siempre. Y muchos chilenos creen  que esa aspiración la encarna mi nombre, lo cual me enorgullece y agradezco pero jamás me ha gustado la política.

-—¿Por qué cree que ocurre este fenómeno?

—La clase política no puede estar peor, las encuestas más prestigiosas dicen que la gran mayoría no votará. Mi compromiso es como filántropo y seguir haciendo el bien. Tengo diez profesionales que  evalúan y procesan  cada mes más de 500 mil mensajes  de mis seguidores  y me dan una visión de cómo está Chile  en varios ámbitos relevantes. Ayudo a muchos en privado y cuando deseo destacar una causa o líder , lo hago en mis redes sociales  y con ellos se crea una bola de nieve que crece y eso genera que otros ayuden.He logrado cambiar la visión del deporte, de la filantropía, de lo social. Aportar sin pedir nada a cambio, espero que ese sea mi legado más grande.

—¿Qué tendría que ocurrir para que estuviera alguna vez dispuesto a lanzarse a una candidatura presidencial? Dicen que política y dinero van de la mano. Muchos lo comparan con Donald Trump.

—Sé que para cualquier chileno el máximo honor es ser presidente  de nuestra nación, nunca soñé con eso pero veo que hay muchos que se ponen nerviosos conmigo, ya que justo cada cuatro años me llegan demandas, amenazas y una serie de personajes  buscan desperfilarme. Tengo claro que la vieja política funciona así, si no ganas por las buenas tratas de ganar por las malas. Sobre Trump somos muy diferentes (por eso no acepté hacer su show en Chile  “The apprentice” que me lo ofrecieron más de tres veces) yo tengo 100 veces menos fortuna que Donald Trump, y doy más que él… Yo empecé desde abajo. Mi prioridad es lo social, no sólo lo económico, es más, yo cerré todos mis negocios hace dos años  y me jubilé . Estoy ciento por ciento dedicado  a mi familia y a la filantropía.

Un mes antes posaba para CARAS en lugares emblemáticos de París y mientras recorría Les Champs-Élysées la gente se volvía discretamente para mirar a este señor de paso seguro, melena rubia y traje impecable. Al llegar a una esquina, un mendigo de rostro sombrío abraza a su perro para protegerse del viento en esa fría tarde parisina. Farkas se le acerca y le entrega algo… y luego continúa caminando junto a nosotros. De reojo vemos que una sonrisa ilumina el rostro del anciano, quien feliz empieza a besar a su perro.  

—¿Le sorprendieron los casos de corrupción como Penta, Soquimich y Caval que se han destapado en el último tiempo en el país?

—Me sorprendieron muchísimo. Yo siempre he dicho que he vivido en Chile un poquito menos de la mitad de mi vida y siempre comentaba que la diferencia que teníamos con otros países sudamericanos era que había muy poca corrupción. Pero lo que se ha visto ahora es increíble, no hay palabras… Y lo que es peor, es que pasa a todo nivel. Yo creo que todo el mundo quedó sorprendido y cuando te comentan en el extranjero da bastante vergüenza hablar del tema sobre todo si se sabe que por parte de la Justicia no va a pasar nada porque tendría que estar todo el mundo preso. Por eso no me gusta la política y ya antes he dicho que no sirvo para político porque los echaría a todos.

—¿Y qué cambios cree que deberían hacerse para evitar casos como estos?

—Tú sabes que viajo mucho y te puedo contar que en Israel, por ejemplo, hay varios ministros presos no por robar sino porque alguien les dio 10 mil dólares por aparecer en un evento o una actividad, y si no los declararon, van a prisión. Hay un rabino muy famoso que celebró el casamiento de un millonario y le dieron 5 mil dólares que no declaró, fue preso también. ¡Imagínate! Eso es democracia y transparencia. En Chile, en cambio, se ven casos de corrupción de millones y millones y nadie va preso. Entonces si no hay leyes realmente efectivas, si se protegen entre todos y unos compran a los otros, es difícil. 

—¿Cómo es su relación con la clase política y empresarial de nuestro país?

—No tengo relación ni con unos ni con los otros. Ambos me hicieron la vida imposible en Chile y cuando llegué fue muy, muy difícil empezar en el área de los negocios allá. Todo muy complicado, pero lo conseguí y me fue muchísimo mejor de lo que yo pensé porque dije ‘voy a lograrlo’. Cuando me fui a Chile le dije a mi señora que sería por 2 años y me quedé casi 10 porque hubo mucho challenge (desafío) que superar, no tenía puerto para sacar el mineral, había monopolio, tanta cosa que uno ni se imagina. Pero logré tener más de mil trabajadores, nunca tuve problemas con ellos ni conflictos de sindicatos, pero para eso tienes que lograr cosas buenas para tus empleados y ser justo. Y puedo decir que nunca ayudé a ningún candidato en campaña. 

Su conexión con Chile es total  y aunque le sorprenden estos casos de corrupción y crisis sociales, su mirada es optimista. Finalmente es lo que lo ha hecho surgir en la vida. “La esperanza es lo último que se pierde. Mi papá decía que si uno se está ahogando tiene que agarrarse hasta de un tiburón. Creo que a pesar de todo hay que ser optimista, mi visión de la vida es distinta. Yo me fui de Chile porque como músico no había oportunidades, los artistas eran mal mirados, si tocabas en un hotel te pagaban 100 dólares al mes. En cambio en Estados Unidos podías hacer tu trabajo en cualquier parte y no daba vergüenza poner el vasito. Al principio me dio pudor… pero después ya lo superas. En Chile están todos preocupados del ‘qué dirán’, de si el vecino dice esto o lo otro, en cambio en Estados Unidos, a nadie le preocupa lo que uno haga y cada quien elige su vida. Yo llegué a Chile y no sabía casi nada de la minería, era un artista, y si a mí me fue bien con el emprendimiento, por qué no a otra persona. Hay que ser optimista, hacer el trabajo correctamente y pensar que las cosas van a cambiar, que nos va a ir mejor políticamente”.

La entrevista continúa en el Hotel Península, en una de las suites más grandes de París con 318 metros cuadrados. Ahí en medio de clásicos muebles, espejos palaciegos y un enorme piano, se aloja Leonardo Farkas y su mujer Betina Friedman mientras asisten al Paris Fashion Week. Aunque ligeramente cansado tras las 7 horas y media del viaje que lo llevó de Miami a París, se ríe con facilidad y con esa blanquísima sonrisa, contesta con franqueza todas las preguntas con ese característico acento chileno pero sazonado con palabras en inglés. You know…

Su vocación filantrópica le ha ganado un lugar en el corazón de los chilenos. Atento a las necesidades de quienes le escriben en las redes sociales o de lo que aparece en la prensa, hace una semana sorprendió al donar 2 millones de pesos  al cantante Roberto Olea, quien está nominado como mejor intérprete Rock en los premios Fox Music de EEUU y no tenía recursos para viajar.

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—¿Al parecer en Chile el concepto de filantropía aún no es muy común, sin embargo, en Norteamérica tiene trascendencia. ¿Por qué  lo hace?

—En EEUU es cosa de la vida cotidiana y no sólo de la gente que tiene dinero. Es lejos el país  con mayor filantropía en el mundo, se creó en base a la filosofía judeocristiana. No me defino filántropo, lo soy. Ayudo sin intermediarios y en forma directa. Siempre lo hice, con más o menos dinero. Y lo mismo hicieron mis padres y los de mi mujer. No es una cosa de dinero solamente, es hacer el bien. Por ejemplo, donar algo tan valioso como el tiempo a quienes lo necesitan, un abrazo en los peores momentos queda para siempre. Cuando he ido a ayudar a miles de compatriotas  afectados por desastres naturales, no sólo hemos llevado miles de millones de pesos sino también  alegría, cariño, incluso muchas veces tratábamos de cantar con ellos  en medio del desastre aunque sabíamos que por dentro todos estábamos llorando.La filantropía es mi vida  y para mí es muy simple su definición: Ayudar a quienes sufren o lo necesitan , sin pedir nada a cambio. En un mundo donde casi nadie confía en nadie. Me da lo mismo como me llamen o definan. Es entre Dios y yo.

Chile lo emociona y no pierde oportunidad de decir cuánto agradece a nuestro país el haber recibido a sus padres que escapaban de la pesadilla nazi de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el haberse radicado aquí fue una experiencia más dura de lo esperado para su familia. De hecho sus hijos Natasha, Tatiana y Daniel estuvieron contentos de volver a Estados Unidos, tras una década acá.

—¿Cómo vivieron sus hijos los años en nuestro país?

—No les gustaba la atención que tenían acá y decían que les hacían bulling, así que estuvieron felices de volver a Estados Unidos. En mi época en Chile si alguien tenía un papá famoso era cool, pero parece que con los años cambiaron las cosas, no sé. Al parecer para ellos no fue una buena experiencia.

—No les gustaba la atención que concitaban…

—Mira, yo antes nunca presenté a mis hijos en ningún lado, porque quería que tuvieran una vida tranquila, más privada. A mi hijo le gusta más la cosa de la fama y qué sé yo, pero es chico, tiene 11 años y me dice: ‘Dad, por qué no eres presidente de Chile’, pero él no entiende mucho de esas cosas. Y mis hijas se han visto menos, por eso se incomodaban cuando la gente les pedía selfies en una sencilla salida al cine con amigas.

Aun así su hija Tatiana (16 años), buena amiga de Tonka Tomicic, cosecha cada semana más seguidores chilenos en su cuenta de Instagram y suena ya como una de las próximas IT-girls de la moda internacional. Hace un tiempo estuvo en los medios luego de que contestara, delicada pero firmemente a un hombre que criticó que su manera de vestir era insinuante.

—¿Qué le pareció la reacción de Tatiana a esa crítica?

—Está muy bien que diga lo que piensa. Ella es un poco a la antigua, no es del tipo de niña tan moderna americana que han tenido ya cien pololos, entonces si alguien le hace un comentario así en la calle, para ella es fuerte. En Chile alguien le dijo que era una mujer suelta, porque andaba con ropa sexy y quedó muy afectada. Fue eso lo que la motivó a dar su opinión y está bien que lo haga.

Farkas dice que de su padre heredó el sentido de la generosidad así como el gusto por el lujo y la buena vida. “Mi papá decía con frecuencia lo tomado y lo bailado no te lo quita nadie; el lujo para él era muy importante, tanto como la caridad y la beneficencia y eso fue lo que nos traspasó”, nos cuenta y sus ojos brillan mientras enumera sus planes parisinos que incluyen la visita a uno de sus restoranes favoritos, la elegante “Maison du Caviar”.

—Heredó ese gusto…

—A mí me encanta darme mis lujos, en cambio en Chile, los millonarios que tienen cien veces más plata que yo, no solo son tacaños con los pobres, sino también con ellos mismos. Muchos no se dan gustos y creo que no saben ni disfrutan mucho.

—Hay quienes en Chile lo consideran un excéntrico por su forma de vestir o sus gustos, ¿qué opinión le merecen esos comentarios?

—Yo creo que ellos son los excéntricos porque teniendo tanta plata muchos se visten sin gusto. Hay gente que no tiene dinero y se viste muy classy; como en el Broadway show “Chicago” en que dicen ‘What became of class? ’ He visto personas en restoranes que no saben ni comer o cómo usar el tenedor y el cuchillo, lo que a mí de chico me enseñaban, pero que para ellos al parecer no es importante. Cuando yo trabajaba como artista, tocaba en lugares muy elegantes y fui aprendiendo, cómo se come esto, cómo se sirve lo otro; eso es relevante para mí. Si para algunos soy excéntrico, allá ellos, no voy a cambiar por eso.

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—¿Cree que el dinero hace la felicidad?

—El dinero no da la salud, por ejemplo, aunque sí me ha servido para pagar tratamientos de gente que no puede financiarlos. Y puedes hasta salvar una vida. Por eso te diría que sí es parte importante de la felicidad. En Odesa ayudé a un señor que justo antes de perder el habla había peleado con su hijo y había estado años sin poder decirle que lo quería; eso fue lo primero que hizo con la máquina que le compré y eso sé que lo hizo feliz En esos casos sí sirve.

Vestido con tuxedo, de vuelta del desfile prêt-à-porter de Chanel en el Grand Palais y sentado cómodamente en el enorme sofá del salón de la suite Península, se arregla  su pelo y sigue conversando.

—¿Es vanidoso?

—Sí, soy vanidoso. Desde los 17 años nadie más que yo me ha cortado el pelo. Nadie me lo toca. Yo me lo recorto con un espejo adelante y uno atrás, un poquito aquí, un poquito allá. Una vez le dije a mi señora que me hiciera un trimming chiquitito y me dijo que no porque sabe y le da miedo cortar demasiado (ríe).

—¿Siempre le ha gustado vestir de traje?

—Sí, mi papá también lo hacía —recuerda—, él siempre vestía formal, con traje y handkerchief blanco en el bolsillo. Incluso iba así a las minas pero se ponía bototos. Mi abuelito, el papá de mi mamá, también llevaba siempre corbata, aunque nunca salía. Y uno crece viendo esto en la familia y mantiene la tradición, recuerda con una sonrisa nostálgica. 

Hace unos meses celebró su cumpleaños 49 en Estados Unidos y los amigos ya se preparan para los 50.

—¿Cómo va a celebrar los 50 años?

—El próximo año yo cumplo 50 y mi señora también, así que vamos a hacer un cumpleaños de 100. Quiero hacer una gran fiesta en Chile y llevar a Earth Wind and Fire, Gipsy Kings, ahí estoy viendo el tema con mi amigo KC.

—¿Cuál es el secreto de su éxito?

—Hace un tiempo escribí en un libro online las siete primeras claves, de más de cien, de los secretos del éxito y la primera era: “El éxito llega a aquellos que tienen el coraje para luchar por conseguir sus sueños”. Mis seguidores escribieron las demás (…) Una vez dije que si muriera ahora, moriría feliz porque he logrado todo lo que soñaba, he ayudado a mucha gente, mucha más de la que pensé. Eso es lo que más disfruto, más que comprarme zapatos u otra corbata.